Los “niños no nacidos”, la fertilización in vitro y la Corte de Alabama

En diciembre de 2020, un paciente del Centro de Medicina de la Reproducción (CMR) en la ciudad de Mobile, Alabama, de algún modo entró por una puerta sin seguridad del cuarto de almacenamiento criogénico de la clínica. Al entrar, tomó algunas cajas de Petri con embriones criopreservados, pero como se encontraban a temperaturas bajo cero, se quemó la mano, accidentalmente tiró al piso las cajas y los embriones murieron. Dos parejas que perdieron sus embriones demandaron a la clínica por negligencia. Una de las cuestiones a decidir era si se aplicaba la Ley de Muerte por Negligencia de un Menor, vigente en el estado desde 1872, y que castiga los casos en los que “la muerte de un menor de edad sea causada por acto ilícito, omisión o negligencia de cualquier persona”. El CMR se defendió argumentando que en este caso no se aplicaba dicha ley, dado que no se podía equiparar la muerte de un embrión fuera del útero materno con la de un menor. La jueza Jill Parrish Philips, que juzgó el caso, estuvo de acuerdo con este argumento y desestimó la demanda. Sin embargo, el caso escaló hasta la Suprema Corte de Justicia de Alabama, que, el 16 de febrero de 2024, anuló la sentencia de la jueza, sentenció que dicha ley sí se aplicaba y falló en contra del CMR. Uno de los jueces de la Corte escribió que los embriones están protegidos bajo la ley existente en el estado: “La cuestión central presentada en estas apelaciones, que involucran la muerte de embriones mantenidos en almacenamiento criogénico, es si la ley contiene una excepción no escrita a esa regla para los niños extrauterinos, es decir, los niños no nacidos [unborn children] que se encuentran fuera de un útero biológico en el momento en que son asesinados… Según la ley vigente y bien establecida, la respuesta a esa pregunta es no: la Ley de Muerte por Negligencia de un Menor se aplica a todos los niños no nacidos, independientemente de su ubicación”.

Ilustración: Estelí Meza

Lo primero que hay que notar es que la sentencia reconoce que lo que hizo el paciente que deambulaba por la clínica al tirar accidentalmente a los embriones fue equiparable a un homicidio imprudencial o involuntario: mató a “niños no nacidos”. En otras palabras, le reconoce el estatus de “personas fetales” a los embriones criopreservados. Dado que les reconoce la categoría de personas, se sigue que también les reconoce derechos, como el derecho a la vida. Así, matarlos, sea intencionalmente o por negligencia, constituye una violación de ese derecho y debe penalizarse.

Si un embrión, ya sea que se encuentre dentro o fuera del útero materno, y desde el momento de la concepción, es una persona con derechos, entonces se sigue que el aborto es una violación del derecho a la vida del embrión y, por lo tanto, debe ser penalizado. Típicamente, desde el punto de vista de quien piensa que el embrión es una persona, su derecho a la vida debe prevalecer sobre los derechos de la mujer. Siguiendo la lógica de equiparar embriones con niños, podrían decir que debe prevalecer el “interés superior del menor”. Aquí, el rol de la mujer suele ser reducido al del lugar donde sucede el embarazo, es decir, se le ve como una especie de incubadora. De hecho también deben penalizarse los casos en los que, por negligencia, la mujer tiene un aborto espontáneo; podrían equipararse con la figura de homicidio imprudencial o involuntario y, como tal, también debe castigarse. Proteger la vida desde el momento de la concepción y, de paso, penalizar el aborto en cualquier momento del embarazo es lo que buscaba la Corte cuando dictó su sentencia.

Sin embargo, hay otra implicación: si los embriones criopreservados que se usan en técnicas de fertilización in vitro (FIV) son “niños no nacidos” o “personas fetales”, entonces eso termina por criminalizar las técnicas de reproducción asistida que involucran ese procedimiento —no todas lo involucran—. Estas técnicas necesariamente implican la fecundación de varios óvulos fuera del útero; de estos óvulos fecundados o embriones se seleccionarán y transferirán los que tengan más probabilidades de implantarse y desarrollarse correctamente en el útero.

