
Lo que vendrá a continuación proviene de dos cuestiones que generan tensión: un temor y una inquietud. Primero el temor. Construir réplicas humanas con vida e inteligencia propias no es cosa de ahora, sino un viejo sueño cuyos orígenes podemos rastrear hasta la antigua Grecia. Ramón López de Mántaras, uno de los precursores y mayores expertos en inteligencia artificial de España y Europa, nos cuenta en 100 cosas que hay que saber sobre inteligencia artificial (Lectio Ediciones, 2024, publicado originalmente en catalán en 2023) que Homero describe en la Ilíada, en el taller de Hefesto donde se forjaban las armas de los dioses, una serie de artefactos y androides que hoy llamaríamos robots. Por cierto, la palabra “robot” apareció por primera vez en R.U.R. (Robots Universales Rossum), una obra de teatro del escritor checo Karel Čapek que se estrenó en 1921. Proviene de la palabra checa “robota”, que significa “esclavo”.
Muchos siglos después de Homero, aburridos por la lluvia pertinaz que los obligaba a permanecer recluidos junto a un lago ginebrino, un grupo de intelectuales propuso poner a concurso sus habilidades literarias para ver quién escribía la mejor historia de terror. Una mujer entre ellos, Mary Shelley, publicó en 1818 Frankenstein o el moderno Prometeo, relato en el que un ser hecho de restos de cadáveres humanos y animado mediante descargas eléctricas, se rebela en contra de su creador y mata a varias personas. Desde entonces, toda nueva creación del ingenio humano despierta temor. Podríamos decir que la inteligencia artificial es el Frankenstein de nuestros días. Y como en el caso del monstruo literario y cinematográfico, despierta simultáneamente el miedo y la fascinación.
Ahora la inquietud. Pese a mi formación científica –o tal vez a causa de ella– me parece que la realidad abarca más aspectos que los que nos revelan nuestros cinco sentidos o los que registran los instrumentos con los se realizan las diversas investigaciones científicas. Como derivado de lo anterior y en relación al tema que nos ocupa, me parece que los seres vivos, incluyendo los seres humanos, tienen aspectos que no pueden cuantificarse ni reducirse a datos. Eso no implica que me refiera necesariamente a una dimensión sobrenatural, puesto que esos aspectos intanglibles pueden ser tan naturales como el peso, la masa o la composición química, sólo que, por lo pronto, son inaccesibles a la percepción. Un poco en el sentido de lo que dice el astrofísico y filósofo Juan Arnau en Materia que respira luz. Ensayo de filosofía cuántica (Galaxia Gutenberg, 2023):
La falacia racionalista consiste en reducir el entendimiento a la razón. Podemos entender nuestras contradicciones, las contradicciones de los seres que amamos, la contradicción de nuestro tiempo. Podemos apreciar los colores de una selva otoñal, los quiebros de una sinfonía, la lírica de un poema. Todas estas actividades pertenecen al entendimiento y no son racionales. Sencillamente porque no se pliegan a la formalidad del silogismo ni a la lógica simbólica o matemática. La racionalidad es una facultad imprescindible pero limitada del entendimiento. Por eso el racionalismo como visión del mundo es falso (o mejor, limitante). Pero hete aquí que nuestra civilización lo asumió como el modo en que la realidad se expresaba. La naturaleza habla el lenguaje de las matemáticas, había dicho Galileo. Y Descartes lanzó con esa idea una propuesta radical: matematizar las ciencias; hacer que la ciencia sea una y matemática. Newton profundizó en ese empeño, y, con los éxitos de la física, se empezó a confundir esta ciencia con la realidad. Pero tal simplificación, aunque útil, resulta inaceptable.
Pese a los heraldos que nos anuncian un futuro inminente de prosperidad material y felicidad duradera gracias a la generalización de la inteligencia artificial (IA) y la llegada de la tan perseguida singularidad –el momento cumbre en el que la IA igualará y superará a la inteligencia humana–, sigo pensando que no todos los aspectos de nuestra inteligencia podrán transferirse a estos sistemas informáticos.
¿Cómo puedo afirmarlo e ir en contra de la corriente predominante? Por algunos años ha sido solamente una intuición, sostenida tal vez por la terquedad de quien nació y vivió muchos años ajeno a estos avances tecnológicos. Una especie de fuerza de la costumbre. Una apuesta irracional por la singularidad humana (ésta sí) y su completa irreductibilidad a la digitalización, al dataísmo, la ideología de moda que, según el catedrático de ética e historia de la medicina Giovanni Rubeis, “enfatiza los límites y los defectos de las capacidades cognitivas humanas comparándolas con las tecnologías de los big data”.
Por fortuna, mi inquietud ha encontrado un apoyo valioso en una obra reciente del filósofo Daniel Innerarity, titulada Una teoría crítica de la inteligencia artificial (Galaxia Gutenberg, 2025). En ella Innerarity propone algunas propiedades de la inteligencia humana que no poseen íntegramente los actuales sistemas de IA y que, muy posiblemente, no las puedan imitar jamás. La razón es que, de acuerdo a lo que postula, ambas inteligencias no sólo son de naturaleza distinta, sino que además la IA es fundamentalmente una potentísima y veloz herramienta de cálculo, más que una inteligencia propiamente dicha. Dice Innerarity que:
La cuestión no es saber cuándo llegará la anunciada superación y en virtud de qué principio puede hacerse tal predicción, ni siquiera si se trata de algo deseable, sino de qué tipo de inteligencia estamos hablando, porque tal vez haya un equívoco desde el comienzo. Puede ocurrir que no haya rivalidad, competencia o amenaza de sustitución porque, en última instancia, se trata de dos inteligencias diferentes. La inteligencia artificial simula algunos aspectos concretos de la inteligencia humana, pero no lleva a cabo todas las tareas de la inteligencia humana, que no incluye sólo cálculo y rapidez, sino también comprensión y reflexión.
Ya lo había afirmado previamente el escritor, emprendedor tecnológico e informático estadounidense Erik J. Larson en El mito de la inteligencia artificial (Shackleton books, 2022, publicado originalmente en inglés en 2021):
…la ciencia de la IA ha revelado un misterio de grandes dimensiones en el núcleo de la inteligencia, y en la actualidad nadie tiene la menor idea de cómo resolverlo. […] La posibilidad de un futuro de sistemas de IA se encuentra limitada por lo que sabemos en la actualidad sobre la naturaleza de la inteligencia. Y aquí deberíamos afirmarlo con franqueza: todas las pruebas sugieren que las inteligencias humana y artificial son radicalmente diferentes.
¿Cuáles son las características específicas de la inteligencia humana que deberían incorporarse a la IA si se desea ir más allá de los avances conseguidos hasta ahora para para llegar a ese momento tan deseado y temido a la vez de la singularidad? Según Innerarity, son las siguientes:
- Sentido común, que es una especificidad de la inteligencia humana difícil de definir, aunque se puede decir que es esa capacidad de comprender de inmediato el contexto de una situación. Una especie de intuición que requiere un amplio conocimiento de cómo funciona el mundo físico y social. Dice Innerarity que “identificar una afirmación irónica, por ejemplo, no suele suponer ninguna dificultad para una inteligencia humana, pero para una inteligencia basada en algoritmos es un reto irresoluble”.
- Reflexividad, esa capacidad que tenemos de ser conscientes de lo que sabemos, de qué cosas no sabemos y de las dudas que tenemos sobre la solidez de lo que sabemos. “Cómo pueden los ordenadores elevar su nivel de inteligencia por sí mismos, sin ayuda exterior, evolucionando en el sentido darwiniano del término? El problema es que, a diferencia de los seres vivos, los sistemas inteligentes sólo pueden innovar en el interior de un marco estrictamente delimitado. Cada instrucción ejecutada por un programa debe estar cargada con anterioridad en el procesador por otra instrucción”.
