¿La adicción es un problema bioético?

La mayoría de la gente hace una asociación conceptual entre “estar adicto a…” y “tener un problema con…”. Pero, ¿por qué esa connotación?

La palabra misma, adicción, viene de la raíz latina, dicere, que significa “decir” o “hablar”, así como se puede ver en las palabras dictar, dicción y diccionario. Addicere, por lo tanto, es un compuesto latino de dicere y la proposición ad, de la cual se deriva directamente la palabra adicción, significando literalmente “hablarle” o, de manera más abstracta, “adjudicar”. Según un estudio recientemente publicado en la revista Addiction Research and Theory,1 addictio, el sustantivo abstracto derivado del verbo, era el término técnico latino para el acto judicial por el cual un deudor se convertía en esclavo de su acreedor. La sentencia era pronunciada (o dictada) por el juez (pretor), según las antiguas leyes de “Las Doce Tablas” en la República Romana temprana (5.º-3.º siglo A. C.).

En ese estudio, los autores explican cómo “Las Doce Tablas” reconocían un número limitado de soluciones para hacer valer derechos de propiedad o reclamos contractuales. En los días en que el calendario religioso romano permitía los procedimientos judiciales, el praetor urbanus, el oficial a cargo, entonaba ritualmente una fórmula que resumía sus poderes judiciales: do, dico, addico, que podría traducirse como “Yo doy, yo digo, yo juzgo”. Este pronunciamiento era un dictamen obligatorio, en el sentido de que, en el ejercicio de sus deberes judiciales, el pretor actuaba en una capacidad casi religiosa. Esto dejaba al addictus, el individuo culpable en cuestión, físicamente encadenado y entregado a su acreedor por la autoridad del pretor, para que fuera retenido durante sesenta días o hasta que se pagara la deuda. La falta de pago de la deuda después del transcurso de los sesenta días legales convertía al deudor en propiedad permanente de su acreedor. Entonces, a discreción del acreedor, podía ser retenido, asesinado o vendido como esclavo común. De allí las raíces etimológicas de “ser adicto a…” que subyacen el concepto de “ser esclavo de…”.

Podemos entender entonces de dónde viene esta idea de que sufrir de una adicción significa que nuestra libertad —quizás en cierto sentido nuestro mismo libre albedrío— queda limitada, si no es que completamente anulada. Y aunque los orígenes etimológicos del término sean antiguos, los avances más recientes en el área de la neurociencia apoyan esta misma idea de que nuestra capacidad de controlar nuestras decisiones y acciones, nuestra facultad de autocontrol, queda observablemente comprometida por el uso (y sobre todo el abuso) de ciertas sustancias psicoactivas.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

En efecto, existe un consenso dentro de la literatura neurocientífica según el cual la adicción puede entenderse mejor como una enfermedad crónica del cerebro, consecuencia del consumo prolongado de drogas que se traduce en la pérdida de control que caracteriza el consumo habitual de la mayoría de las personas adictas.2 Esta disciplina de la neurociencia intenta descubrir la raíz del problema de autocontrol frecuentemente asociado con el comportamiento adictivo. Es decir, intenta explicar por qué los individuos que sufren de un trastorno de adicción se comportan como si estuvieran “esclavizados a la sustancia que están consumiendo”.

Cabe notar que existe la perspectiva que critica a este paradigma de la “adicción como enfermedad del cerebro” como neurorreduccionista. Debido a esto, se han realizado algunos intentos para incluir un contexto social, un componente genético y la comorbilidad con otros trastornos mentales y conductuales en la conceptualización del paradigma; todo esto con la óptica de entender la adicción dentro de un marco más “biopsicosocial” de lo que es la enfermedad.3

Porque, en efecto, si la problematización de la adicción se limitara a la esfera individual, no hablaríamos de un problema social, y por lo tanto, la adicción se ha convertido en uno de los mayores problemas sociales arquetípicos de nuestra época: transversal, globalizado y aparentemente intratable. Su complejidad es desalentadora y requiere un compromiso con varios problemas nacionales e internacionales, desde la desigualdad socioeconómica y la delincuencia, hasta el desarrollo internacional y el terrorismo. Líderes políticos se alinean para hablar sobre el problema de las drogas contra el cual “se debe defender a la sociedad”, desde las Naciones Unidas y la Unión Europea, hasta una serie de presidentes y primeros ministros nacionales.

