Religión y maltrato animal, ¿cúal ética requerimos?

Crédito: Víctor Solís

El papel de la religión en el trato hacia los animales distintos a los humanos es una madeja interesante, porque involucra a distintas éticas religiosas, a la ética laica, a la libertad religiosa y al bien público. Saber u opinar sobre lo qué es correcto, ético y permisible en una sociedad determinada (por ejemplo, la nuestra) requiere de mucho cuidado para encontrar los diversos hilos de esa madeja y ayudar a separarlos para evitar embrollos y decisiones que eventualmente afecten los derechos de las personas y los otros animales.

Desde una perspectiva laica, como lo es la del Colegio de Bioética, paradójicamente, lo primero que hay que hacer es desacralizar a las religiones, por lo menos en esta materia. Me refiero a que éstas, en general, son percibidas como instrumento de paz y convivencia no sangrienta. Sin embargo, la sangre suele correr por muchos lados. Tomemos un ejemplo, común, pero poco advertido. En la misa católica se reitera de manera permanente, desde hace muchos siglos, el ritual de la eucaristía, es decir la consagración del pan y el vino, que se convierten, literalmente, mediante el fenómeno de la transubstanciación, en el cuerpo y la sangre de cristo, que el sacerdote y los feligreses comen y beben. Los católicos en general no están conscientes de que se están comiendo el cuerpo de cristo y están bebiendo su sangre, porque sólo ven vino y ostias, pero en términos doctrinales eso es carne y sangre. Ese acto de comunión alimentaria es muy común en las religiones y el sacrificio de animales que conlleva ha existido de diversas formas. Pensemos en el pacto inicial del pueblo judío, que fue sellado con la sangre de un cordero que pusieron en los postes y el dintel de cada casa, para que Dios, mientras mataba a todos los primogénitos de Egipto (tanto hombres como bestias), pasara de frente sin hacerles daño. “Y así Moisés convocó a todos los ancianos de Israel y les dijo: Sacad y tomad corderos por vuestras familias, y sacrificad la Pascua”, nos dice el Éxodo (12; 21).

Luego entonces, cuando nos enteramos que la Suprema Corte de Justicia de la Nación probablemente sostendrá una reforma que el Congreso de la Ciudad de México realizó en 2023, para castigar con penas carcelarias (de hasta seis años) a los santeros por “maltrato animal”, tenemos que dar un paso atrás para desmadejar el asunto. Resulta que una practicante de la santería interpuso una queja, alegando que la inmolación de animales y aves de abasto es una forma de veneración de sus deidades de origen africano, cubanas o caribeñas.1 Alega la quejosa varias cuestiones legales, pero sobre todo insiste en que “sin inmolación no hay religión” (la suya por supuesto) y que queriendo proteger a los animales, se está prohibiendo una religión en específico, punto en el que, por lo demás, concuerdo. En efecto, la disposición, para mi gusto, es discriminatoria y estigmatiza a quienes practican esta religión. La práctica es vista con desconfianza, más por lo extraño o ajeno del ritual de origen africano que por la acción misma, realizada de otras maneras por las otras religiones que sacrifican animales de diversas formas, aunque en contextos más normalizados en los rastros. Si se va a acusar a los santeros de maltrato animal, habrá que hacerlo entonces con todos los trabajadores de los mataderos de vacas, becerros, corderos, pollos y otras especies que consumimos a diario. Aquí, hay que admitirlo, el factor que hace el ruido es el de la “religión rara”, aunque ésta tenga registro como asociación religiosa. Habría que agregar que en Estados Unidos sucedió algo parecido, particularmente alrededor de algún caso en Florida, donde se quiso prohibir el ritual, pero allí con argumentos de salud pública. La cuestión se resolvió en favor de la santería, aunque es obvio que el tema sanitario es relevante.

