¿Son personas los animales?

Los romanos pensaban que sólo las personas tenían derechos legales, pero no pensaban que las mujeres, los niños ni los esclavos fueran personas ni tuvieran derechos legales —aunque muchos pensaban que había obligaciones morales hacia ellos—. Con el tiempo el concepto se amplió para incluirlos en la comunidad de personas. Hoy en día muchos pensamos que los animales tienen derechos morales que tendrían que ser reconocidos legalmente. Para sostener esto, parece que el argumento tendría que pasar por mostrar que los animales también son personas. El concepto de persona se refiere sobre todo al valor moral de aquel a quien lo aplicamos. Pero, ¿qué es una persona?

Ilustración: Oldemar González
Ilustración: Oldemar González

Empecemos por decir que “persona” no es sinónimo de “ser humano”. Los cigotos o los embriones humanos son seres humanos porque tienen el genoma de la especie Homo sapiens, pero muchos pensamos que no son personas: la pertenencia a una especie —así sea la nuestra— es un mero hecho biológico y eso no basta para conferir valor moral. Es posible que lleguen a convertirse en personas, pero eso sucederá si desarrollan las características necesarias. Otro ejemplo: si hay un dios personal, éste por definición es una persona, pero no un ser humano. Podría citar otros ejemplos, pero si “persona” no es sinónimo de “ser humano”, ¿por qué los animales no podrían ser personas?

No existe en filosofía un consenso acerca de qué es una persona. A lo largo de la historia ha habido múltiples concepciones. Algunas son minimalistas y piden muy poco, otras piden mucho. Entre las primeras están quienes piensan —como el gran filósofo inglés P. F. Strawson— que una persona es una entidad a la que se le pueden atribuir predicados psicológicos o mentales, como tener consciencia, entendida como la capacidad de darse cuenta de lo que sucede en el entorno. Esta condición la cumplen los seres humanos, pero también la cumplen la mayoría de los animales. En 2012 muchos distinguidos neurocientíficos se reunieron en la Universidad de Cambridge y declararon que muchos animales son conscientes. Los fetos, por cierto, cumplirían esta condición a partir del momento en que desarrollan la corteza cerebral, que posibilita la aparición de la consciencia (más o menos a partir de la semana 23 a 27 de la gestación, como nos recordaba Ricardo Tapia en estas mismas páginas). Antes de eso no serían personas.

Sin embargo, normalmente no pensamos que la consciencia baste para decir que alguien es una persona. Por eso hay concepciones más exigentes. Algunos filósofos piensan que es necesario tener autoconsciencia, que es la capacidad de darse cuenta de que uno es una entidad individual, con consciencia, independiente del entorno y la misma a lo largo de distintos momentos del tiempo. Tal vez menos animales cumplan esta condición, pero de cualquier modo muchos calificarían como personas. Todos aquellos, por ejemplo, que pasen la llamada “prueba del espejo”, que en teoría mide la capacidad de un animal de reconocer su propio reflejo en un espejo como una imagen de sí mismo. Muchos animales la pasan, el problema es que muchos seres humanos no: los bebés prelingüísticos o la gente con discapacidades cognitivas severas (como gente con un Alzheimer avanzado o aquellas en estado vegetativo persistente). ¿Quiere decir esto que no son personas? Parece que sería una consecuencia de tal postura. Uno podría insistir en que sí lo son diciendo que son miembros de una especie que es autoconsciente, pero ¿no estaríamos introduciendo subrepticiamente un criterio adicional —otra vez la pertenencia a la especie— de forma falaz?

Hay quien puede ponerse todavía más exigente acerca de las condiciones para ser una persona y afirmar que sólo los seres racionales son personas. Esta postura es antigua. Pero incluso alzando el rasero tanto, muchos animales cumplen la condición. Mucho depende de cómo definamos racionalidad, pero una definición básica como la de que es la búsqueda inteligente de los fines que uno se propone nos haría ver que muchos animales son racionales. Cualquiera que tenga un perro o un gato o que haya observado la conducta de un primate, un cerdo o una vaca lo sabe. Es más, son más racionales que un bebé de unas pocas semanas de nacido o que alguien con una discapacidad cognitiva severa. (Y ojo, si el criterio es meramente la racionalidad, cabe la posibilidad de que entidades con inteligencia artificial también sean personas, algo que entusiasma a muchos y genera miedo en muchos otros.)

Uno podría seguir alzando el rasero para especificar quiénes cuentan como personas, pero es posible que sólo reduzcamos el número de especies animales que califiquen, no que eliminemos completamente a los animales del conjunto de las personas. Luego tendría que explicarnos por qué esa característica tiene valor moral. Pero al hacerlo estaríamos restringiendo la entrada a gente de la que normalmente pensamos que son personas, como gente con discapacidades cognitivas severas y a bebés prelingüísticos. (Por cierto, mientras más alcemos el rasero menor será la probabilidad de que un embrión o un feto sean personas.)

Parece entonces que sea cual sea nuestro criterio para atribuir la condición de persona, muchos animales van a cumplirlo. Si queremos incluir a gente con discapacidades cognitivas severas y a bebés prelingüísticos por coherencia deberían entrar en el conjunto los animales.