Pues si bien el consumo de sustancias psicoactivas puede ser tan antiguo como la civilización humana misma,4 la noción de que cierto tipo de sustancias, o más bien cierto tipo de consumidores de tales sustancias, sean un problema para la sociedad data más bien del inicio de la era industrial y su efecto en la concepción del ciudadano dentro del Estado Liberal.5 Esta problematización del consumo de sustancias psicoactivas surgió del tener que conciliar una necesidad de sobriedad en las nuevas prácticas mecánicas que representaban la mayoría de las ocupaciones de la fuerza laboral, al advenimiento de la revolución industrial, con la necesidad económica de que estas sustancias se consumieran ampliamente como parte del comercio de mercancías sobre el que se construyeron la mayoría de las economías de los imperios coloniales (alcohol, tabaco, té, opio, chocolate y azúcar).6

Dicho de otra manera, la adicción es un problema porque hemos hecho de ella un problema. El consumo de sustancias psicoactivas ha existido desde los principios de la civilización humana (quizás aún desde antes), pero ese consumo a nivel de la sociedad no se vuelve un problema hasta que las necesidades industriales exigen que una fuerza laboral se mantenga sobria, o hasta que ciertas poblaciones se vuelvan problemáticas para fines políticos.

No debería, por lo tanto, establecerse una dicotomía entre una conceptualización neurobiológica de la adicción como dependencia o una perspectiva que la ve únicamente como un trastorno de comportamiento irracional. La adicción es un constructo social y por lo tanto, si es un problema, la solución debe igualmente encontrarse mediante esa perspectiva: el constructivismo social. Debemos repensar lo que entendemos por “ser adicto a…” o “tener un problema de abuso de…”, para finalmente acabar con el problema sociopolítico de las drogas y proponer posibles soluciones al problema bioético de la adicción.

 

Francisco Blancarte Jaber
Candidato a doctorado en la Universidad de Edimburgo. Su investigación se concentra en las concepciones de intención dentro de las políticas de salud pública en adicciones. Miembro del Colegio de Bioética.


1 Rosenthal, R. J., y Faris, S. B. “The etymology and early history of ‘addiction’”, Addiction Research & Theory, 27(5), 2019, pp. 437–449.

2 Leshner, A. I. “Addiction Is a Brain Disease, and It Matters”, Science, 278(5335), 1997, pp. 45–47.

3 Buchman, D. Z.; Skinner, W., y Illes, J. “Negotiating the Relationship Between Addiction, Ethics, and Brain Science”, AJOB Neuroscience, 1(1), 2010, pp. 36–45.

4 Guerra-Doce, E. “Psychoactive Substances in Prehistoric Times: Examining the Archaeological Evidence”, Time and Mind, 8(1), 2015, pp. 91–112.

5 Seddon, T. A History of Drugs: Drugs and Freedom in the Liberal Age. Routledge, Taylor & Francis Group, 2010.

6 Room, R. “Addiction concepts and international control”, The Social History of Alcohol and Drugs, 21(2), 2006, pp. 276–289.

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Publicado en: Justicia social

Un comentario en “¿La adicción es un problema bioético?

  1. Pancho: Estoy de acuerdo con tu artículo ¿Las adicciones son un problema bioético? y considero que las adicciones o hábitos sanos, si son buenas, los vicios no, trátese del vicio de que se trate; en mi caso, en la juventud, me gustó la tandariola, disfrutar de la vida, para mi, en esa etapa, me gustó simplemente me gustaba, aparte del trabajo, «Vino, Mujeres y Canto», eso sí, todo con medida, según yo, porque todavía aquí estoy y en cuanto a la ética, esa parte de la filosofía tan vilipendiada en todas las épocas, es tema de debate profundo por los que saben; nosotros con nuestras adicciones sociales tuvimos y aquí andamos todavía dando lata y espero Paco, que tú también, no le tengas miedo a la vida, ella se queda, nosotros nos vamos cuando el destino nos alcanza. Val
    e.

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