Tiene que ser confiable

Adela Cortina plantea una pregunta que sirve de título a una de sus obras, ¿Para qué sirve realmente la ética? Y exhibe un esquema de costos de la deshonestidad y de las prácticas sociales inadecuadas que se ensañan en contra de los más vulnerables.

En nuestro país hemos normalizado que, mientras no nos afecte directamente, consideramos que somos ajenos a cualquier problema; esta falta de solidaridad, de subsidiariedad ha destruido el tejido social y nos ha colocado en la situación actual. “Hágase la voluntad de dios en los bueyes de mi compadre” se erige en un mantra cotidiano. Incluso responsabilizar a otros sin asumir el costo de las decisiones individuales se ha perpetuado, cada día se busca cargar a otros la ineficacia e ineficiencia de las decisiones propias.

Los incentivos públicos (a veces los privados) provocan que sea preferible incumplir las normas ya que es más fácil, barato o incluso redituable. Eso nos han hecho creer. En el balance mental entre cumplir o no la ley, la corrupción y la impunidad nos presentan episodios que parecen favorables, pagar la multa 800 pesos, sobornar al oficial 200. No devolver centavos en las compras suma y suma, con eso puedo pagar menos sueldos, se complementa así el salario (mediante la informalidad) y ¿quién se podría quejar de que no le devuelvan 30 centavos?

Pero este modelo, por mínima que sea la falta tiene un costo oculto, ¿quién me dice que el policía que recibe 200 pesos por no infraccionarme luego acepta 10 000 por dejar pasar un cargamento o 25 000 por desaparecer a alguien?

Cuando un político extranjero nos dice ladrones nos ofende y humilla, pero somos el país 136 de 142 en el Índice de Corrupción del World Justice Project, y a pesar del discurso oficialista de rectitud la realidad nos demuestra todos los días que no es cierto. La omisión —impune— de las obligaciones básicas de la autoridad es deshonestidad y genera un ambiente poco propicio a la sociedad. Es responsabilidad de todos revertir el sentimiento de injusticia que impera en México.

La simulación nos ha hecho daño. Si una institución gubernamental no presta adecuadamente los servicios de salud se escuda en que no le pagan las cuotas, los empresarios no pagan porque prestan mal servicio (o por incrementar sus márgenes) y en este círculo perverso el afectado es el que menos tiene. A la vez, si cualquier ciudadano se queja y exige se le dice golpista u opositor o movido por intereses ocultos… o peor aún, le mandan auditorías.

Hay muchos modos de corrupción: cuando hay incapacidad para cumplir una encomienda, o se aprovecha la posición para beneficios personales que pueden ir desde lo económico o la acumulación o conservación del poder indebido, las canonjías, prebendas y la simulación, el tráfico de influencias, el conflicto de interés, la mentira, la manipulación de la verdad, la falsa promesa. Incluso sólo gobernar para tus adeptos y no para todos, entre otras muy cotidianas en la escena mundial actual.

Las decisiones gubernamentales inciden diariamente en nuestra vida. Conseguir un medicamento no debería ser un trámite complejo, tortuoso o peor aun imposible, más todavía cuando ya los pagué con mis impuestos.

Ilustración: Víctor Solís

A nivel global, 4000 millones de personas tendremos en este año elecciones democráticas, debemos tomar conciencia de la integridad de las personas para elegir a nuestros representantes y pensar en el concepto de confiabilidad.

Hay quienes distinguen la confianza de la confiabilidad, donde la confianza sería la decisión de correr un riesgo y confiar en otro y, en cambio, la confiabilidad sería un antecedente para confiar, y correspondería a la evaluación de las características o atributos personales en quien se va a confiar.1

¿Cómo confío en lo que propones si no puedo confiar en ti? ¿Cuáles son tus resultados? ¿Quién te acompaña? ¿Representarás a todos? ¿Nos hablarás con la verdad, aunque duela? Prometer no empobrece, dar es lo que aniquila. No solo nos debemos fijar en los qué, tenemos que revisar los cómo.

La rectitud genera confianza pública, no hay individuos perfectos y todos cometemos errores, pero debemos reflexionar objetivamente acerca de a quién le entregaremos el futuro de nuestra sociedad y el propio. No sólo debe, tiene que ser confiable.

 

Bernardo García Camino
Doctor en Derecho, miembro del Colegio de Bioética A. C.


1 Bews N, Rossouw G., “A role for business ethics in facilitating trustworthiness”, Journal of Business Ethics, 2002

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Publicado en: Justicia social