Típicamente se fecundan más óvulos de los que se van a implantar, porque eso permite que se transfieran en distintas ocasiones si en uno o más intentos no hay éxito. También porque eso permite que se hagan pruebas genéticas de los embriones antes de la implantación y se descarten aquellos que presentan defectos cromosómicos y que, de implantarse, darían lugar a niños con discapacidades o enfermedades genéticas graves. Luego se buscará transferir dos o tres, con la esperanza de que se implante por lo menos uno, y los embriones excedentes o sobrantes se almacenarán criopreservados. Si no llegan a usarse, entonces lo más probable es que se destruyan. No se deben transferir todos los embriones creados porque un embarazo múltiple puede tener consecuencias graves para la salud de la mujer —y también pone en riesgo al feto dentro del útero—.

Las clínicas de reproducción asistida en Alabama entendieron inmediatamente que si llevan a cabo la criopreservación y la destrucción de embriones pueden ser demandadas porque eso sería equivalente a matar a “niños no nacidos”. Por eso, cuando la Corte sentenció el caso, las clínicas en el estado dejaron de ofrecer servicios que involucren la FIV y suspendieron los procedimientos que estaban llevando a cabo. La gente que estaba en este tipo de tratamientos no podría terminarlos en Alabama, y tal vez tampoco podría transportar sus embriones a otra clínica fuera del estado, porque las clínicas que podrían hacerlo estaban temerosas de que pudieran ser demandadas en caso de que algo sucediera —por ejemplo, que fueran acusadas de “tráfico de menores”—.

Hay algunos sectores muy conservadores, por ejemplo, dentro de la Iglesia católica, que piensan que es moralmente incorrecta la reproducción asistida que involucra la FIV, porque el procedimiento va en contra del orden natural establecido por Dios para la reproducción y porque “el hombre pretende sustituirse al Creador”, pero también porque “esas manipulaciones son gravemente lesivas de la dignidad humana”, según dice la instrucción Dignitas personae del Vaticano, de 2008. Y son lesivas porque, si los embriones son personas, este tipo de procedimientos las trata como bienes prescindibles, que pueden ser descartadas o congeladas indefinidamente, violando su dignidad.

Sin embargo, son probablemente más los conservadores que no ven nada moralmente incorrecto en la FIV. Al contrario, piensan que es buena porque ayuda a la procreación y a crear vida. Por ejemplo, el ex vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, un cristiano evangélico que se opone al aborto, está a favor de la FIV. De hecho, ha dicho que él y su esposa recurrieron a la reproducción asistida para tener hijos. También ha dicho que los tratamientos de fertilidad “merecen la protección de la ley”. Así lo vieron muchos legisladores republicanos en el Congreso de Alabama, que, tras la decisión de la Corte, se apresuraron a presentar una ley que asegurase el acceso a la reproducción asistida con FIV en el estado. El 6 de marzo, dicho Congreso aprobó por mayoría la legislación que protege a los proveedores del servicio de responsabilidad civil y penal, sin meterse a discutir las cuestiones que surgieron con la decisión de la Corte acerca del estatus de los embriones como personas. ¿No es esto una inconsistencia? Si alguien está en contra del aborto porque implica matar a “niños no nacidos”, ¿no debería oponerse también a la reproducción asistida que involucre FIV porque implica la muerte de embriones excedentes —también “niños no nacidos”—, que serán desechados si no se transfieren? Pareciera que, por consistencia, si uno se opone al aborto, también debería oponerse a la reproducción asistida que involucre la FIV.1

Considerar a los embriones “niños no nacidos” conlleva varios problemas bioéticos y legales. Entre los problemas legales, surgen varios: si una persona fue concebida en Alabama, pero nace en México, ¿qué nacionalidad debería de tener? Una mujer que toma alcohol o drogas durante su embarazo, ¿podría ser procesada por abuso infantil? ¿Fue el “niño no nacido” víctima de violencia, como ha planteado el Comité Nacional por el Derecho a la Vida de EUA (y que ahora 30 estados de ese país reconocen)? Baste con señalar el tipo de problemas que genera esta narrativa que equipara a los embriones con “niños no nacidos”, aunque hay otras implicaciones.

