Los científicos, los médicos y la bomba

Si la invasión rusa de Ucrania ha traído de vuelta la amenaza del empleo de las armas nucleares, el estreno reciente de la película Oppenheimer (Christopher Nolan, 2023) ha levantado una ola de comentarios y análisis que se suma a las ondas expansivas, incendiarias y radiactivas de aquellos artefactos detonados sobre Hiroshima y Nagasaki 78 años atrás.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

Una de las facetas de esta película es resaltar el esfuerzo de un grupo de científicos liderado por J. Robert Oppenheimer para llevar de la teoría a la práctica los descubrimientos y elucubraciones sobre la fisión atómica que hasta ese momento se habían circunscrito al ámbito académico. El mismo Oppenheimer es mostrado como un científico esencialmente teórico, aparentemente torpe dentro del laboratorio.

Nolan y su notable reparto actoral nos hacen testigos de la investigación científica y sus aplicaciones con todo lo que conllevan, tanto lo bueno como lo malo. Todos sabemos que la ciencia no se gesta ni se lleva a cabo en el aire y que los científicos son seres humanos, con aspectos luminosos y oscuros. La comunidad científica, cuando actúa como debe, dispone de mecanismos que le permiten evaluar sobre la marcha y tiempo después la actuación de sus integrantes y las consecuencias de sus acciones.

En relación a las dos bombas atómicas que precipitaron el fin de la Segunda Guerra Mundial (afirmación hoy en entredicho), el filósofo y matemático Bertrand Russell fue uno de los primeros en manifestar sus inquietudes. El 18 de agosto de 1945, apenas nueve días después de la explosión sobre Nagasaki, publicó estas palabras en el periódico Glasgow Forward:

La perspectiva de la raza humana se ha oscurecido más allá de cualquier precedente. La humanidad se enfrenta a una clara alternativa: O bien morimos todos o bien adquirimos un ligero grado de sentido común. Un nuevo pensamiento político será necesario si se quiere evitar el desastre final.

Pocos años después, un puñado de intelectuales y científicos destacados firmaron el Manifiesto Russell-Einstein, una idea de Bertrand Russell y el propio Albert Einstein, quien lo firmó dos días antes de morir. El documento fue presentado en el Caxton Hall de Londres el 9 de julio de 1955. Su mensaje fue el detonante de las Conferencias Pugwash sobre la responsabilidad de los científicos en asuntos mundiales como el desarme nuclear, el crecimiento demográfico, el deterioro medioambiental, el desarrollo económico, etc. Estas reuniones iniciaron en 1957 y se han sucedido hasta la actualidad.

En 1980, se reunieron en Ginebra tres médicos soviéticos y tres estadunidenses, entre ellos Bernard Lown, afamado cardiólogo norteamericano, para fundar la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW, por sus siglas en inglés). En 1985, Bernard Lown y Evgeni Chazov, copresidentes de la IPPNW, recibieron en Oslo el Premio Nobel de la Paz. En 1986, durante la Consulta Internacional de la Unesco sobre la enseñanza superior y los problemas de la paz, celebrada en Atenas, Lown afirmó lo siguiente:

Siempre nos hemos opuesto a tratar de otras cuestiones, por importantes que fueran. Nuestra única y exclusiva preocupación ha sido combatir la amenaza nuclear: a nuestro juicio lo esencial es la idea de que para garantizar las condiciones de la vida debemos evitar las condiciones de la muerte. En última instancia, creemos que la gente tiene que enfrentarse con el hecho de que la lucha no es entre distintos destinos nacionales o entre ideologías opuestas sino entre la catástrofe y la supervivencia. Todas las naciones comparten un solo destino: su enemigo común son las armas atómicas.

En 1995, el físico polaco-británico Józef Rotblat y la organización de las Conferencias Pugwash también recibieron el Premio Nobel de la Paz. Durante la Segunda Guerra Mundial, Rotblat, se involucró inicialmente en el Proyecto Manhattan para el diseño de la bomba atómica, pero renunció para luchar contra las armas nucleares y, posteriormente, dirigió las Conferencias Pugwash durante varios años hasta su fallecimiento en 2005.

En agosto de 2022, António Guterres, secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, declaró que hoy el mundo está ante el riesgo de una catástrofe nuclear como no ocurría desde el punto más álgido de la Guerra Fría. En agosto de 2023, los editores de las 137 revistas médicas más prestigiosas del mundo, publicaron simultáneamente un editorial titulado Reducing the risks of nuclear war. The role of health professionals Reduciendo los riesgos de una guerra nuclear. El papel de los profesionales de la salud—, en donde señalan que:

El control de las armas nucleares y los esfuerzos para que estas no sigan proliferando no han logrado proteger al mundo de la amenaza de una guerra nuclear intencional, por error o por una falla de cálculo. […]

Cualquier uso de las armas nucleares sería catastrófico para la humanidad. Incluso una guerra nuclear limitada, utilizando solamente 250 de las 13 mil armas nucleares existentes en el mundo, podría matar a 120 millones de personas, provocar una grave alteración del clima global y ocasionaría una hambruna nuclear que pondría en riesgo a otros 2000 millones de seres humanos. […]

El personal sanitario ha jugado un papel crucial en la reducción de ese riesgo y debe seguir haciéndolo en el futuro. En los años ochenta del siglo pasado, liderados por la IPPNW, médicos y enfermeras contribuyeron al fin de la Guerra Fría convenciendo a los políticos de ambos lados del Telón de Acero sobre los gravísimos riesgos para la salud de una guerra nuclear.

El llamado es claro. Pese a que con frecuencia los políticos han menospreciado y siguen menospreciando los consejos de los científicos y de los médicos —véase la escena de la entrevista entre el presidente Truman y Oppenheimer en la película y el relato del desafortunado encuentro entre Winston Churchill y Niels Bohr—, todos debemos unirnos hasta lograr que las armas nucleares sean completamente erradicadas.

 

Luis Muñoz Fernández  
Médico cirujano especialista en anatomía patológica. Miembro del Colegio de Bioética, A. C.