- Conocimiento implícito. Al respecto, dice Innerarity que “una de las propiedades más exclusivas de la inteligencia humana es el saber implícito y es, también, lo que más nos distingue de las máquinas, que todo lo tienen explícito. Nuestro sentido común es una facultad de lo implícito… Los humanos aprendemos las operaciones de cálculo y deducción lógica paso a paso y con esfuerzo, de manera que sabemos explicar su proceso, pero la mayor parte del conocimiento humano discurre inconscientemente. Lo que nos define como humanos es que somos seres de lo implícito”.
- Inexactitud. El ser humano crea a partir de un conocimiento del mundo parcial, incompleto, aproximado. Nos la pasamos gestionando situaciones imprecisas, ambiguas. Por esa capacidad de lidiar con lo impreciso, con lo singular, con la excepción, no seguimos fielmente reglas establecidas y, por lo mismo, somos propensos a cometer errores. Ocurre incluso en la investigación científica, que no se lleva a cabo siguiendo siempre las reglas del método científico. Eso no lo pueden hacer las máquinas. En palabras de Innerarity: “La inteligencia humana no consiste en actuar conforme a reglas. Como ya lo señaló Kant, hay inteligencia cuando no hay un comportamiento mecánico, cuando se es capaz de gestionar accidentes que no están inscritos en reglas”.
- Aprendizaje. Esta es una de las propiedades de la IA que más nos inquietan ante la posibilidad de que en un futuro más o menos próximo las máquinas no necesiten de nosotros y sigan mejorando por sí mismas. En la actualidad, existen diferencias en nuestra forma de aprender y la de estos sistemas, que aprenden mejor tareas muy especializadas, a veces muy complejas, en comparación con los seres humanos, mucho más hábiles en conocimientos generales que les permiten ejecutar una serie de tareas propias de la vida cotidiana. En este punto, Innerarity nos hace una advertencia: ChatGPT puede contribuir a que nos conformemos con la información proporcionada por esta tecnología y dejemos considerar que ordenar esa información, exponerla y darle sentido es una tarea personal para la que no somos plenamente reemplazables”.
- Economía. A diferencia de la IA, la inteligencia humana requiere para su funcionamiento muy poca energía. Eso hace que su impacto ecológico sea insignificante, muy distinto de las ingentes cantidades de energía eléctrica y agua que exigen los sistemas de IA, necesidades que llegarán a hacerlos insostenibles. “La primera característica de esta economía es la sobriedad cerebral —dice Innerarity—, donde sólo un dos por ciento de las neuronas están activas en cualquier momento. El enorme consumo de energía de una supercomputadora es incomparable a los aproximadamente veinte vatios del cerebro”. La inteligencia humana también es económica en términos de conocimiento. Mientras que la IA requiere ser alimentada con cantidades inmensas de datos, la inteligencia humana necesita muchos menos datos para aprender y generalizar. “Se podría afirmar que una de las propiedades más específicamente humanas y de nuestra inteligencia es justo esta de pensar y decidir sobre asuntos y en situaciones para las que nunca habrá suficientes datos”.
- Inteligencia corporal. El conocimiento humano es de tal naturaleza que sólo es posible en un medio corporal, es decir, se despliega gracias al cuerpo que lo alberga. Y es ese cuerpo del que surge ese fenómeno emergente de la conciencia. “Tener un cuerpo –afirma Innerarity– quiere decir relacionarse de forma activa con un entorno dinámico, tanto físico como cultural y social. La subjetividad no es un conjunto de operaciones mentales, como si el conocimiento fuera algo inmaterial e incorporal. Si tomamos en cuenta, por el contrario, las lecciones de la ciencia cognitiva contemporánea, todo verdadero conocimiento es conocimiento encarnado”.
Así que el camino que debería seguir la IA es el de su humanización y no al revés. No se trata de una competencia, sino de usar nuestra peculiar forma de inteligencia para llevar por cauces adecuados y seguros el desarrollo de la IA. Sólo así garantizaremos su uso benéfico que tantas ventajas nos ofrece. Cito de nuevo a Daniel Innerarity:
Nuestro concepto de inteligencia va más allá de la función instrumental [la que hasta ahora tiene la IA]; no es tanto la consecución de objetivos, como su elección de un modo significativo y equilibrado en un mundo de gran complejidad, en el que hay que sopesar objetivos en conflicto… No parece que una inteligencia reducida a algunas de sus prestaciones instrumentales o de cálculo pueda equipararse a la de los humanos. Si estrechamos el concepto de inteligencia en este sentido (para quedarnos en un ámbito en donde es cierto que las máquinas nos ganan en muchos aspectos), la “superinteligencia”, en el caso de que llegue a existir, será bastante estúpida.
De modo que, salvo por el estreno de la última película de Guillermo del Toro, la aparición del Frankenstein contemporáneo no parece algo inminente.
Luis Muñoz Fernández
Médico cirujano especialista en anatomía patológica. Miembro del Colegio de Bioética A.C.
Este artículo me hace pensar en cómo la ciencia y la tecnología avanzan tan rápido que a veces parecen salirse de control. Hoy en día ya no es tan difícil imaginar que el ser humano pueda crear vida o modificarla, y eso me hace preguntarme si realmente estamos preparados para manejar algo así. Creo que el texto busca que reflexionemos sobre los límites de la ciencia y sobre la responsabilidad que tenemos cuando usamos el conocimiento. A veces el deseo de descubrir más puede llevarnos a olvidar las consecuencias éticas de lo que hacemos.
Esta muy interesante como relacionan la IA con la película de Frankestein, en especial porque en la película se enfocan demasiado en lo cruel que fue crear un ser inmortal con eterno sufrimiento que no lograba comprender del todo el mundo, al igual que se plantea que la IA no puede ni podria replicar el entendimiento mas alla del razonamiento.
Además lo refleja mucho por como en la película solo se concentran en traer a la vida al monstruo con electricidad y concentrándose en el sistema linfático sin tomar en cuenta el alma del mismo y su visión distorsionada del mundo.
Este artículo me hace pensar que el cuerpo humano es como una máquina súper complicada y genial. En mis clases de Anatomía, veo lo perfectos que son nuestros órganos. ¡El cerebro solo usa la energía de un foco pequeño (20 vatios) y hace cosas que las computadoras gigantes no pueden!
Me parece fuerte que digan que la Inteligencia Artificial (IA) es como el monstruo de Frankenstein. Aunque es bueno pensar en qué tan lejos puede ir la tecnología (la Bioética), creo que la idea clave es la «Inteligencia del Cuerpo». El conocimiento, y hasta lo que sentimos, nace de tener un cuerpo. Una máquina no tiene cuerpo para entender de verdad a un paciente, para sentir dolor o para tener empatía.
Como futuro doctor, me da tranquilidad saber que la intuición o el sentido común (lo que un doctor «sabe» sin tener que revisar un libro) son cosas que la IA no va a poder copiar. La tecnología será una herramienta útil para los análisis (los datos), ¡pero la parte de entender a la persona, manejar lo que no es exacto y la relación humana con el paciente, siempre va a ser solo nuestra!
A mí, en lo personal, me resultan muy interesantes los aspectos que abarca el artículo sobre la inteligencia artificial y todo lo relacionado con ella.
