En el uso común del lenguaje, derecho y bioética significan tanto un conjunto de reglas y prácticas como las reflexiones que sobre las mismas se efectúan. Hablamos de derecho para referirnos tanto a las normas jurídicas como a las explicaciones que se realizan sobre éstas, y hablamos de bioética para aludir a las reglas y determinaciones que en campos particulares deben tomar algunos sujetos específicos, como a los conocimientos arrojados por la comprensión de estos últimos. Es con base en lo anterior que surgen, en principio, cuatro posibilidades de relación entre el derecho y la bioética: el derecho positivo y la bioética como práctica, el derecho positivo y la bioética como reflexión, la ciencia jurídica y la bioética como práctica, así como la ciencia jurídica y la bioética como reflexión.

Ilustración: Gonzalo Tassier
Ilustración: Gonzalo Tassier

Cada una de las anteriores combinaciones producirá resultados distintos. Pensemos en la primera posibilidad. Lo que tenemos es la constatación de las maneras en que las normas jurídicas recogen, omiten recoger o deberían recoger, las regulaciones provenientes de los códigos bioéticos. También, y en sentido inverso, la manera en que la codificación bioética se aparta o está animada por las disposiciones jurídicas. La discusión a este nivel tiene que ver, fundamentalmente, con aspectos normativos o con las prácticas vinculadas con ellos. Quien quisiera saber, por ejemplo, cuáles son los alcances jurídicos del código de ética de un hospital o centro de investigación frente al derecho, tendría que hacer una reconstrucción de ambos mundos normativos a fin de encontrar sus vínculos, deficiencias o contradicciones. Mediante este modo de aproximación podría determinarse también si cierta disposición jurídica tiene o no una correcta representación en las normas bioéticas, o si la regulación bioética es contraria al derecho y, por lo mismo, su aplicación puede ser causa de responsabilidad jurídica.

La segunda posibilidad tiene que ver con la manera en que el derecho es sometido a la reflexión bioética. Lo que en este campo particular encontraríamos es que los bioeticistas pasarían las normas y prácticas jurídicas por el filtro, por decirlo así, del corpus bioético. Lo que aquí podríamos encontrar son, por ejemplo, consideraciones sobre la satisfacción del reglamento de investigación sobre animales o seres humanos frente a la dignidad atribuida a esas categorías de seres vivos. Podría decirse, por citar un sólo caso, que un determinado ordenamiento es inadecuado, frente a cierto punto de vista bioético, por no prever un consentimiento informado o por no mantener una estricta confidencialidad o anonimato.

La tercera posibilidad de relación es la que tiene que ver con la manera en que desde la ciencia jurídica se analizan las regulaciones bioéticas. A diferencia de la primera posibilidad, lo que aquí acontecería es que se buscaría la correspondencia entre las normas bioéticas y el derecho positivo. Se trataría de saber si los fundamentos filosóficos o teóricos del derecho se encuentran o no debidamente recogidos en las normas bioéticas. Por ejemplo, si el código de un determinado hospital o clínica reproductiva da cuenta del principio de dignidad de la persona que, desde ciertas concepciones jurídicas, debiera animar a ese tipo de regulaciones con independencia de lo previsto en las normas jurídicas.

Finalmente podríamos pensar en la cuarta posibilidad, es decir, la manera en que las reflexiones teóricas desde la bioética y el derecho se vinculan entre sí. Por ejemplo, el modo como la filosofía del derecho, la deontología jurídica o la teoría del delito, dan cabida a las reflexiones hechas por los bioeticistas en cuanto al embrión o la muerte digna, o las maneras en las que los cultivadores del pensamiento bioético recogen las consideraciones que sobre la experimentación en seres humanos se han hecho por los juristas.

El reconocimiento de las diferentes formas de relación a que hemos aludido es importante, pues sólo así sería factible construir adecuadas distinciones y posibilidades colaborativas más allá de vínculos superficiales. En muchas ocasiones se alude a la necesidad de un trabajo interdisciplinario; sin embargo, al no hacerse con base en adecuados fundamentos metodológicos, termina por ser la mera acumulación de conjeturas cuando no, de plano, de precipitadas reflexiones. Lo que es de la mayor importancia para una adecuada fructificación de las colaboraciones entre bioética y derecho es colocarse en las posibilidades a las que con anterioridad y de manera por demás sintética aludí.

No escapa a mi conocimiento que en cada una de las cuatro posibilidades identificadas existen diversas corrientes de pensamiento. Para utilizar categorías generales y tradicionales, pondré como ejemplo, que en el derecho hay visiones positivistas, iusnaturalistas o principialistas que, evidentemente, darán lugar a una diversidad de sentidos al contrastar o insertar otras visiones y posibilidades provenientes de la bioética. Tampoco ignoro la existencia de visiones laicas y religiosas de la bioética, ni las diferencias que podrían darse entre médicos clínicos, investigadores o religiosos al momento de reflexionar sobre su propio quehacer o sobre los vínculos de éste con el derecho. Sin embargo, más allá de estas importantes diferencias es central que nos coloquemos en campos específicos de reflexión a fin de no confundir los aspectos prácticos con los teóricos, ni demandar resultados o conclusiones imposibles de obtener donde estemos trabajando.

Diversos factores vinculados con la demografía, las desigualdades, el cambio climático, el desarrollo científico y la innovación tecnológica, por ejemplo, requerirán de crecientes reflexiones tanto para el derecho como para la bioética. En el futuro veremos, por una parte, que ni los creadores del derecho, ni quienes reflexionan sobre sus normas o principios cuentan con la totalidad de los elementos necesarios para resolver los intrincados problemas que habrán de irse presentando. Por otra parte, tampoco parece posible suponer que los bioeticistas podrán seguir trabajando sin encontrar las maneras de institucionalizar sus reflexiones y resultados en normas jurídicas. Es por esta razón que me parece importante presentar lo que desde mi punto de vista son los campos de interacción entre ambas disciplinas. Asumo que es solo a partir de las debidas interacciones que será posible aprovechar en un sentido eficiente los saberes y los quehaceres de lo que, con el lenguaje ambiguo a que me he referido, se siguen denominando el derecho y la bioética.

 

José Ramón Cossío Díaz
Ministro en retiro, miembro del Colegio Nacional e investigador en El Colegio de México

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Publicado en: Justicia social