París, la cigüeña y la bioética

La pregunta inevitable de cómo llegamos al mundo ha desafiado a padres de todas las generaciones. En tiempos pasados, la respuesta solía ser tan simple como encantadora: los niños venían de París y eran traídos por una cigüeña. Pero, en la era actual, el panorama ha cambiado drásticamente con el avance de las biotecnologías.

JL

Las biotecnologías relacionadas con la concepción y el inicio de la vida han abierto un abanico de posibilidades que antes parecían ciencia ficción: inseminación artificial, fecundación in vitro, diagnóstico genético preimplantacional, selección de gametos y de embriones, entre otros procedimientos, son parte del abanico de posibilidades antes aludido.

Estas innovaciones biotecnológicas, si bien han proporcionado esperanza a muchas parejas que luchan por concebir, también han generado complejos dilemas bioéticos que desafían nuestra comprensión —al menos nuestra comprensión tradicional— respecto de la reproducción humana.

¿Cómo explicarle a un niño que, aunque es amado, su llegada al mundo fue facilitada por la aparición de “lo que ahora llamamos” nuevos procesos biotecnológicos, como los antes señalados? ¿Cómo abordar el hecho de que su concepción puede haber involucrado a otra mujer como gestante, mientras sigue siendo, en términos genéticos, nuestro hijo? Las respuestas a estas preguntas no son simples, y las alternativas que nos ofrecen las biotecnologías añaden una capa adicional de complejidad a la narrativa de la concepción y el nacimiento. Es precisamente aquí en donde la reflexión bioética puede ayudar.

En el pasado, las explicaciones sobre la concepción podían ser simplificadas o, incluso, mitificadas. Uno podía optar por una conversación franca sobre el proceso reproductivo o simplemente atribuirlo a la simpática leyenda de la cigüeña. Sin embargo, en una época donde la información es accesible y la tecnología ofrece nuevas formas de concebir, los padres se enfrentan a la tarea de educar a sus hijos sobre la reproducción humana de una manera que sea honesta, comprensible y ética o bioéticamente informada.

Recuerdo mi propia adolescencia, cuando muchos de mis amigos carecían completamente de elementos educativos para entender cómo se producía la concepción, ello particularmente debido a los tabúes y la falta de educación sexual en sus hogares. Uno de mis amigos incluso evitaba tener novia por temor a que, “si la quería mucho o la besaba”,  podría embarazarla.

Desde entonces, hemos experimentado un cambio radical en la forma en que concebimos y entendemos la reproducción humana. Las biotecnologías, combinadas con el poder de las telecomunicaciones, han transformado el panorama reproductivo, desplazando la antigua narrativa de la cigüeña y París como origen de los niños. Ahora, los bancos de semen y las grandes empresas de mensajería asumen un papel destacado en la forma en que, utilizando biotecnologías reproductivas, podemos generar vida fuera del cuerpo humano.

Un ejemplo emblemático es Cryos1, una empresa danesa que se ha convertido en un gigante en la industria de la fertilidad. Cryos ofrece esperma de alta calidad, así como óvulos, prometiendo hacerlos llegar a cualquier parte del mundo. Se presenta como una especie de “Amazon de la fertilidad”: permite a los clientes seleccionar donantes de un vasto catálogo y realizar pedidos desde la comodidad de sus hogares.

La rapidez de estos avances biotecnológicos, combinada con el alcance global de internet y las empresas de mensajería, ha generado una serie de nuevos dilemas bioéticos que requieren una cuidadosa consideración. La reproducción asistida involucra, además, otros temas, como aquellos relacionados con la privacidad de los donantes y receptores de dicho material, lo que hace de la bioética la herramienta adecuada para enfrentar estos dilemas emergentes.

Además, estos avances tecnológicos han dado lugar a escenarios de concepción de la vida humana que antes eran impensables. Las mujeres y los hombres (ya sean solteros o no, en pareja heterosexual, homosexual o lésbica) ahora pueden seleccionar no sólo las características genéticas, sino también las características físicas de los donantes, lo que, desde la bioética, plantea preguntas sobre la diversidad genética, el derecho a ser padres (o madres) a toda costa, así como el derecho a la identidad del hijo así concebido.

En un mundo donde la concepción humana ya no está limitada por las fronteras geográficas ni biológicas, surge la necesidad de una reflexión bioética más profunda sobre el impacto de estas tecnologías en nuestras vidas y en la sociedad en general. ¿Qué implicaciones tienen estas tecnologías para la identidad y el sentido de pertenencia de los hijos así concebidos? ¿Cuál es el papel de la bioética en la regulación y supervisión de estas prácticas? ¿La bioética debe ser el antecedente del bioderecho, ya que permitiría regular este tipo de procedimientos?

En mi opinión, resulta esencial que aquellos involucrados en estos temas, desde los padres hasta los profesionales de la salud y las biotecnologías, así como los responsables de formular políticas públicas, participen en un diálogo abierto y constructivo sobre los aspectos éticos, bioéticos y biojurídicos de la reproducción asistida.

Sólo a través de una reflexión seria y cuidadosa podremos garantizar que estas tecnologías se utilicen de una manera responsable y respetuosa, particularmente en lo que hace a los derechos humanos involucrados.

Así pues, es necesario que la bioética nos auxilie, para poder ofrecer respuestas coherentes y bien fundamentadas. Esos hijos que hoy están naciendo bajo estos procedimientos, en unas décadas más serán adolescentes o adultos que muy probablemente cuestionarán su origen.

En conclusión, la pregunta de cómo llegamos al mundo ya no tiene una respuesta simple. En esta época biotecnológica y globalizada, la concepción y el nacimiento se han convertido en procesos aún más complejos, y plantean desafíos bioéticos y filosóficos significativos. Es por ello que quienes estamos involucrados en estos temas, tenemos como misión impulsar la reflexión bioética, porque ésta y sólo ésta, nos podrá ayudar a ser congruentes con nuestras decisiones y con nuestras acciones.

En concreto, la reflexión bioética no es exclusiva de los “bioeticistas”; al contrario, es un espacio de reflexión para todos y, muy particularmente, para aquellos que hacen uso de las biotecnologías de la reproducción, ya sea generándolas o bien utilizándolas.

 

Héctor A. Mendoza C.
Profesor de la Facultad de Trabajo Social de la UANL, Miembro del SIN e integrante del Colegio de Bioética, A.C.


1 Hablamos de Cryos Dinamarca porque fue de las primeras empresas dedicadas a la venta y comercialización de material genético, pero a lo largo de los años este modelo de negocio se ha multiplicado y expandido por todo el mundo. Incluyendo a nuestro País.

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Publicado en: Inicio y fin de la vida

2 comentarios en “París, la cigüeña y la bioética

  1. ¿cómo explicarle a un niño que…de una célula somática XY, se pude derivar una célula madre, convertirla en óvulo, fertilizarla con un espermatozoide Y de ese mismo soma y que él es un clon de su mismo padre?

  2. Supongo que no hay una respuesta fácil o sencilla. Y debo decir que esto apenas comienza, las alternativas o posibilidades derivadas de las diversas técnicas de reproducción asistida nos seguirán sorprendiendo. Saludos, Héctor Mendoza

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