En él se menciona: “Podemos apreciar los colores de una selva otoñal, los quiebros de una sinfonía, la lírica de un poema. Todas estas actividades pertenecen al entendimiento y no son racionales, sencillamente porque no se pliegan a la formalidad del silogismo ni a la lógica simbólica o matemática.”
Cosa que una inteligencia artificial no podría entender al no presentar emociones, puesto que solo puede reconocer patrones, analizar datos e imitar.
Me causó cierto impacto cuando se mencionó: “Una de las propiedades más exclusivas de la inteligencia humana es el saber implícito y es, también, lo que más nos distingue de las máquinas, que todo lo tienen explícito.”
Esto nos dice que los seres humanos hacemos muchas cosas de manera inconsciente, como caminar y hablar sin pensar en cada cosa que hacemos (implícito), y que al mismo tiempo podemos realizar tareas más complejas, como resolver problemas pensando en cada paso. Siendo este el modo en que las inteligencias artificiales responden (explícito).
El hecho de que “la IA requiere ser alimentada con cantidades inmensas de datos, mientras que la inteligencia humana necesita muchos menos datos para aprender y generalizar” es increíble, porque, a pesar de que somos de cierta forma más eficaces en cuanto a recursos energéticos, hacemos uso de la inteligencia artificial por la facilidad que esta nos proporciona.
Se concluye con que “no se trata de una competencia, sino de usar nuestra peculiar forma de inteligencia para llevar por cauces adecuados y seguros el desarrollo de la IA”.
La inteligencia humana, con el uso de su ética y sentido común, debe guiar el desarrollo de la inteligencia artificial para su uso seguro y en beneficio de la sociedad.
Y dejando fuera todo lo que nos dice el artículo, me resulta aún más sorprendente que todo esto lo haya escrito y publicado un médico cirujano especialista en anatomía patológica.
Considero que la IA nos fascinado a todos porque calcula a velocidades asombrosas, pero el texto presenta una verdad que muy pocos reconocen: «nuestra inteligencia florece en lo que la máquina no puede tocar». Es el sentido comun que entiende una mirada, el error que abre la puerta a algo nuevo y del cual puedes aprender, el cuerpo que siente el mundo antes de analizarlo.No estamos compitiendo. Estamos recordando que la IA es un espejo increíblemente rápido, solo nosotros tenemos la capacidad de la reflexion, la intuición, y la comprension que nos permite pensar. Lo realmente hermoso no es la velocidad, sino la sabiduría que elegimos con ese pensamiento.
Estoy totalmente de acuerdo muchas veces nos dejamos llevar por el hecho de que una inteligencia artificial va a suplirnos siendo que es todo lo contrario.
El humano tiene esas cualidades que lo hacen diferente y no es necesariamente saberlo todo, la inteligencia que vamos adquiriendo no es solo con enseñanza si no que tambien va de la mano con las experiencias e interacciones que adquirimos a lo largo de, a diferencia de la inteligencia artificial que solo es una herramienta mas si asi lo queremos ver, proporciona calculos e informacion de una manera mas veloz pero no muestra esa capacidad de consiencia, por lo que
no debemos reducir la inteligencia a lo instrumental, esto podria ser muy poderoso y asi como menciona Daniel Innerarity «la superinteligencia en caso de que llegue a existir sera bastante estupida»
Mi comprensión del texto habla d como ha ido evolucionando el concepto de inteligencia a lo largo del tiempo y como lo relacionamos con la visión de la misma de ciertas personas y conceptos de estos como Frankenstein que es lo más cercano a un robot con IA , en estos días el ser humano a innovado en avances preocupantes pero, lo que es la duda central del texto, ¿Puede una IA remplazarnos y que nos hace diferentes? La respuesta puede ser más ambigua de lo que podemos admitir ya que no se trata solo de pensamiento matemático si no también de virtudes humanas, una vez escuché una frase que decía , «la inteligencia no viene solo de hacer operaciones es también analizar situaciones y de desarrollar nuestro sentido común «.
La lectura fue sin duda muy atrapante, ciertamente los niveles a los que ha llegado la inteligencia artificial son aterradores, pero ahora con la lectura me doy cuenta de lo inconveniente que es que está inteligencia este a manos de todos, más en la parte donde nos informan de el gasto en electricidad y agua que le toma a esta inteligencia siquiera formular una frase, más con la contaminación actual y los recursos limitados y mal distribuidos, aunque, ahora dudo, lo que dicen que diferencian a la inteligencia humana de la inteligencia artificial es algo que, con el paso del tiempo, se está perdiendo, es… preocupante, ahora en vez de temer al futuro de esta inteligencia artificial y el miedo de que nos supere, más bien algunos humanos están llegando a un nivel «inferior» de sentido común y de lo implícito, pero, tal vez solo se trata de un miedo infundado, una pesadilla sin principios claros.
Me encanto leer esta publicación, fue ligera, de fácil comprensión y sobre un tema que, y nadie podrá negar, ha estado más de una ocasión en nuestra mente o como un tema de debate con conocidos, amigos y familiares, ya me he suscrito y espero más publicaciones tan enriquecedoras, ¡saludos!
Bueno, en esta publicación se abordó una gran cantidad de comparaciones. Las cuales me parecieron increíbles
Al crear frankestein no tomaron en cuenta muchas cosas, bien lo menciona la ética de la responsabilidad de Hans Jonas
“El poder de crear impone la obligación de prever las consecuencias de lo creado.”
Y en la vida diaria como estudiante la ia sin duda es una ayuda que puede ser útil para la formación académica, pero guiarse mediante la ia me parece un error sustancial
Ya que carece de muchas cualidades ya antes mencionadas y esta reflexión sin duda fue mi pensamiento persistente.
Este artículo que lei me hace pensar sobre lo sorprendente que es el cuerpo humano, que aunque la IA sea una herramienta muy útil, no es capaz de hacer lo que hace el cuerpo humano , tanto porque nosotros racionalizamos nos relacionamos aprendemos por distintos y diferentes aspectos que nos hacen unicos, cosas que ni con los avances científicos podría alcanzar la IA.
Me da tranquilidad saber que el sentido común lo que nos hace en si ser personas jamás lo podria una IA, que como dice artículo hay cosas que hacemos nosotros que jamas podria hacer una IA, el mismo hecho de sentir progresar y subsistir son cosas que la IA no podria, y aunque sea una herramienta útil no deja de ser solo una herramienta, que nos ayuda a progresar pero jamás será igual a nosotros.
Creo que, con el paso del tiempo y el crecimiento de la globalización, los humanos hemos ido olvidando el gusto por lo cotidiano y aquello que se percibe tan fácil y cercano. Mary Shelley nos llevaba de la mano a lo largo de su escrito, describiendo como Frankenstein no era más que una creación decepcionada de haberse encontrado con una humanidad llena de prejuicio y crueldad. A pesar de que una persona lo percibió con amabilidad y ternura, puesto a que no podía verlo; quienes lo encontraban no tenían más opción que gritar y pedir ayuda. Puedo relacionar la visión que se tuvo en 1818 para hacer una comparación: A los humanos nos aterra lo desconocido. Esta es una herramienta recientemente creada, que aún roza en los límites de aquello que nuestra ignorancia nos hace percibir como peligroso. En lo personal, me resuena mucho uno de los comentarios que el autor hace en este texto: “La inteligencia artificial debe humanizarse, no al revés” y creo que es verdad, es nuestra responsabilidad trabajar para controlar incluso aquello que resulta nuevo para nosotros, debemos aprender a adaptarnos y ver a la IA como una herramienta de apoyo que nos facilite, más no un sustituto para el potencial humano ni una respuesta a aquellas cosas que toman más tiempo del que queremos dedicarle. La poesía, la musica, el arte, la redacción y todo aquello que refleja el alma y la capacidad de reflexión de su autor son cosas invaluables; que significan una perpetuidad del pensamiento y el entorno sociocultural en el que se vivía en lo contemporáneo a la creación de la obra, por lo que confío en que este tipo de auxiliares nunca sustituirá la capacidad humana de tomar algo y convertirlo en una obra que otras personas pueden interpretar y conocer. Creo que el artículo destaca también un punto importante: la contaminación. Es muy triste ver la manera en la que las bases de datos toman energía y recursos para almacenar sus CPU, y es prueba viviente de que como humanidad estamos perdiendo la poca conciencia social que conservábamos. Me da mucha felicidad ver artículos que tocan tabús contemporáneos y pueden compararlos con obras tan adelantadas a su época.
