La nanotecnología y sus aplicaciones biomédicas

La calidad y cantidad de conocimiento generado desde mediados del siglo XX hasta nuestros días ha propiciado un extraordinario desarrollo científico y tecnológico que ha modificado contundentemente la forma de vida de la humanidad.

Ilustración: Kathia Recio
Ilustración: Kathia Recio

De repente conceptos complejos que parecían ajenos como la fisión nuclear, el procesamiento de datos mediante algoritmos utilizando dispositivos electrónicos o el entendimiento de los procesos moleculares que se llevan a cabo en una célula, se volvieron cotidianos y necesarios en nuestras vidas. Ahora, un enorme sector de la población en mayor o menor medida se ve impactado por la energía nuclear, el internet, los teléfonos inteligentes y la Biología Molecular. Estas y otras áreas del conocimiento han mejorado la calidad de vida de muchas personas. Sin embargo, han traído consigo muchos y muy complejos dilemas éticos, como la accesibilidad, equidad y justicia en el uso y aplicación de estas tecnologías, así como su impacto en la salud, el medio ambiente y  la sustentabilidad.

Una de las ramas del conocimiento que más discusiones éticas ha generado en los últimos años es la nanotecnología. Pero, ¿qué es la nanotecnología? Y, ¿por qué es un tema sui generis en el ámbito de la bioética?

La nanotecnología es un campo de la ciencia que se enfoca en manipular la materia a nivel nanométrico. Esta disciplina permite producir, mediante la manipulación de una grán diversidad de materiales, estructuras con propiedades únicas con aplicaciones casi infinitas.

Una de las primeras y más conocidas aplicaciones se remonta a 1990, en donde se empezaron a desarrollar dispositivos electrónicos a nanoescala, como los transistores de efecto de campo de metal-óxido-semiconductor en los chips de las computadoras. Posteriormente y de manera acelerada, se desarrolló el área de nanomateriales, generando productos más duraderos, resistentes, eficientes y funcionales. Además se redujo significativamente el costo de la materia prima. Esto reportó importantes ingresos económicos a diversos sectores de la industria.

Hasta ese momento, la discusión ética sobre el uso de nanomateriales era casi nulo.  Sus incontables ventajas invisibilizan los cuestionamientos de sus potenciales consecuencias y riesgos para la salud humana, animal y su impacto en el medio ambiente.

No fue sino hasta que se comenzaron a plantear alternativas nanotecnológicas con usos biomédicos, como un biosensor en procesos biológicos y metabólicos o como vehículo de liberación y administración controlada de fármacos, que la discusión ética se exacerbó. Se enfatizó la urgencia sobre la vigilancia en el cumplimiento de los principios bioéticos de eficacia y seguridad. Debido a que cada nanomaterial es radicalmente distinto de acuerdo a sus componentes, estructuras y aplicaciones, no se pueden aplicar pautas éticas generales para evaluar su riesgo.

Sin embargo, las alarmas se encendieron cuando se estableció que algunos nanomateriales, por su tamaño y carga, utilizan mecanismos no específicos para su internalización en las células, siendo capaces de atravesar la barrera hematoencefálica o interaccionar con cualquier organismo vivo en el medioambiente. Además, al interactuar con distintos tipos de biomoléculas de la célula, pueden cambiar sus propias características pudiendo provocar efectos benéficos o perjudiciales dependiendo del contexto. Por lo tanto es prácticamente imposible realizar una evaluación de su dinámica de interacción con todas las biomoléculas en distintos microentornos y concentraciones, así como en todos los posibles escenarios biológicos para ponderar riesgos. Actualmente, las agencias gubernamentales  encargadas de evaluar riesgos para la salud y el medioambiente utilizan el principio de precaución en la evaluación bioética de nanomateriales debido a la incertidumbre científica y la sospecha de un riesgo mayor. El objetivo es el de intentar limitar la exposición y tomar medidas de control hasta que se demuestre la seguridad de estos materiales.

 

Angelina Rodríguez Torres
Facultad de Ciencias Naturales, Universidad Autónoma de Querétaro. Miembro del Colegio de Bioética A. C.

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Publicado en: Ética médica