Y entramos entonces también a esa parte de la madeja que es la ética religiosa versus la laica. Porque, como ya lo hemos dicho en otras ocasiones, las éticas religiosas son muy respetables, en la medida que provienen de creencias personales o comunitarias, pero no pueden imponerse a todos aquellos (de la misma o de otras religiones) que no las comparten. Por ejemplo, una católica que no está a favor del aborto, no le puede imponer a otra católica (muchos menos a una agnóstica), su visión sobre la vida. La ética laica, por el contrario, pretende partir de una concepción compartida, en el respeto de mayorías y minorías, pero siempre velando por el bien público, es decir el bien de todos. La ética laica defiende entonces el derecho de existir de las éticas religiosas, pero entiende que ninguna puede imponer sus criterios éticos a los demás y que más allá de las creencias de cada quien, se requiere una ética compartida donde cada quien tenga el máximo de derechos posibles.

En el caso que nos concierne, la pregunta es entonces: ¿daña a alguien la inmolación religiosa de aves de corral? ¿Están haciendo algo los santeros que no hagan otras personas? ¿Estamos frente a un caso de discriminación en materia de creencias? Me parece que nuestra ética ante el maltrato animal, que en efecto debe ser reforzada legalmente, tendría que ser muy cuidadosa para no incurrir en formas de discriminación, que únicamente ocultarían prejuicios provenientes de otras concepciones religiosas.

 

Roberto Blancarte

Profesor-investigador del Centro de Estudios Sociológicos de El Colegio de México y miembro del Colegio de Bioética A. C.

1 Ver reportaje en Milenio Diario de Rubén Mosso, 20 de enero de 2025, p. 13.

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Publicado en: Ética hacia los animales

4 comentarios en “Religión y maltrato animal, ¿cúal ética requerimos?

  1. En sentido estricto es falso que sin sacrificios animales (sacrificios cruentos) no hay religión. En el budismo visto como religión o en el shintoísmo no la hay. Afirmar que la consagración es un sacrificio cruento es una completa deformación del mensaje cristiano, es como decir que los cristianos son caníbales por comer el cuerpo y sangre de cristo, una acusación muy común durante las persecuciones del imperio romano.

    Podríamos aceptar el sacrificio de animales como practica religiosa, pero entonces no hay motivos para oponerse a las corridas de toros (que tienen un trasfondo religioso con decenas de miles de años de antigüedad) o a la experimentación con animales.

    Bien podría revisarse que el ritual cumpla con las normas actuales para evitar dolores innecesarios en los animales sacrificados. En cuanto a los riesgos sanitarios, usualmente los rituales ya tienen prácticas cuya función es evitar la propagación de enfermedades para quienes consumen la carne, aunque los practicantes del ritual no necesariamente los identifiquen. Sería cuestión de que un inspector sanitario revise el ritual.

    Las religiones con practicas de pureza ritual las han desarrollado para evitar la propagación de enfermedades, pero no por tener conciencia de la existencia de los microbios sino de la interpretación de la enfermedad como un castigo divino por no cumplir los ritos adecuados. Pero esta pureza ritual puede llevar a considerar que las mujeres son impuras durante su menstruacion, por ejemplo, en sociedades donde no hay acceso a artículos como toallas sanitarias o tampones.

    Hasta donde sé, ni judíos ni cristianos ni musulmanes ofrecen actualmente sacrificios cruentos.

  2. Si revisamos la biblia Dios no pide sacrificios cruentos excepto en dos ocasiones que se mencionan en el artículo: el pacto de Abraham con Dios y el cordero sacrificado durante las plagas de Egipto. Los egipcios solían exponer la masa del pan a la intemperie para obtener las levaduras, pero se exponían a otras enfermedades. los panes ázimos, sin levaduras, serían más sanos. Las hierbas amargas quizá fueran hierbas medicinales.