Me parece que en estos tiempos donde la tecnología tiene un papel de arma de doble filo es común tener dudas, temor y múltiples emociones con respecto a como lo es la IA, más aún con las obras que han ido saliendo a lo largo de los años y que nos muestran un mundo distinto y de diferentes posibilidades. Es bueno conocer los límites a los que debemos llegar y también, tomar en cuenta que el ser humano no es perfecto , pero eso nos hace únicos y diferentes de la tecnología, no llevamos ese patrón dependiente de lo externo, pues nuestro cerebro necesita unos cuantos voltios para poder expresar cálculos y emociones únicas y sí, los errores es lo más característico de nosotros al igual que saber manejar con intuición y razonamiento las situaciones, pero eso es algo que jamás podrá replicar una IA o al menos que se descubra la forma. Así que yo creo que no habría por que tener miedo de algo que podemos guiar por un camino correcto o que consideremos moral y ético, pues el resultado será completamente esperado.
La Inteligencia Artificial nos asusta porque, al igual que el monstruo de Frankenstein, tememos crear algo que no podemos controlar. El problema principal no es que la IA sea más inteligente, sino que le falta algo crucial, el sentido moral, la IA es amoral porque solo sigue reglas claras y perfectas . No puede «captar» los sentimientos personales, ni las situaciones que son complejas, ya que estas que son la base de la ética humana. Las decisiones morales de las personas dependen de la experiencia y los matices; una máquina no tiene eso.
La Inteligencia Artificial nos asusta porque, al igual que el monstruo de Frankenstein, tememos crear algo que no podemos controlar. El problema principal no es que la IA sea más inteligente, sino que le falta algo crucial: sentido moral.
La IA es amoral porque solo sigue reglas claras y perfectas . No puede «captar» los sentimientos personales ni las situaciones complejas que son la base de la ética humana. Las decisiones morales de las personas dependen de la experiencia y los matices; una máquina no tiene eso.
La lectura me pareció muy interesante porque no busca atacar el uso de la inteligencia artificial, sino más bien explicar cómo se relaciona con nuestra inteligencia humana. En lo personal, sí hago uso de la IA, pero algo que me hizo mucho sentido fue cuando menciona que esta aunque puede ser veloz y tener muchas respuestas, no tiene capacidad de comprensión y reflexión, cualidades que solo nosotros como humanos tenemos.
Eso me hizo pensar en lo valioso que es saber usar de manera consciente nuestras capacidades humanas. El hecho de poder tomar decisiones a partir de nuestra propia reflexión ya nos coloca por encima de una inteligencia basada en códigos.
Estoy de acuerdo en que la IA puede ayudarnos a hacer la vida “más fácil”, pero también debemos aprender a manejarla correctamente. Por ejemplo, cuando no comprendo bien un tema o un texto del libro, suelo pedirle que me lo explique de forma sencilla, y esa es una manera muy útil de aprovechar esta gran herramienta sin dejar de enriquecer mi propia inteligencia y mi manera de pensar.
Y bueno, la inteligencia artificial puede ser una gran aliada, siempre y cuando recordemos que ninguna máquina puede reemplazar nuestra capacidad de sentir, razonar y aprender desde la experiencia humana.
Me pareció un artículo muy interesante porque muestra cómo la inteligencia artificial sigue siendo un tema controversial. Aunque la IA puede hacer tareas con gran precisión, no puede reemplazar lo que nos hace humanos: nuestras emociones, experiencias y manera de comprender el mundo. Por eso, más que verla como sustituta, debemos usarla con responsabilidad y recordar que ninguna máquina puede igualar la esencia humana.
Desde mi punto de vista, el artículo del Dr. Luis Muñoz Fernández es un excelente estudio que aborda de manera consciente la bioética en la inteligencia artificial. Utiliza la metáfora de Frankenstein para ilustrar el miedo no solo a la inteligencia artificial en sí misma, sino también a la falta de responsabilidad ética en su desarrollo tecnológico. Personalmente, creo que el valor de esta publicación está en su crítica al dataismo, la idea de que no somos más que datos. El Dr. Muñoz Fernandez defiende la dignidad humana demostrando convincentemente que la inteligencia humana posee cualidades inigualables que la inteligencia artificial no puede replicar. Enfatiza que la inteligencia artificial carece de conciencia y vulnerabilidad, cualidades esenciales que dan forma a nuestra práctica médica. Este artículo nos invita a tener cuidado, recordándonos que, si bien la inteligencia artificial es muy poderosa, no deja de ser solo una herramienta. El mensaje transmite que no debemos humanizar la tecnología y asegurar que nuestros valores guíen su desarrollo, en lugar de permitir que reemplace nuestras capacidades y nuestra humanidad.
La inteligencia artificial es una herramienta que puede dar miedo de usar, pero creo que estamos lejos de usarla como reemplazo para nuestra persona, como lo son las sensasiones o emosiones, la ia sigue siendo muy recta de forma que la creatividad es nula (todo lo creado por ella es una copia de algo ya escrito por nosotros) creo que seria interesante ver en que aspectos nos puede beneficiar esta herramienta, ya que ciertamente sería una ayuda facinante para ahorrar tiempo y dinero para cuertas actividades.
Personalmente se me hace una comparación muy interesante y exacta la que hace el autor porque en cierto modo la «inteligencia artificial» así como tiene ventajas tiene desventajas. Creo que es una herramienta muy útil pero no podemos dejar que a futuro dependamos de ella, porque como bien lo dice es una herramienta de cálculo que tiene de base 100% al metodo cientifico y no podemos dejar de lado lo cotidiano como darle un sentido a las situaciones que vivimos y convivir con otras personas. La conclusión se me hace algo muy bueno que es saber guiar a la IA por un camino de humanizacion para poder darle limites y usarla como una herramienta adecuada, no verla como competencia o sustitución, hay que completar lo correcto de la maquina con la
espontaneidad de lo humano.
Me parece algo aterrador el uso de la inteligencia artificial, el hecho de que actividades como ciertos empleos y hasta incluso el pensamiento sea remplazado por un robot, creo que es una facilidad increíble en el aspecto de ahorrar tiempo, pero su uso debe ser de forma muy responsable, y no abusar por qué la falta de actividad cerebral genera mala memoria, mal pensamiento, agilidad mental entre muchos más.
Me recordó como he conocido a personas que le cuentan sus problemas a las ias, les piden consejos o información muy personal, cuando realmente uno no sabe quien tiene acceso a todo eso o quienes la alimentan todos los días, no hay nada como la interacción en un ambiente presencial y cómo aprender algo todos los días con mucha productividad, entonces diría que la inteligencia artificial que tenemos actualmente es suficiente como para humanizarla traería muchos impactos negativos para generaciones todavía más pequeñas que nosotros, nuestro cerebro es una máquina tan increíble que solo tenemos que aprender a utilizarla.