Recordemos también que “persona” es el término que usamos para referirnos al valor moral de aquel a quien se lo atribuimos. Cuando decimos que alguien es una persona, queremos decir que merece respeto, que hay formas correctas e incorrectas de tratarlo, que tenemos deberes hacia ella. Queremos decir que no se le debe tratar como una mera cosa, como un recurso más a nuestra disposición.

Muchos dirán que es absurdo afirmar que los animales son personas, pero habría que preguntarles por el criterio que usan y si no por mera consistencia deberíamos extenderlo a los animales y reconocerles derechos morales, aunque sean simplemente los derechos a la libertad, a la vida y a vivir sin sufrimiento. Con eso bastaría para pensar que, por coherencia, muchos que se quejan tanto de que la gente no actúa según la ética también deberían revisar sus prácticas hacia los animales y, por ejemplo, dejar de matarlos y comerlos como si fueran meros recursos sobre cuyas vidas tenemos derecho. Es inmoral hacer eso con las personas.

 

Gustavo Ortiz Millán
Investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM y miembro del Colegio de Bioética

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Publicado en: Ética hacia los animales

9 comentarios en “¿Son personas los animales?

  1. La corteza cerebral se forma en la semana 12. También hay que agregar que hay indicios que de los fetos mayores a 12 semanas sienten dolor. Las imágenes por resonancia magnética muestran que personas cuyo encefalograma no muestra actividad cerebral, aún son capaces de responder a estímulos externos.

    La consciencia está asociada a la corteza cerebral,pero eso no prueba que se requiera la corteza cerebral para tener consciencia. Correlación no es causalidad. La corteza cerebral es propia de los mamíferos, pero hay animales como los pulpos que muestran signos de conciencia y autoconsciencia sin ser mamíferos.

    Me queda una pregunta, ¿es válido hacer modificaciones e investigaciones en los embriones que tengan efecto cuando, por cualquier criterio arbitrario convenientemente elegido, sean considerados personas?

  2. ¿Por qué un hecho biologico no es suficiente para conferir valor moral? ¿no es la formación de la corteza cerebral un mero hecho biológico?

    1. Según distintos estudios sobre desarrollo embrionario(*) la placa cortical y la corteza cerebral solo aparecen alrededor de las semanas 22-24, y estas posibilitarían la aparición de estados conscientes. De acuerdo a quienes sostienen que la consciencia es la base para atribución de la condición de persona, entonces empezaríamos a ser personas en ese momento. Pero si esto estuviera equivocado y, como usted afirma, es a las 12 semanas, entonces en ese momento podríamos predicar esa condición, según estas teorías. Ahora, es cierto que la formación de la corteza cerebral es un mero hecho biológico, pero eso no es lo que nos confiere valor moral, sino que es la consciencia y algunos dirán más específicamente la sintiencia, es decir, la capacidad de tener sensaciones con valencia positiva o negativa. Es cierto que se puede insistir en que eso sigue siendo un mero hecho biológico, y el problema ahí es que estaríamos cometiendo la llamada falacia naturalista, o sea, derivar un «debe» de un «es», o algo normativo de algo meramente natural.

      Su pregunta sobre modificaciones genéticas en embriones que todavía no son personas es complicada. Se suele pensar que las modificaciones genéticas en línea germinal (por ejemplo a través de CRISPR-Cas9) no se justifican éticamente porque no solo pueden tener consecuencias negativas irreversibles para la persona que de ahí surja, sino que son modificaciones que pueden heredarse. De momento hay regulaciones internacionales que no las permiten.

      * F. Müller y R. O’Rahilly, “Embryonic development of the central nervous system”, y J. K. Mai y K.W. S. Ashwell, “Fetal development of the central nervous sys-tem”, en G. Paxinos y J. K. Mai, comps., The Human Nervous System. Ámsterdam, Elsevier, 2004.

      1. Gracias por su respuestas.
        Aún tengo algunas dudas, por ejemplo respecto a la falacia naturalista. Si no puede deducirse un «debe» de un «es», ¿no es aplicable a todo lo que nos es dado, tradiciones, leyes, culturas, naturaleza, etc? Pero esta proposición (la falacia naturalista) no excluye que se pueda proponer lo que «es» como base de los «debes».

        Reducir la dignidad a la consciencia, la consciencia al cerebro y el cerebro a la actividad de la corteza cerebral, podría llevar a varios escenarios perturbadores. Por ejemplo, podría alegarse que las corridas de toros pueden ser permitidas si se reduce el sufrimiento del toro con drogas, con cirugías o con ingeniería genética para que tuvieran un sistema nervioso más simple. O podrían manipularse embriones para extirpar el cerebro en etapas tempranas de su desarrollo, y así obtener cuerpos humanos sin consciencia para propósitos médicos o industriales.

