Necesitamos la opción de la eutanasia en México

Son muchas las personas que no quieren pensar en la muerte y asumir que algún día van a morir. Siendo un acontecimiento que temen y no pueden evitar, no le ven el sentido a pensar anticipadamente en él, ¿para qué angustiarse más de lo necesario? Tienen razón en pensar que su muerte, como la de todos, es inevitable, pero se equivocan al pensar que no tienen nada que hacer al respecto. Cuando la muerte sucede en un contexto de atención médica, que es en el que muere la mayor parte de la gente (esté en el hospital o en su casa), hay mucho que se puede hacer para que la etapa final de la vida, incluyendo el momento de morir, sea lo mejor posible. Se cuenta con un margen de elección que no existe cuando una persona muere debido a un accidente o a un acto de violencia que le causa la muerte de inmediato; en esas situaciones no hay nada que se pueda hacer para influir en la calidad del final de la vida.

Ilustración: Alberto Caudillo
Ilustración: Alberto Caudillo

Cuando la muerte se anuncia en un contexto de atención médica, hay que tomar buenas decisiones para favorecer que la última etapa de la vida se pueda vivir en condiciones que permitan disfrutarla. Lamentablemente, es frecuente tomar malas decisiones basadas en un deseo infundado de que se podrá conseguir la curación; se continúan tratamientos inútiles que aumentan el sufrimiento e impiden que la persona por morir se ocupe de lo que todavía quiere y puede hacer y reciba otro tipo de atención que sí le podría ayudar. Cuando la enfermedad reduce nuestras opciones para hacer lo que antes nos hacía disfrutar, aún podemos usar nuestra libertad para decidir cómo no queremos vivir y cómo queremos aprovechar el tiempo que nos queda de vida. Desde luego, para poder elegir, necesitamos estar bien informados de nuestra situación. No nos sirven palabras bonitas que nos den esperanzas falsas de curación porque los demás suponen que eso es lo que queremos escuchar. Necesitamos la verdad para decidir de acuerdo con nuestros valores y deseos. Para decir, por ejemplo, si queremos o no recibir más tratamientos cuyas expectativas de éxito son mínimas. Esto es algo que está legalmente permitido en nuestro país.

En la etapa final de la vida (y desde antes) tenemos derecho a recibir cuidados paliativos para aliviar los síntomas que nos afecten, empezando por el dolor, pero incluyendo muchos otros que puede haber como asfixia, angustia, estreñimiento, fatiga, por mencionar algunos. Los cuidados paliativos también ofrecen ayuda psicológica si la necesitamos, apoyo para mejorar las relaciones familiares y atención a nuestras necesidades espirituales si así lo queremos. Al menos así se espera que funcionen y hay que recordar que en nuestro país se consideran obligatorios. Esto no significa que todos los pacientes que necesiten estos cuidados tengan hoy acceso a ellos. Es una tarea pendiente lograr que el derecho a los cuidados paliativos sea una realidad para todos.

Poder rechazar tratamiento que no queremos y contar con cuidados paliativos son dos medios que favorecen el “morir con dignidad”, un concepto que conviene definir con una perspectiva amplia que incluya el momento de morir, pero también la etapa de vida que lo precede. La dignidad se refiere a que se viva sin sufrimiento o con el menor posible y que se tomen decisiones de acuerdo con los valores y deseos de la persona que está por morir, respetando así su autonomía. Y aquí es donde entra la necesidad de incluir un medio más que ahora está prohibido en México, con el que es imprescindible contar si realmente queremos favorecer y garantizar que las personas mueran con dignidad. Hay ocasiones en que ni el rechazo al tratamiento ni los cuidados paliativos alivian el sufrimiento o evitan la indignidad que siente una persona (siempre desde su punto de vista), por lo que no encuentra sentido a seguir viviendo así. Elige adelantar su muerte y pide ayuda médica para tener una muerte segura y sin dolor con los medicamentos que sirven para conseguir que sea así. En eso consiste la eutanasia, una acción que realiza un médico para causar la muerte de un paciente competente que le pide esa ayuda. Se parece, y debemos incluirlo en este medio que nos hace falta, al suicidio médicamente asistido; la diferencia en esta última acción es que el médico se limita a dar al paciente los medicamentos para que la persona que quiere morir los tome y realice así la acción final que causa su muerte.

Si como sociedad consideramos que la ayuda médica para morir debe ser accesible a cualquier persona que la quiera, debe legalizarse y así podrán establecerse cuidadosamente los criterios que deben cumplirse para poder recibirla. Superaremos una situación injusta que existe actualmente en que sólo las personas privilegiadas, por ser cercanas a médicos que están dispuestos a dar la ayuda (o personal médico ellas mismas), cuentan con esta opción para morir. Una situación que obliga a muchos otros pacientes a seguir viviendo en condiciones que les resultan totalmente inaceptables.

Independientemente de lo que calculemos que nos queda de vida, sea que estemos sanos, pero sobre todo si ya estamos enfermos, ¡qué tranquilidad vivir confiando en que, si al final las cosas se ponen muy mal, podremos irnos, cuando lo decidamos, con una eu-tanasia (buena muerte)!

 

Asunción Álvarez del Río
Profesora e investigadora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM. Presidenta del Colegio de Bioética, A.C. para el período 2021-2024.