
La Muerte Médicamente Asistida (MMA) o Ayuda Médica para Morir (AMM) es una opción de terminación de vida que permite a un paciente pedir y recibir ayuda médica para morir, cuando padece una enfermedad que le causa un gran sufrimiento que no puede aliviarse. La ayuda médica se refiere a recibir los medicamentos indicados para tener una muerte segura y sin dolor. Hay dos modalidades para recibir esta ayuda: 1) cuando el personal de salud realiza la acción que causa la muerte (generalmente es un médico, pero en algunos países también puede hacerlo un enfermero profesional), y 2) cuando la ayuda se limita a proporcionar los medicamentos que la persona que desea morir toma por sí misma.
En México la AMM está prohibida, lo cual significa que muchas personas no pueden ejercer su libertad para no vivir más, debido al enorme sufrimiento o indignidad que les impone su enfermedad. Se les impide una muerte digna. Si bien en nuestro país contamos con algunos medios que favorecen una muerte sin sufrimiento en que se toman en cuenta los valores de la persona (suspender o no iniciar tratamientos, los cuidados paliativos, la voluntad anticipada), en ocasiones el medio que se requiere es la AMM. Este es el principal reto que enfrentamos en México: lograr que se respeten los deseos de quienes quieren contar con esta opción al final de su vida, pues ahora únicamente se respetan los de las personas que, por sus creencias o valores, no la quieren.
Hay posibilidades de avanzar en este objetivo y sería recomendable hacerlo por entidades federativas, empezando por la Ciudad de México; por su historia de defensa de libertades individuales, tendría buenas posibilidades de incluir esta que se refiere a elegir sobre el final de la propia vida. De esta forma nos uniríamos al grupo de países que en el mundo permiten una o ambas modalidades de MMA: Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Colombia, España, Canadá, Austria, los seis estados de Australia (faltan sus dos territorios), Nueva Zelanda, Ecuador, doce jurisdicciones de Estados Unidos y Toscana en Italia. Hay otros países en los que esta ayuda se ha aprobado, pero no se cuenta con una regulación para aplicarla: Cuba, Portugal, Inglaterra y Gales.
Los retos en nuestro país están claros: hay que defender la laicidad y no permitir que las creencias de grupos con poder interfieran en una política pública que busca respaldar la voluntad de ciudadanos que quieren contar con la posibilidad de pedir ayuda para morir si llegan a necesitarla. Con variaciones entre regiones y por características personales, la Segunda Encuesta Nacional de Opinión sobre el Derecho a Morir con Dignidad, realizada en 2022, confirmó lo que se había encontrado en 2016. Aproximadamente un 73% de los mexicanos están a favor de cambiar las leyes para permitir que las personas enfermas puedan recibir ayuda para terminar con su vida si así lo deciden. Un gran reto es establecer los criterios más adecuados para definir de la manera más justa posible quiénes tendrían acceso a esta ayuda, así como definir mecanismos para supervisar su aplicación y evitar cualquier abuso posible. La experiencia de todos los lugares en que ya se permite ayudar a morir representa un gran apoyo cuando haya que definir las pautas y procedimientos de la AMM en México
Son muchos los retos que se están enfrentando en el mundo para seguir avanzando en el respaldo del derecho a decidir cuándo y cómo morir. En primer lugar, hay países, como Francia e Irlanda, en que se están discutiendo propuestas de ley para permitir la MMA. Pero también, en algunos países en que ya se permite, como en Estados Unidos, se debe seguir defendiendo lo que se ha ganado, pues con cierta frecuencia se dan intentos para derogar leyes que han regulado la MMA desde hace años. También en este país se ha buscado, y en algunos estados se ha logrado, cambiar los criterios para que haya más personas con acceso a esta ayuda: que se reduzcan los periodos de espera, y que se permita asistir a personas no residentes de los estados en que se puede ayudar a morir. Pero hay que decir que la principal limitación es que el paciente debe ser terminal (se calcula que no vivirá más de seis meses) para poder recibir la ayuda para morir (lo mismo sucede en Australia y Nueva Zelanda), además de que sólo se permite la modalidad en que el personal de salud proporciona los medios para que sea el mismo paciente quien los tome. La situación en Estados Unidos contrasta con la de otros países en que los criterios son mucho más incluyentes: no se requiere que la persona tenga una determinada expectativa de vida y basta con que tenga un sufrimiento intolerable que no puede ser aliviado. En Países Bajos, Bélgica, España se permite ayudar a pacientes con enfermedad mental o con demencia temprana. En Países Bajos, Bélgica y Colombia se puede aplicar la eutanasia en menores.
