
La bioética es una ética de la defensa de los derechos de toda la humanidad, como quedó plasmado en la Declaración de Bioética y Derechos Humanos de la UNESCO en 2005.[1] Por ello, el genocidio es un tema para la bioética global de nuestro tiempo.
El poder militar y tecnológico de algunos Estados en los siglos XX y XXI ha sido utilizado para destruir o provocar la muerte masiva de diversos grupos étnicos, nacionales o religiosos por razones de su propia identidad y carácter minoritario, dentro del contexto de guerras civiles o internacionales. Este crimen se conoce en el derecho internacional como genocidio, concepto que acuñó el jurista judío-polaco Raphael Lemkin.
Minorías de las principales religiones del mundo han sido victimizadas por razones de su diferencia étnico-religiosa.[2] Hoy tenemos que sumar a esta terrorífica lista el asesinato de más de 65 mil palestinos en la Franja de Gaza por parte del Estado de Israel, aunque no por razones de un conflicto religioso, sino más bien territorial. Así ha sido la “solución final” que el gobierno y el estado mayor del ejército israelí han planificado para diezmar a la población palestina de Gaza, a fin de expulsarla o dificultarle la supervivencia.
Raphael Lemkin formuló el concepto de genocidio para designar el crimen internacional más grave que debería ser perseguido sobre la soberanía de las naciones, porque implicaba el abuso del poder de los Estados modernos contra civiles desarmados y sin la menor intención de combatir o, incluso, de oponer resistencia.
En 1944, Lemkin propone en Axis Rule in Occupied Europe la definición de genocidio para designar las matanzas masivas cometidas por los Estados, como el nazi o el turco, que no estaban tipificadas en el incipiente derecho internacional:
…plan coordinado de diferentes acciones destinadas a la destrucción de las bases esenciales de la vida de grupos nacionales, con el propósito de su aniquilación. Los objetivos de tal plan deberían ser la desintegración de las instituciones políticas o sociales, de la cultura, lengua, sentimientos nacionales, religión y la existencia económica de grupos nacionales, así como la destrucción de la seguridad personal, la libertad, la salud, la dignidad, e incluso la vida de los individuos que pertenecen a tales grupos. El genocidio se dirige contra un grupo nacional como una entidad, y las acciones que implican son dirigidas contra los individuos, no en su capacidad individual, sino como miembros de un grupo nacional.[3]
Tras la creación de la ONU, Lemkin estuvo a cargo desde 1947 de la redacción de la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio (CPSDG). Como todos los documentos normativos de la ONU, estuvo sujeta a una intensa negociación. Finalmente, la ONU la aprobó el 9 de diciembre de 1948. En 1951 entró en vigor; hasta ahora 153 Estados la han ratificado (Israel la ratificó en 1950; Estados Unidos se tardó 40 años).
De este modo, el concepto de genocidio se incorporó al derecho internacional para sancionar el exterminio o intento de destrucción de grupos étnicos, no por lo que hagan o dejen de hacer, sino por lo que son, por razones de su identidad y rasgos inherentes.
Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio
Artículo II
En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:
- a) Matanza de miembros del grupo;
- b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
- c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
- d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
- e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.
En nuestra era, creíamos que el genocidio había quedado en el pasado; pero no es así, lo hemos atestiguado en Gaza, y ha sido documentado gracias a la valerosa acción de periodistas (varios de ellos asesinados) y del equipo de la relatora especial de la ONU para Gaza, Francesca Albanese: “Al analizar las pautas de la violencia y las políticas de Israel en su asalto a Gaza, el presente informe concluye que hay motivos razonables para creer que el umbral a partir del cual puede decirse que Israel ha cometido genocidio ya se ha alcanzado.”
Al analizar la CPSDG queda claro que el Estado y las fuerzas armadas de Israel han cometido deliberadamente actos de genocidio contra los palestinos de Gaza. ¿Cuántos y en qué regiones del planeta habrá más genocidios si este queda impune? Se sabe también que en el contexto de la guerra civil en Sudán ha habido actos genocidas contra poblaciones africanas no musulmanas en la región de Darfur. Dichas poblaciones están totalmente indefensas y han sido olvidadas por la comunidad internacional.
El genocidio perpetrado en Gaza se ha llevado a cabo mediante ataques militares que han consistido en: bombardeos a instalaciones vitales y contra edificaciones civiles, provocación de la inanición y la deshidratación por el bloqueo de cargamentos de víveres de ayuda humanitaria, destrucción de la infraestructura de atención a la salud, así como violencia física o que impide la reproducción de las gazatíes o que han causado la muerte prematura de neonatos.