Me parece muy interesante la comparativa entre Frankestein y la inteligencia artificial y como está lleva a la reflexión del actuar del ser humano, ya que este siempre busca por medio de sus creaciones crear una consciencia nueva, talvez para no sentirse como la única especie que sea parecida a nosotros.
También me pareció muy interesante la forma en la que diferencia a la Inteligencia Artificial (IA) y a la inteligencia humana y por qué no nos podría llegar a reemplazar la IA, aún que me parece que el ser humano buscará inevitablemente que la IA llegue a un punto en el que sea lo más parecida a nosotros, si bien aún no podemos imaginar como esto podría llegar a pasar, la IA cuenta con una forma de aprender mecanizada ¿Que la detendría de aprender a aprender a pensar de una forma más humana? Tal vez la programación con la que se le diseñó, pero si la programamos para que aprenda cada vez más autonoma, será inevitable que pueda aprender a hacerlo.
La idea de que la inteligencia artificial llegue en algún momento a «reemplazar» la inteligencia humana es algo que recientemente se ha vuelto relevante, sin embargo, como menciona la inteligencia artificial y humana no son las mismas, cada una tiene enfoques y propósitos diferentes, en un inicio algo que me gusta pensar es que la inteligencia humana encuentra su sentido o prosito en lo más básico, la supervivencia, la curiosidad y la satisfacción de nuestras necesidades, a mi parecer estos son en un principio de forma explícita o implícita la razón por la cual realizamos nuestras propias acciones, así mismo, la inteligencia artificial también se realizó con un propósito el cual es distinto al nuestro, en un principio se consideró como una herramienta, la cual debería ayudarnos a seguir progresando.
Muchos se enfocan en las fortalezas de la inteligencia artificial que en la inteligencia humana parecen ser debilidades, pero debemos recordar su propósito, esta intenta mejor en los aspectos que parecemos tener desventajas.
Yo considero que la inteligencia artificial no llegará en ningún momento a sustituir la inteligencia humana, a menos que ese sea el propósito por el cual la estemos desarrollando.
Los seres humanos temen a lo que no conocen, a lo que no entienden y a lo que no está bajo si control, por ello, la idea de que una inteligencia artificial pueda desarrollar características de la inteligencia humana y se vuelva independiente, genera un miedo para la sociedad, como cuando Frankenstein se revela y se sale de control en el relato de terror de Mary Shelley. Sin embargo, me a mi parecer, y concordando con lo mencionado en el artículo, en lugar de aterrarnos por consecuencias tan poco probables, deberíamos ser más responsables sobre el desarrollo de estas tecnologías y su implementación.
Estamos en un momento donde la inteligencia artificial está en un punto demasiado avanzado, donde aveces no identificamos ya lo que es real y que no. Esto nos trae varios opciones positivas y negativas, y es ese punto donde tenemos que empezar a utilizar nuestro pensamiento crítico, si bien es una herramienta muy útil para diversas situaciones del día a día tenemos que entender en qué situaciones tenemos que utilizarla, a si mismo identificar y no caer es un ciclo donde dejemos toda nuestra dependencia a ella. De estar forma es como nos puede traer positivismo a nuestra vida, mantenernos en una postura donde la utilicemos bajo un buen criterio, sin abusar de ella. Al final de cuestas cae sobre nosotros el uso que le demos y que nos lleve a una respuesta positiva o negativa
El texto me pareció más una reflexión sobre los límites de la inteligencia artificial que una comparación directa con Frankenstein. Aunque el título lo sugiere, el autor solo usa esa historia como punto de partida para hablar del miedo que sentimos ante nuestras propias creaciones. Lo que más me llamó la atención fue cuando dice que la IA “no lleva a cabo todas las tareas de la inteligencia humana”, porque me parece cierto: por más avanzada que sea, sigue sin poder comprender el contexto, tener intuición o manejar la ambigüedad como nosotros.
También me pareció muy interesante lo que menciona sobre el sentido común y la inexactitud. Innerarity dice que “la inteligencia humana no consiste en actuar conforme a reglas”, y eso se nota incluso en el trabajo médico, donde muchas decisiones no se toman solo con datos, sino con experiencia y empatía. En ese sentido, entiendo la inquietud del autor: si reducimos todo a cálculos, dejamos fuera lo más humano de la inteligencia.
En general, no sentí el texto como una advertencia apocalíptica, sino como una invitación a mantener un equilibrio entre la razón y la comprensión. Más que temerle a un “nuevo Frankenstein”, el mensaje que me deja es que debemos usar la IA sin olvidar que, al final, seguimos siendo nosotros quienes le damos sentido.
Es admirable la profundidad a la que se puede llegar simplemente relacionando dos temas. Siempre me ha cautivado la simplicidad y al mismo tiempo la complejidad que tiene el ser humano desde diferentes perspectivas, ciertamente no todo el tiempo nos tomamos un tiempo para reflexionar en lo complejo. Esta publicación me hizo pensar en lo que la IA jamás va a poder suplantar al hombre, aprender a disfrutar la naturaleza humana es placentero.
El texto me hizo pensar mucho en cómo la inteligencia artificial está cambiando lo que entendemos por ser humanos. El autor compara esta situación con la historia de Frankenstein, y creo que tiene razón: estamos creando cosas tan avanzadas que a veces olvidamos pensar en las consecuencias. Así como el doctor Frankenstein no pensó en lo que pasaría después de dar vida a su criatura, nosotros también corremos el riesgo de avanzar en la tecnología sin detenernos a reflexionar.
Lo que más me gustó del texto es que no solo habla del miedo a que las máquinas nos reemplacen, sino del peligro de empezar a pensar como ellas. Es decir, de dejar de lado lo que nos hace humanos: sentir, equivocarnos, tener empatía y emociones. Me hizo darme cuenta de que la tecnología puede ser una gran ayuda, pero también puede alejarnos de nosotros mismos si no sabemos ponerle límites. Esto nos recuerda que el progreso no solo debe medirse por lo que logramos crear, sino por cómo usamos esas creaciones. Podemos hacer muchas cosas increíbles con la inteligencia artificial, pero siempre debemos hacerlo con responsabilidad y sin perder lo más importante: nuestra humanidad.
Me pareció un artículo muy interesante porque muestra cómo la inteligencia artificial sigue siendo un tema controversial. Aunque la IA puede hacer tareas con gran precisión, no puede reemplazar lo que nos hace humanos: nuestras emociones, experiencias y manera de comprender el mundo.
Por eso, más que verla como sustituta, debemos usarla con responsabilidad y recordar que ninguna máquina puede igualar la esencia humana.
En mi opinión, el artículo es una lectura importante para predecir un poco el futuro de la tecnología y la humanidad. El enfoque del texto muestra una perspectiva crítica y humanista que nos recuerda que la verdadera amenaza no es la tecnología en sí, sino nuestra falta de sabiduría y previsión ética al usarla en ocasiones, no se debe poner toda la confianza en una inteligencia artificial ya que, al igual que nosotros puede llegar a tener errores. En el futuro esa tecnología nos superará y debemos poner límites a ella.
El artículo dice que la Inteligencia Artificial (IA) es como el moderno Frankenstein, algo que nos fascina, pero a la vez nos da miedo. La cosa no es si la IA nos va a superar, sino que son inteligencias distintas. El autor cree que la IA es solo una calculadora rapidísima, mientras que la inteligencia humana tiene «algo más» que no se puede meter en números o datos, como la comprensión y la reflexión.
