Los aluxes del presidente

Hace unos cuantos meses, a finales de febrero de este año, el presidente López Obrador compartió, a través de su cuenta de Twitter, dos fotos relativas a la supervisión del Tren Maya. Una —decía— “tomada por un ingeniero, al parecer de un aluxe; otra, de Diego Prieto, de una espléndida escultura prehispánica en Ek Balam. Todo es místico”. El comentario, obviamente, causó revuelo en la opinión pública, al grado que el jefe del Ejecutivo consideró importante regresar al punto —para reiterarlo. Así que, unos días después, en su conferencia matutina, señaló: “¿Saben cuántos han visto lo del aluxe? Yo creo 10 millones, pero es eso. Es la profundidad cultural de México, las raíces culturales de México. Son los aluxes, los chaneques, los duendes”. Luego agregó: “Yo quisiera que hubiese aluxes, si no existen pues habría que inventarlos porque esos nada más hacen travesuras, lo que no quiero son los otros, los demonios, esos sí no”. El presidente de la República laica mexicana insistió: “Sí soy místico, eso sí. Ya vieron que puse lo del aluxe, ya vamos a hablar de eso porque la vida no solo es lo racional, la vida también es lo místico”.1 Más allá de si la foto no era reciente, de la intención de López Obrador de conectar con el México profundo, o de generar un pequeño escándalo para desviar la atención sobre temas más relevantes de la agenda nacional, me parece que habría que creerle acerca de sus convicciones metafísicas: el presidente se asume como un místico. Cree en esas cosas y cree, además, que son importantes; lo suficiente como para hacerlas suyas y publicitarlas a los millones de personas que lo siguen. No es, hay que decirlo, el primer presidente de México que cree en cuestiones que hoy llamaríamos esotéricas, más que místicas. Francisco I. Madero (por cierto, uno de los héroes con los que AMLO se identifica), creía que su hermano muerto le dictaba desde ultratumba y parte de sus convicciones políticas provenían de esos mensajes. Plutarco Elías Calles al parecer también organizaba sesiones espiritistas. Más recientemente, Martha Sahagún tenía sus rituales de santería y brujería en la residencia oficial de los Pinos, con la aparente complicidad o por lo menos el consentimiento de Fox. Tampoco sabemos en qué medida estas creencias afectaron las políticas públicas de sus gobiernos. En el caso de López Obrador, sin embargo, su postura mística encaja con toda una posición acerca de la ciencia —que él identifica como neoliberal— y los saberes ancestrales, a los que los órganos educativos del gobierno (SEP y Conahcyt principalmente) han dedicado esfuerzos y presupuestos. Entre estos saberes estarían —quiero suponer— todo este tipo de creencias en seres míticos y místicos. Mientras tanto, la educación superior y la investigación científica (la única, la seria) se han puesto bajo sospecha, menospreciadas y presupuestalmente limitadas. Se ha cuestionado no sólo la importancia de los conocimientos internacionales, sino la de las instituciones nacionales. Parecería que los “saberes” místicos ancestrales son ahora más importantes que las investigaciones en física, derecho, química, economía, biología, medicina, sociología, y tantas otras áreas de conocimiento modernas. En suma, la ciencia está bajo sospecha y el misticismo es vanagloriado. A partir de esa lógica, la bioética, basada en el conocimiento científico y en una perspectiva laica de la moral, no parece tener mayores apoyos gubernamentales ni puede aportar, como debería, a las distintas políticas públicas, que van desde el tema del aborto, hasta la maternidad subrogada, pasando por la muerte digna o la relación entre los médicos y sus pacientes. Estamos en tiempos de aluxes y sus travesuras, de “detentes” del sagrado corazón de Jesús y de los cientos de miles de muertos por covid que, quizás, fueron el resultado de estas creencias.

 

Roberto Blancarte
Investigador de El Colegio de México. Es autor de Historia de la Iglesia Católica en México.

Ilustración: Jaque Jours
Ilustración: Jaque Jours

1 Proceso e Índigo (1 de marzo de 2023).

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Publicado en: Justicia social

2 comentarios en “Los aluxes del presidente

  1. Roberto: Acá en el norte no tenemos, como los mayas, aluxes, sólo tenemos la zona del silencio entre Chihuahua, Coahuila y Durango, pero nada nos protege de la delincuencia organizada, de la violencia, del terror, ni de los estúpidos chistes de… TYSQ; como último recurso nos queda Catemaco, porque las estampitas, desde el covid, no han logrado ningún efecto y vivimos en completo estado de indefensión. Un abrazo. Vale.

    1. Estimado Cuauhtémoc:
      Así andamos todos. Expuestos a la violencia y al absurdo político.
      Roberto

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