Lemkin argumentó que «el genocidio no implica necesariamente la destrucción de una nación», sino un ataque sincronizado a sus fuentes y condiciones de supervivencia. La CPSDG de 1948 se centró en la aniquilación, excluyendo el «genocidio cultural», pero la destrucción de los bienes culturales[4] de un pueblo provoca una «muerte social» que, a menudo, precede o acompaña al genocidio. En el contexto de la invasión israelí de la Franja de Gaza, la destrucción de universidades, archivos, bibliotecas y mezquitas es correlativa a la destrucción de hospitales, sistemas de salud, falta de agua potable, así como el impedimento de la distribución de medicamentos básicos y de alimentos.
Las acciones del ejército israelí coinciden no solo en uno, sino en varios incisos del artículo II de la CPSDG, configurando una catástrofe bioética de trascendencia histórica.[5] De acuerdo con los informes de la ONU (2024), el ejército israelí ha destruido 90 % de las viviendas y edificaciones, 80 % de los hospitales, caminos, infraestructura urbana básica; 77 % de las instalaciones sanitarias, el 68 % de la infraestructura de telecomunicaciones, un gran número de servicios municipales, emplazamientos comerciales e industriales, incluso cementerios; todas las universidades han sido bombardeadas y 60 % de otras instalaciones educativas y 13 bibliotecas. A finales de enero, más de 1 millón de civiles habían sido desplazados a la fuerza, ya que sus hogares fueron devastados (ONU, 2024: 10).
La imposición de la hambruna en Gaza no es un efecto accidental, sino una política declarada y ejecutada sistemáticamente de la guerra punitiva que ha emprendido Israel después del terrible asesinato de 1200 israelíes y secuestro de 251 rehenes en octubre de 2023, perpetrados por el grupo terrorista Hamás.[6] El 9 de octubre de 2023, el ministro de Defensa de Israel, Yoav Gallant, ordenó un «asedio completo» y declaró que “Gaza nunca volverá a ser lo que era” (ONU, 2024: 12). Esta declaración no fue una amenaza retórica, sino una sentencia que niega a los gazatíes los derechos básicos y socavaba su dignidad.
Ciertamente, los milicianos de Hamás se ocultaron entre la población civil y se refugiaron en túneles que pasaban incluso debajo de hospitales y edificios civiles, pero es claro que el uso de la fuerza militar contra este grupo no podía implicar la destrucción masiva de infraestructuras esenciales para la vida de los gazatíes. Israel ha martirizado a los palestinos, la prueba es que el uso desproporcionado de la fuerza militar ha matado a más de 65 mil civiles en solo dos años.[7]
Oxfam, por su parte, ha documentado cómo Israel ha utilizado el agua como arma de guerra, reduciendo el suministro disponible en Gaza en 94 % (ONU, 2024: 12). Si el hambre y la sed atacan directamente la supervivencia, la destrucción del sistema de salud elimina la posibilidad de recuperación. El derecho internacional establece que tanto el personal médico como las instalaciones hospitalarias no deben ser objetivos militares (Convención de Ginebra, 1949). Sin embargo, se ha documentado una estrategia de destrucción deliberada de la infraestructura sanitaria. Para finales de 2024, 84 % de las instalaciones de salud habían sido destruidas o dañadas. De los 36 hospitales, sólo 17 funcionaban parcialmente y bajo condiciones extremas. Informes de CNN, Oxfam y de Médicos Sin Fronteras han revelado que las autoridades israelíes han prohibido la entrada de anestésicos, ventiladores y artefactos de soporte vital, filtros de agua y tabletas purificadoras. Esta política de privación de equipo médico demuestra una intención de infligir sufrimiento severo (Artículo II b) de la CPSDG) y condiciones de destrucción física (Artículo II c).
Por otro lado, la violencia reproductiva es uno de los efectos a largo plazo de un genocidio, pues merma la continuidad futura del grupo víctima. Las condiciones extremas han resultado en una reducción significativa de nacimientos y daños a las gazatíes en su capacidad reproductiva. Además, por las carencias y restricciones se han tenido que practicar cesáreas sin anestesia o histerectomías de emergencia, y han aumentado los abortos espontáneos y las muertes de neonatos. Estas consecuencias intencionales son claramente acciones condenadas en el Artículo II d) de la Convención (ONU, 2024: 11).