Hay siete cosas que nos hacen únicos y que la IA (probablemente) nunca va a poder copiar, como por ejemplo: el sentido común (saber de qué va la situación sin que te expliquen todo), ser reflexivos (saber lo que sabemos y lo que no), manejar lo impreciso y cometer errores, y el hecho de que nuestra inteligencia está ligada a nuestro cuerpo. Además, ¡nuestro cerebro gasta menos energía y datos comparado con esos superordenadores!.
Desde mi punto de vista, el artículo del Dr. Luis Muñoz Fernández es un excelente estudio que aborda de manera consciente la bioética en la inteligencia artificial. Utiliza la metáfora de Frankenstein para ilustrar el miedo no solo a la inteligencia artificial en sí misma, sino también a la falta de responsabilidad ética en su desarrollo tecnológico. Personalmente, creo que el valor de esta publicación está en su crítica al dataismo, la idea de que no somos más que datos. El Dr. Muñoz Fernandez defiende la dignidad humana demostrando convincentemente que la inteligencia humana posee cualidades inigualables que la inteligencia artificial no puede replicar. Enfatiza que la inteligencia artificial carece de conciencia y vulnerabilidad, cualidades esenciales que dan forma a nuestra práctica médica. Este artículo nos invita a tener cuidado, recordándonos que, si bien la inteligencia artificial es muy poderosa, no deja de ser solo una herramienta. El mensaje transmite que no debemos humanizar la tecnología y asegurar que nuestros valores guíen su desarrollo, en lugar de permitir que reemplace nuestras capacidades y nuestra humanidad.
El texto me hizo pensar mucho en cómo la inteligencia artificial está cambiando lo que entendemos por ser humanos. El autor compara esta situación con la historia de Frankenstein, y creo que tiene razón: estamos creando cosas tan avanzadas que a veces olvidamos pensar en las consecuencias. Así como el doctor Frankenstein no pensó en lo que pasaría después de dar vida a su criatura, nosotros también corremos el riesgo de avanzar en la tecnología sin detenernos a reflexionar.
Lo que más me gustó del texto es que no solo habla del miedo a que las máquinas nos reemplacen, sino del peligro de empezar a pensar como ellas. Es decir, de dejar de lado lo que nos hace humanos: sentir, equivocarnos, tener empatía y emociones. Me hizo darme cuenta de que la tecnología puede ser una gran ayuda, pero también puede alejarnos de nosotros mismos si no sabemos ponerle límites. Esto nos recuerda que el progreso no solo debe medirse por lo que logramos crear, sino por cómo usamos esas creaciones. Podemos hacer muchas cosas increíbles con la inteligencia artificial, pero siempre debemos hacerlo con responsabilidad y sin perder lo más importante: nuestra humanidad.
El desarrollo de la inteligencia artificial es un gran avance, así como también trae consigo la incertidumbre. Aunque las máquinas pueden superarnos como seres humanos en cuanto a la velocidad de los cálculos y procesamiento, el funcionamiento de estas carece de comprensión , intuición , emoción y un sentido moral; estos son elementos que, como tal, definen a un ser humano. Es por ello que el verdadero desafío no se trata de que una inteligencia nos reemplace, sino que la verdadera inteligencia no se mide por la cantidad de datos que se manejan, sino por aquellas capacidades de poder empatizar, reflexionar, desarrollar la creatividad y la habilidad de imaginar, dudar y sentir, pero sobre todo el significado que le damos a la experiencia de lo adquirido.
El artículo «Frankenstein a la vuelta de la esquina» utiliza la metáfora del monstruo de Mary Shelley para analizar el temor que genera la inteligencia artificial. El autor, Luis Muñoz Fernández, argumenta que, más allá del miedo a una creación incontrolable, debemos reconocer que la realidad y los seres vivos poseen aspectos «intangibles» que no pueden reducirse a simples datos. Apoyándose en el filósofo Daniel Innerarity, el texto distingue la naturaleza de la inteligencia humana de la artificial, señalando que la IA es una potente herramienta de cálculo, pero carece de la verdadera comprensión, el sentido común, la reflexividad, la gestión de la ambigüedad o la inteligencia corporal que definen al ser humano. Se concluye que, al ser de naturalezas distintas, no están en competencia, y que una «superinteligencia» basada solo en el cálculo, sin los matices humanos, sería en realidad «bastante estúpida».
El texto habla sobre como la inteligencia artificial poco a poco se ah ido convirtiendo en una herramienta que antes jamás se hubiera imaginado mas sin embargo de una forma no explicita se daban indicios como el relato de Frankenstein.
Pero se refuerza la idea de como esta herramienta debe de ser un apoyo mas a la humanidad y no depender completamente de ella, ya que si bien es demasiado eficiente en ciertos aspectos y muy rápida en algunos otros jamás podrá ser como una inteligencia humana, porque no tiene razón se ser, empatía entre algunas otras habilidades que son clave en un ambiente cotidiano.
En resumen pienso que la inteligencia artificial debe adaptarse a cuartos y no al revés ya que si bien a sido un parteaguas muy relevante en los últimos tiempos, debemos de considerar las bases de nuestro pensamiento lógico y establecer limites para fortalecer nuestras habilidades como era en un pasado.
Cuando lo leí me di cuenta del porqué se llama así, y tiene sentido, si recordamos la historia de Shelley, podemos darnos cuenta de que hay en realidad varias similitudes de la historia con lo que está pasando y se especula que podría pasar en un tiempo.
¿El «pánico» a ser superados por la IA?
Es una gran premisa para el texto y para varias platicas con compañeros y docentes del tema, comparandolo con la medicina (que es la carrera que estudio actualmente y que pienso ejercer), me da cierta incertidumbre el saber que, actualmente, mostrando una imagen de alguna radiografía, tomografía o ultrasonido a una IA, o simplemente con poner sus síntomas, signos y antecedentes familiares, podría darnos una respuesta con una grande certeza sobre lo que padece el paciente, a lo que estuvo expuesto, e incluso por lo que podría manifestarse en un futuro.
Como estudiante, uso estas herramientas a menudo, me ayudan a comprender temas que se me llegan a complicar, pero entiendo la inquietud de los grandes maestros en estas ramas, y generalmente de cualquier disciplina.
Me preguntó a veces, ¿seré suficiente para los requerimientos del futuro?
¿Para los nuevos diagnósticos y uso de las TICS en el día a día que se vivirán?
O simplemente podemos ser, vaya, reemplazados en ciertas ramas y tareas que, en anteriores años, eran de ocupación profesional de personal de salud.
Sin duda es un texto que aborda un tema clásico que da que pensar, esta situación que vivimos y que día a día se va desarrollando cada vez más y más, hasta cierto punto es normal que despierte cierta incertidumbre.
Aborda con mucha honestidad y profundidad un tema que nos toca a todos como seres humanos.
Me parece acertado que se subraye que la inteligencia humana es mucho más que cálculo o rapidez; incluye intuición, sentido común, aprendizaje desde la experiencia y también la capacidad de dudar y aprender de los errores, algo que no puede replicar la IA tal como la conocemos.
Comparto la preocupación por el impacto ambiental que implica el uso masivo de estas tecnologías.
El artículo me hizo reflexionar sobre la importancia de valorar nuestras características únicas y no dejarnos llevar solo por la fascinación tecnológica, manteniendo una mirada crítica y ética hacia el desarrollo de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías.
El texto me hizo pensar mucho en cómo la inteligencia artificial está cambiando lo que entendemos por ser humanos. El autor compara esta situación con la historia de Frankenstein, y creo que tiene razón: estamos creando cosas tan avanzadas que a veces olvidamos pensar en las consecuencias. Así como el doctor Frankenstein no pensó en lo que pasaría después de dar vida a su criatura, nosotros también corremos el riesgo de avanzar en la tecnología sin detenernos a reflexionar.