    Los primero sacrificios los realizan Caín y abel, pero no porque Dios se los pidiera. Caín era agricultor y quemaba grano, mientras que Abel era pastor y sacrificaba animales de su rebaño. Los sacrificios de Abel eran gratos a dios mientras que los de Caín no, pero porque Caín no era buena persona y Abel sí lo era. En los libros de los profetas Dios repite una y otra vez «misericordia quiero y no sacrificios», «sus sacrificios me dan asco porque me adoran con la boca y no con el corazón». Incidentalmente, Dios no castiga a Caín con la muerte, a pesar de que 2la sangre que has derramado exige venganza».

    Todo el antiguo testamento es un proceso continuo desacralización de los sacrificios cruentos. En un relato que puede interpretarse como un recuerdo mítico del momento en que dejaron se hacerse sacrificios humanos, Dios le pide a abraham consagrarle a su hijo isaac, y abraham entiende que debe sacrificarlo; al final debe intervenir un ángel para detener a Abraham, y Abraham, por iniciativa propia, decide sacrificar en su lugar un carnero (aunque al parecer pueblos de la región como los fenicios seguían sacrificando humanos). Después, los sacrificios de ganado mayor se van sustituyendo poco a poco por animales pequeños como palomas y al final por grano y flores.

    Finalmente llega Jesús y niega completamente el valor religioso de la pureza ritual y relativiza los sacrificios cruentos, dejando sólo la consagración del pan y el vino, que no se destruyen en una hoguera sino que se destinan al consumo humano.

  3. Existes varias éticas laicas y varias morales laicas, así como hay éticas religiosas y morales religiosas.

    La ética laica en países democráticos se interpreta como una ética negativa, de mínimos indispensables. Pero la ética no resuelve los problemas, solo los plantea, es la moral laica la que hace propuestas para atender esos problemas.

    Si nos situamos en 1500, ¿sería válido decir que eres libre de no tener esclavos si estás en contra de la esclavitud? O si estamos en EEUU, ¿es válido decir que si estás contra la pena de muerte eres libre de mudarte a un estado donde no la haya?

    En teoría la moral laica hace sus propuestas a partir de los conocimientos científicos existentes. Pero aquí surge un problema porque la ciencia siempre se está cuestionando a ´si misma y la imagen científica del mundo en una época puede cambiar radicalmente en menos de 20 años. Por ejemplo, en 1980 todos los nutriólogos recomendaban comer carne, leche y huevos para estar sanos. La ciencia no dice tener la verdad, sino que se va a acercando progresivamente a ella.

    En el caso del aborto, la moral laica se ha estancado en 1970. No toma en cuenta los avances en imagen médica como los ultrasonidos, los avances en el conocimiento del cerebro y la conciencia, ni los avances médicos en mantener con vida a bebés prematuros. No toman en cuenta que ahora sabemos que fetos de 12 semanas ya pueden sentir dolor. La ley para salvar los embriones de embarazos ectópicos es ridicula porque no hay manera de hacerlo con los medios a nuestro alcance; pero si los úteros artificiales se siguen desarrollando podría ser posible en un futuro no tan lejano.

    Además permiten que se propaguen mentiras como que antes de las 12 semanas los fetos no tienen sistema nervioso, siendo que es un de los primeros en formarse al estar íntimamente imbricado en nuestro cuerpo (no somos un monstruo de espagueti dentro de un saco de carne, somo la unión de todo el conjunto). O afirman que el aborto reduce la tasa de criminalidad, haciendo aparecer al aborto como la cura técnica a varios males sociales

    En países como China e India el aborto es permitido y paradójicamente si esperan niñas, o las madres deciden abortar para que no vengan a mundo a sufrir, o el padre decide abortar porque prefiere un varón, lo que ha ocasionado problemas en el balance de hombres y mujeres en algunas regiones.

    Diego Rivera obligó a Irma Serrano a abortar tantas veces que ella quedó estéril.

  4. Habría que tener cuidado al momento de legislar.

    En Alemania hace décadas se legalizó la prostitución, Pero olvidaron añadir una excepción en el código laboral y se dieron casos de mujeres que dejaron de recibir el seguro de desempleo porque rechazaron trabajos en prostíbulos; supongo a estas alturas ya corrigieron ese error.

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