La matanza masiva de gazatíes no se ha producido en un contexto de guerra internacional, ni de una lucha acotada contra un grupo terrorista (Hamás). Precisamente, Israel posee las tecnologías y las capacidades operativas para atacar selectivamente a los grupos terroristas que han atentado contra su población, como lo ha demostrado a lo largo de los años. La violencia desproporcionada y alta letalidad en dos años no pueden ser solo efectos colaterales de una supuesta “legítima defensa”, sino la evidencia de una intención genocida.
A diferencia de genocidios pasados que se ocultaban, este se televisa y se justifica utilizando perversamente el lenguaje del Derecho Internacional Humanitario, mediante la distorsión de los principios de distinción y proporcionalidad. Francesca Albanese introduce el concepto irónico de «camuflaje humanitario» para denunciar cómo Israel intenta justificar sus acciones genocidas.
Frente a las acusaciones de genocidio, el Estado de Israel ha desplegado argumentos basados en el derecho de guerra y la seguridad nacional. El argumento israelí de que la inanición es «incidental» a un asedio necesario contra Hamás es insostenible cuando se combina con declaraciones de intención explícita de «asedio total» y prohibición de entrada de alimentos y agua.
Israel alega que Hamás es el responsable de la muerte de civiles al utilizarlos como “escudos humanos”; por tanto, Israel ha caído en la misma lógica de los grupos terroristas que consideran a la población civil del grupo “enemigo” como objetivos legítimos por el solo hecho de habitar el territorio bajo ataques o de apoyar con su “voto” a esos gobiernos enemigos. Israel extiende la persecución de los combatientes de Hamás a toda la población gazatí y a toda la infraestructura civil. Pero si la población gazatí es un “escudo humano” involuntario, entonces Israel la ha convertido en víctima de un «daño colateral» o en un objetivo militar de facto. Así, en venganza por el ataque terrorista de Hamás, Israel ha tomado de rehén a toda la población gazatí para torturarla.
La bioética surgió como respuesta a las atrocidades juzgadas en Núremberg para impedirlas en el futuro, por ello, debe ahora denunciar cualquier genocidio, en donde sea que ocurra.
Jorge E. Linares Salgado
Es doctor en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
[1] UNESCO (2005). Declaración sobre Bioética y Derechos Humanos. https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000146180_spa
[2] Los principales genocidios del siglo XX fueron: el Estado Turco Otomano contra la minoría armenia cristiana en el marco de la 1ª Guerra Mundial, el estado nazi alemán y sus colaboradores europeos contra judíos y gitanos durante la 2ª Guerra Mundial; el régimen del Jemer Rojo en Camboya contra su propia población civil, budistas y disidentes entre 1976 y 1978; la mayoría hutu del gobierno de Ruanda contra la minoría tutsi en 1994 (el genocidio de más alta letalidad, más de 800 mil muertos en menos de un año); el ejército serbio y milicias serbo-bosnias contra la minoría bosnia musulmana en la guerra de Yugoslavia, en la masacre de Srebrenica, en 1995.Vid. Kiernan, Ben (2009). Blood and Soil: A World History of Genocide and Extermination from Sparta to Darfur.
[3] Lemkin, R. (1944). Axis Rule in Occupied Europe, p. 79.
[4] Israel ha destruido al menos 195 lugares patrimoniales, 208 mezquitas, 3 iglesias y los Archivos Centrales de Gaza, que albergan 150 años de historia.
[5] Es paradójico que el gobierno del pueblo que ha sufrido el peor genocidio de la era moderna se convierta ahora en un régimen genocida que ha cometido flagrantes crímenes de guerra, en un conflicto que no es entre naciones ni en una guerra “declarada” que se apegue a las reglas internacionales. Insisto en que la condena al gobierno y ejército de Israel no es extensible al pueblo judío en general. Otra cosa será determinar la complicidad y participación de empresas y centros de investigación y desarrollo tecnocientífico que colaboran con el ejército de Israel, dentro y fuera de su territorio. Pero en la legislación internacional no se ha tipificado la categoría de “colaboración criminal” de empresas e instituciones en el genocidio.
[6] Los líderes actuales de Hamás también deben ser juzgados por la Corte Penal Internacional por estos crímenes.
[7] Un experto en estos temas, Benjamin Valentino, después de comparar datos históricos y cifras aproximadas de muertes, señala que una “matanza masiva” atribuida a un Estado, entre las cuales destaca el genocidio, produce en promedio más de 50 mil muertes directas en un periodo de 5 años, lo cual es indicativo de la acción militar y la fuerza letal desproporcionada contra poblaciones indefensas y no combatientes. El caso de Gaza rebasa esa letalidad en solo dos años de acciones militares punitivas. Valentino, B. (2003). Final Solutions: Mass Killing and Genocide in the 20th Century.