Lo que aún no es posible en los distintos países en que se permite la MMA en alguien que desea morir por razones que no tienen que ver con padecer una enfermedad. La situación que más comprensión suscita es la de las personas que consideran “completa” su vida y este ha sido un tema que se ha investigado y discutido a profundidad en Países Bajos, donde también se han presentado iniciativas de ley para aprobar la MMA en estas personas, algo que no se ha conseguido.
Al discutir sobre el derecho a decidir el final de la propia vida, es frecuente que se argumente que cualquier persona debería tener derecho a recibir ayuda para morir bien; no solo los que están enfermos. Cierto, pero entramos en un terreno muy complicado, con el que es más fácil simpatizar a nivel teórico, pero que plantea diversas dificultades a nivel práctico. Hay que decidir si se trata de ayudar a cualquiera que lo pida. Incluso considerar si deben existir medios accesibles para que todas las personas puedan adquirirlos y terminar su vida. Se corre el riesgo de que haya personas que realmente no tengan la capacidad para tomar una decisión voluntaria y que se encuentren en un estado mental que influye en su deseo de morir, mismo que podría cambiar al recibir una atención psiquiátrica o psicológica.
Este es uno de los temas que más dividen a las diferentes asociaciones que en el mundo defienden el derecho a decidir sobre el final de la propia vida. Es una expresión de la evolución que ha tomado esta causa, “superar el modelo médico”. Pero sirve tener presente que en la mayoría de los países (a excepción de Suiza que reconoció el derecho al suicidio asistido desde los años 30 del siglo pasado), la MMA fue un logro que se dio para responder a las necesidades que expresaban pacientes recibiendo atención médica al final de la vida. Pedían ayuda para morir porque ya no se les podía ayudar de otra forma. No es que empezaran a expresarse voces pidiendo el derecho a morir por la razón que cada uno decidiera. Esta defensa es relativamente reciente y posiblemente avancemos hacia ella, pero antes habrá que superar muchos obstáculos y, por lo pronto, se debería de garantizar que los pacientes muy enfermos puedan tener ayuda para morir si así lo quieren, una situación relativamente más fácil de legislar y evaluar. Desde luego no tanto, pues de serlo, serían muchos más los países que ya estarían garantizando a todas las personas la paz de saber que, si llegan a necesitarla, tendrán una ayuda médica para morir cuando su enfermedad les haga invivible su vida. Sigamos defendiendo que esto sea pronto una realidad.
Asunción Álvarez del Río
Profesora de la Facultad de Medicina de la UNAM. Sus líneas de investigación son La muerte en la práctica médica y Dilemas éticos de las decisiones al final de la vida. Miembro del Colegio de Bioética, A.C.
Al menos ya se está tomando en cuenta que puede haber abusos en esas prácticas, pero hay que tomar en cuenta que en México el sistema judicial y de salud son un desastre lleno de acusaciones de mala praxis. Uno de los argumentos contra la pena de muerte es precisamente la posibilidad de cometer errores.
Pero la muerte médicamente asistida si es una pendiente resbaladiza, sobre todo por motivos psiquiátricos. En países Bajos, Aurelia Brouwers sufría depresión y se le concedió la eutanasia a los 28 años. En Países Bajos se les aplica la eutanasia a 60 enfermos mentales.
Desde el punto de vista sociológico, desde las primeras investigaciones sobre el suicido de Emilio Durkheim se sabe que este tipo de decisiones no son enteramente individuales, sino que hay fuerzas sociales que las van moldeando.
Muchas gracias por sus comentarios Antonio. No considero que la práctica de la muerte médicamente asistida por motivos psiquiátricos sea una prueba de una pendiente resbaladiza. El sufrimiento por una enfermedad psiquiátrica puede ser tan intolerable como el que causa una enfermedad física, pero además suele ser incomprendido. Lo determinante para aplicar la muerte médicamente asistida es comprobar que la persona con una enfermedad psiquiátrica que pide morir tenga la capacidad para decidir. Hay que tener presente que el hecho de padecer una enfermedad así no implica que siempre esté afectada esta capacidad. Sería discriminatorio decidir no dar esta ayuda solo porque el motivo del sufrimiento se debe a una enfermedad psiquiátrica y no física. Así lo han considerado en los países en que se permite la muerte médicamente asistida para estas personas. Paciente psiquiátricos que cuentan con esta ayuda han dicho que saber eso les permite seguir viviendo por la tranquilidad que les da.