Lo que más me gustó del texto es que no solo habla del miedo a que las máquinas nos reemplacen, sino del peligro de empezar a pensar como ellas. Es decir, de dejar de lado lo que nos hace humanos: sentir, equivocarnos, tener empatía y emociones. Me hizo darme cuenta de que la tecnología puede ser una gran ayuda, pero también puede alejarnos de nosotros mismos si no sabemos ponerle límites. Esto nos recuerda que el progreso no solo debe medirse por lo que logramos crear, sino por cómo usamos esas creaciones. Podemos hacer muchas cosas increíbles con la inteligencia artificial, pero siempre debemos hacerlo con responsabilidad y sin perder lo más importante: nuestra humanidad.
La Inteligencia Artificial nos asusta porque, al igual que el monstruo de Frankenstein, tememos crear algo que no podemos controlar. El problema principal no es que la IA sea más inteligente, sino que le falta algo crucial: sentido moral. La IA es amoral porque solo sigue reglas claras y perfectas . No puede «captar» los sentimientos personales ni las situaciones complejas que son la base de la ética humana. Las decisiones morales de las personas dependen de la experiencia y los matices; una máquina no tiene eso.
Al leer el artículo que compara la inteligencia artificial con el monstruo de Frankenstein nos muestra cómo algo que creamos con buenas intenciones puede terminar saliéndose de control si no pensamos bien en sus consecuencias. Habla de que la tecnología avanza muy rápido pero llegamos a olvidar lo que es importante, la empatía, las emociones y el sentido común. Las máquinas pueden ser inteligentes, pero no pueden sentir ni entender el mundo como nosotros. Y creo que eso es lo que importa.
El artículo me invitó a una reflexión interesante sobre mi relación entre la IA y yo persona, en especial con ese guiño al monstruo de Frankenstein, una vieja analogía fascinante pero inquietante, pues deja entredicho qué la IA a pesar de todos sus avances apantallantes en poco tiempo, aún está a distancias increíbles de la verdadero inteligencia.
Según se cita a Daniel Innerarity, la IA carece de elementos básicos como el sentido común, la inteligencia corporal, conocimiento implícito, economía energética y el que es para mi el elemento más contrastante, la capacidad de reflexionar sobre todo y sobre uno mismo. En eso coincido que son rasgos muy complejos y propios, pero no creo que sean imposibles de replicar o al menos de aproximarse con el tiempo.
Se nos menciona recalcadamente que la IA está condenada a ser una herramienta sin comprensión o autopercepción, pero me parece que eso subestima muchísimo la velocidad y complejidad del progreso tecnológico en nuestros días, pues por ejemplo, los estándares actuales de aprendizaje profundo ya pueden lidiar con información ambigua, aprender de múltiples dominios o áreas, y a partir de ello, formar una pizca de «conocimiento nuevo» a partir de grandes cantidades de datos, algo que no me creería si me lo dijeran hace un par de años.
En lo personal, creo que la IA sí puede llegar, eventualmente, a un nivel de adaptación comparable al humano, y no pienso que deba ser igual nuestra mente para ser llamada inteligente, pues pecariamos de ignorar lo que ya se planteo hace dos siglos en el monstruo de Frankenstein, que lo aterrador no es que nuestra creación sea distinta, sino que nos supere en ámbitos donde aun creemos tener toda la razón, y control.
El avance de la IA ha sido prominente en los últimos años, en muchas áreas, se ha llegado a pensar en la sustitución de personal humano en ciertas áreas como el diseño gráfico debido a la alta calidad de trabajo que incluso se llegó a probar en anuncios.
Siento que la idea de la singularidad de la IA es una idea que trasciende todo lo sabido de la IA hasta ahora, es una idea que significaría que podria llegar a significar que el ser humano se ha quedado obsoleto en su propio punto de vista, pues llegaría una máquina con un procesamiento capaz de resolver los problemas habidos y por haber, una idea de alguien capaz de resolver todo por nosotros, (como chat gpt) en mi opinión, hasta cierto punto significaría perder parte de nuestra autonomia y propiedad por nuestras propias invenciones y decisiones, esto si hablamos de ámbito de desarrollo científico ya que la IA nos ha superado en variedad de habilidades cognitivas pero, pienso que igualar la naturaleza humana e incluso superarla está algo lejos aún según muchos estudios, si hablamos del amplio espectro de cognición humana y tal como dice el artículo, los humanos contamos con una serie de capacidades cognitivas que, para algo basado en algoritmos y que no tiene capacidad de reflexión, autoaprendizaje y percepción completa de un entorno externo, es imposible de aprender.
Cosas como las emociones humanas, el poder percibirse asi mismo en un espacio y tener capacidad de elección es algo que está lejos para una IA, y ni hablar de los recursos que consume, si hablamos de la rentabilidad que tiene ahora no sería sostenible.
Se ha visto que ha sido un gran avance, pero el hablar de que iguale o supere a la humanidad en cuestión de cognición o inteligencia, siendo está última aún objeto de mucho estudio está lejos del alcance aún en mi opinión.
Con el avance de ahora, IA’S como chat gpt e incluso ordenadores cuánticos, siguen siendo calculadoras para los humanos, no dudo que en algún momento nos podamos acercar mucho a la idea de un androide tomando el punto de referencia de Frankenstein, pero aún existe gran tramo por recorrer.
Me pareció muy interesante el artículo, ya que habla sobre cómo los avances tecnológicos, específicamente la inteligencia artificial, están llegando a un punto donde cosas que antes solo imaginábamos en películas ya están ocurriendo en la vida real. También me hizo pensar en hasta qué punto deberíamos permitir que las máquinas hagan tareas que antes solo los humanos podíamos realizar, y qué consecuencias puede tener eso en nuestra forma de entender el mundo. Mi reflexión es que la inteligencia artificial no debe verse como una “amenaza”, sino como una herramienta que puede ayudarnos mucho si la usamos con responsabilidad. Sin embargo, no podemos dejar que todo dependa de ella, porque la tecnología no puede reemplazar cosas tan importantes como la empatía, la ética o la capacidad de decidir con sentido humano.
Me parece interesante el hecho de mencionar La Ilíada, de Homero, y la metáfora de Frankenstein, de Mary Shelley, en relación con la IA lo cual nos apunta que la idea de crear algo a nuestra semejanza para hacernos la vida más sencilla siempre ha existido; sin embargo, es hasta la actualidad que parece ser una realidad.
La IA solo está alimentada de bases de datos, patrones a seguir, a diferencia de los seres humanos, que, por medio de la experiencia que nos da nuestro entorno, vamos forjando un carácter que nos permite ver, sentir y comprender lo que nos aqueja y aplicarlo a la vida diaria.
Desde mi punto de vista, lo que nos hace más humanos es la inteligencia emocional: la capacidad de sentir, la empatía, nuestros valores. La IA carece de todo esto, además de lo que el autor menciona: sentido común, reflexividad, inexactitud, etc.
La IA es una gran herramienta y sería excelente usarla para facilitarnos el trabajo, más nunca sustituirlo. Podemos tomar el artículo como una invitación a decidir por nosotros mismos hasta dónde queremos ser reemplazados por una creación de nuestra propia arrogancia y desidia.