        1. Es cierto que se suele derivar «debe» de tradiciones, etc., pero eso constituye también formas falaces de argumentación; por ejemplo, decir que algo debe ser de X modo porque así ha sido tradicionalmente constituye una falacia de apelación a la tradición, que no da una razón para seguir con la tradición al no decir nada sobre si la tradición es buena o mala. Habría que evaluar la tradición moralmente para luego decir si debe o no seguirse con ella.

          Sobre el segundo punto: yo no hablé de dignidad, sino de persona, que son cosas diferentes. El problema más grave para quienes proponen la consciencia como base para la atribución de personeidad (la condición de ser persona) es que aquellos individuos que han perdido la consciencia parece que también han dejado de ser personas y dejan de tener valor moral. Esto choca con nuestro idea de que esos individuos siguen siendo personas. Tal vez el caso más extremo sea el de los muertos, que obviamente ya no tienen consciencia: ¿son personas?

  3. Me parece que el artículo incurre en una petición de principio: poder afirmar que los animales son personas depende de que «persona» y «ser humano» no sean sinónimos; sin embargo, esto es una premisa del argumento, una premisa que el artículo da por supuesto (primer enunciado del segundo párrafo). De ahí que me parezca una argumentación circular: el articulo da por sentado aquello que pretende establecer.
    Pero más allá de señalar una posible falacia, el punto me parece interesante porque también parece plausible partir de que «persona»y «ser humano» tengan la misma extensión (se apliquen a los mismos «objetos» en el mundo) aún cuando sea muy difícil dar una definición intensional de «persona». Creo que el uso ordinario, común y corriente, del término «persona» es compatible con ello.
    Finalmente, creo que hay otro supuesto fundamental en esta argumentación que tampoco vendría mal explorar en el artículo: ¿acaso no será posible que defender que se tengan obligaciones morales hacia los animales aun cuando no sean personas?
    Saludos

    1. El artículo no da por sentado que «persona» y «ser humano» no son coextensivos: hay varios argumentos en contra de esa coextensividad. Uno es que decimos que son personas entidades que no son seres humanos, como dioses personales (se podrían añadir personas corporativas, aunque ahí nos metemos en otras honduras). Asimismo, hay seres humanos que tampoco serían personas (aunque esto depende del criterio usado): los embriones humanos, pero también la gente con discapacidades cognitivas severas (como un Alzheimer avanzado). También se podrían citar seres humanos muertos, que en sentido estricto tampoco serían personas.

      Ahora, lo que trato de argumentar es que no importa cuál sea el criterio para determinar lo que es una persona, siempre se van a colar los animales, sobre todo si queremos insistir en que los bebés prelingüísticos y la gente con discapacidades cognitivas severas también son personas. Si procedemos de ese modo, entonces se ve que los animales también serían personas, por lo tanto, «persona» y «ser humano» no son coextensivos. No hay petición de principio.

      El último punto es sin duda interesante: ¿tenemos obligaciones morales hacia los animales incluso si no son personas? Suponiendo que usamos el criterio de la racionalidad y decimos que sólo los individuos que son racionales cuentan como personas, podríamos decir que tenemos obligaciones morales hacia los animales que son meramente sintientes, aunque no sean personas. Parece que se seguiría la idea de que también tienen valor moral, aunque probablemente en menor grado. Y si ser persona es condición para la atribución de derechos morales, los animales que no sean personas tendrían valor moral, pero no derechos. Gracias por su atenta lectura y sus preguntas.

  4. Gustavo: Sé que no eres cura, así que espero seas indulgente conmigo, porque considero que los animales no son sujetos de derecho por no ser personas, pero también considero que las animales o bestias, tienen derecho a la libertad, a vivir en su hábitat natural y no ser maltratados por el «Homo sapiens». Un abrazo y mil disculpas por mi «inoransia». Vale.

    1. Ninguna ignorancia, la pregunta es perfectamente válida. Incluso si no fueran personas deberíamos reconocerles derechos morales (que eventualmente podrían ser reconocidos por las leyes y convertirse en derechos legales). De hecho muchos teóricos les reconocen derechos sin verse obligados a reconocerlos como personas. Pensemos sobre qué base atribuimos derechos a los seres humanos: muchos filósofos del derecho dirán que sobre la base de que tenemos intereses básicos que deben ser protegidos. Si esto es así, lo mismo podríamos decir sobre los animales, que también tienen intereses básicos que deben protegerse (como vivir en libertad, vivir en su hábitat natural y no ser maltratados, que tú mencionas). Por pura consistencia deberíamos reconocerles derechos.

      Aquí viene a cuento otro asunto interesante a propósito de cómo el derecho entiende a las personas. Cuando se reconocen derechos a una entidad, para el derecho esa entidad es una persona. Así, si en el derecho comercial se reconocen derechos a una corporación, esa corporación es una persona; para el derecho internacional los países son personas. Se sigue entonces que si reconocemos derechos jurídicos a los animales, entonces para el derecho ellos serán personas. El derecho procede de modo inverso a como la filosofía suele proceder: primero atribuye derechos y luego reconoce personalidad jurídica. Son ficciones jurídicas, si quieres, pero a fin de cuentas puede reconocer personalidad jurídica a los animales. Gracias por el comentario.

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