Me parece que este tipo de cuestiones deben tomar ambos extremos de la situación, con el titánico avance de la tecnología y el cómo nosotros usamos la inteligencia artificial me hace pensar que no sería descabellado que en un futuro pueda surgir la «vida» en nuestro concepto creada artificialmente a partir de todo el conocimiento y datos que va adquiriendo con el uso que le damos, existe el temor que los humanos dejemos de ser indispensables para el funcionamiento de las máquinas encargadas de la inteligencia artificial, más sin embargo , pienso que con un correcto manejo en el pensamiento y avance de estás inteligencias podrian sernos de mucha utilidad en todos los ámbitos existen, al final del día en estos hipotéticos casos es una vida de la que se habla, y cuando se usa este término conlleva derechos humanos, por lo que ¿Cómo deberíamos tratarla en caso de que logremos crear algo tan extraordinario?
Algo que me hizo pensar el texto a medida en que lo iba leyendo es…
El aprendizaje se toma como algo natural proveniente del ser humano debido a su capacidad de raciocinio y análisis algo que se ve reflejado en la ciencia y sus diferentes ramas, aunque debido a los tiempos que corren se ha visto la tendencia de mecanizar el conocimiento, siendo reflejo de ello la IA con su gran capacidad para calcular y resolver cuestiones o problemas de manera rápida y eficaz.
A pesar de ello, ha causado revuelo y polémica en distintos ámbitos debido a su potencial para superar a la inteligencia humana, como se puede ver en el ámbito académico y el artístico. Un claro paralelismo al monstruo de Mary Shelley debido al alboroto que causaba su extraña naturaleza e incluso una abominación para la vida misma.
Pero a pesar de todo el potencial que tiene la IA y sus grandes progresos que van cada vez más rápido, resulta complicado que se pueda acercar a la inteligencia humana, ya que la propia virtud que la hace relucir es la misma por la que fracasa, la naturaleza del aprendizaje no se trata de seguir un procedimiento o una serie de comandos, se trata de recorrer un largo camino de reflexión y entendimiento de lo que nos rodea o de lo que no está o puede estar. El aprendizaje nos lleva a buscar distintas maneras de hacer o entender, experimentar, probar o sentir; son maneras en las que un ser humano logra adquirir conocimiento, no simplemente imitar como lo hace la IA.
Es por ello que, al igual que Frankenstein, no puede haber vida en algo muerto y no puede haber aprendizaje en algo mecánico, donde el único avance que se logra es cumplir con lo que se pide sin trascender.
Me hace pensar la incertidumbre que nos puede dar el hecho de crear inteligencia artificial, el miedo que se tenía desde antes de que una máquina pueda superar a su creador en funciones, aunque da miedo el hecho de que pueda suceder ese acontecimiento de «superación» hay varias cosas que una IA no puede desarrollar como lo hace un humano, cosas solo el sentido común o una conexión emocional, cosas que se desarrollan en el día a día y mediante experiencias adquiridas como ser humano aunque se busca el hecho de la «superación» de la máquina ya que puede usarse como una gran herramienta para el desarrollo humano también genera miedo e incertidumbre dado que hay cosas que no son previsibles con números sobre el desarrollo que pueda tener esa máquina y lo que pueda suceder si eso pasa y ya hay casos sobre el temor que causa eso en la gente obras como Frankenstein nos muestran ese miedo por las máquinas o simplemente porque ya no seamos «útiles» y pasemos a ser reemplazables por algo como una máquina.
Creo que es cierto en qué la sociedad en general está creando muchos avances técnologicos, nuevos descubrimientos y formas de hacer todo más fácil y más simple. Tendemos a hacer todo más robótico, desde el arte con el minimalismo, hasta la digitalización de nuestra información.
Esto a mi punto de vista es muy cuestionable, porque así como dice el texto, esto es quitarle la escencia a las personas, quitarle lo que los hace únicos y quitar toda la belleza que puede surgir de la mente humana, y esto no puede reducirse a simples datos en una computadora, o a algoritmos de inteligencia artificial que simplemente crean patrones de acuerdo a las interacciónes que tenemos las personas en redes sociales por ejemplo.
Así como mencionan, la inteligencia artificial muy probablemente (porque no lo sabemos) no puede replicar ciertos aspectos de los humanos como el sentido común, ver la belleza o gustos personales, porque creo que eso no se puede crear solo así, está basado en la visión con la que cada persona nace y va construyendo poco a poco a lo largo de su vida, y también está basada en como esa persona está influencienciada por una sociedad de muchas otras personas que imponen modas, o pensamientos, ya lo veíamos en las distintas épocas artísticas. Entonces si, creo que podríamos estar creando moustros que poco a poco van a acabar con la escencia de cada persona.
De hecho hasta incluso en muchos aspectos actuales ya se está empezando a hacer eso, un ejemplo de ello es como en la época actual, muchas empresas diferentes de auto están creando modelos muy similares entre si, y esto refleja que la sociedad no solo está basada en los avances técnologicos, si no también en como intereses económicos, y lo que se vende y no se vende.
La IA es una gran herramienta para hacer más eficientes muchas interacciónes entre una persona y la información o el servicio que quiere conseguir, pero si esto se escala demaciado, puede llegar a un punto donde las personas no tengan escencia propia, y solo sea un copia y pega de un molde que la inteligencia artificial les da a cada uno.
Desde el punto de vista humano la IA puede aydarnos o facilitarnos algunas tareas, pero esta inteligencia no puede reflexionar no tiene una <> como los humanos, debemos deternos a pensar tambien en las consecuencias del abuso en la IA en nuestra vida cotidiana.
Desde mi punto de vista como estudiante me causa incertidumbre si en algun momento la profesion a la que me dedique sea reemplazado por una maquina si bien la IA tine mucha fuente de datos; la empatia, el criterio, el juicio es algo que nos caracteriza a nosotros los humanos y no debemos olvidarnos de eso.
¡Tanta razón! Estamos viviendo justo aquello que Mary Shelley imaginó hace más de dos siglos: la posibilidad de crear vida o inteligencia por medios humanos. Pero, ¿Estaremos realmente preparados como sociedad?
Desde los mitos griegos el ser humano ha soñado con crear réplicas de sí mismo. Aquello que antes parecía solo un juego literario, hoy empieza a tomar forma frente a nosotros. La tecnología avanza con una velocidad impresionante; sin embargo, tampoco creo que nuestra ética, nuestra empatía o entendimiento colectivo de lo humano y del progreso vayan al mismo ritmo.
Hay algo en lo vivo que se resiste a ser reducido a números o fórmulas. Podemos describir, calcular, reproducir… pero si olvidamos el sentido humano de ese acto, el progreso se vuelve vacío. No es la ciencia per sé lo que nos amenaza, sino la forma en que elegimos usarla.
Crear no es malo; de hecho, la considero una de las expresiones más profundas y puras de la naturaleza humana. Lo verdaderamente peligroso es crear sin comprender del todo el alcance de lo que se crea. Cada avance, por brillante que parezca, lleva consigo una responsabilidad que a menudo olvidamos. Ni el hombre ni el progreso están libres de error, y los logros de hoy pueden volverse amenazas del mañana.
Aún así, Frankenstein no fue castigado por su curiosidad, sino por su indiferencia ante las consecuencias de su propia obra: por mirar hacia otro lado cuando lo humano le exigía hacerse responsable de su creación y cuando lo creado le exigía humanidad. Por eso la analogía me parece tan perfecta.
Nuestras creaciones, se vuelven monstruos cuando las hacemos sin fundamento y las dejamos sin propósito, sin una guía clara de qué hacer y por qué.
Ahí encuentro la lección más actual: la ciencia sin consciencia termina creando monstruos. Cuando aceptamos sin cuestionar lo novedoso, cuando confundimos la facilidad de crear con la capacidad de entender lo que creamos.