Sin embargo, tal vez una de las preguntas centrales en todo este asunto sea ¿sobre qué base justificó la Corte de Alabama equiparar a los embriones criopreservados con “niños no nacidos”, es decir, con personas? El problema de definir el concepto de qué es una persona es muy antiguo en la filosofía. Es importante porque es un concepto que denota el estatus moral de una entidad, o sea, que tenga intereses propios independientemente de los intereses de otros y que, por ello, tengamos obligaciones morales para con ella. Sin duda es un ser humano porque posee el código genético de la especie, pero no es claro que eso confiera valor moral: ¿por qué pertenecer a la especie Homo sapiens, es decir, por qué un mero hecho biológico, conlleva tener estatus moral? Dar ese paso es, para muchos, cometer una falacia, la de derivar normatividad de un estado de cosas natural. Por eso, diversos filósofos piensan que la propiedad mínima necesaria sobre la que debemos atribuir estatus moral es la posesión de estados mentales, como la conciencia, que es algo que claramente no tiene un embrión y que no adquirirá sino hasta fines del segundo trimestre del embarazo.

No obstante, la Corte de Alabama se ahorró esta discusión filosófica (que seguramente tampoco le correspondía) y simplemente decidió hacer referencia a Dios y a la santidad de la vida, citando la Biblia, a santo Tomás de Aquino y a Juan Calvino. El presidente de la Corte, Thomas Parker, escribió: “La vida humana no puede ser destruida injustamente sin incurrir en la ira de un Dios santo, que ve la destrucción de Su imagen como una afrenta a sí mismo […] esto es cierto para la vida humana no nacida no menos que para todas las demás vidas humanas —que incluso antes de nacer, todos los seres humanos llevan la imagen de Dios, y sus vidas no pueden ser destruidas sin borrar su gloria”.

Lo que sucedió en Alabama es preocupante porque nos muestra las consecuencias de lo que pasa cuando se viola el principio de separación entre la Iglesia y el Estado. Lo que sucede es que dentro de una sociedad en la que hay una pluralidad de perspectivas morales, el Estado termina imponiendo a través de sus instituciones judiciales una determinada postura moral al resto de la población. Esto en sí mismo es injusto, pero lo es más si pensamos que con esta medida se violan los derechos de las mujeres que buscan decidir sobre su reproducción y a las que se criminaliza a través de leyes de “personalidad fetal” y de “homicidio fetal”. También es injusto si pensamos que hoy día las mujeres en Alabama tienen menos derechos, menos poder para ejercer su autonomía sobre su propio cuerpo y son más vulnerables ante las leyes que las mujeres de otros estados de ese país.

Desafortunadamente, lo que vimos en Alabama no es un evento aislado, sino uno más en una cadena de episodios que buscan el reconocimiento jurídico de la figura de “personas fetales” o de “niños no nacidos” para los embriones. En junio de 2022 la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos decidió derogar la histórica decisión de Roe v. Wade, que por casi cincuenta años garantizó el derecho al aborto para las mujeres de todo el país. En su decisión en el caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, la Corte mandó el mensaje de que los estados son libres de decidir sus legislaciones sobre el tema del aborto. Lo que estamos viendo es el primer caso de la época post-Dobbs y cómo las cortes y los congresos en diversos estados están interpretando el mensaje que mandó la Corte con esa sentencia.

 

Gustavo Ortiz Millán
Investigador del Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM, miembro del SNI y del Colegio de Bioética A.C.


1 Una opción sería que se limitara el número de embriones creados a tres y se transfieran al mismo tiempo. Quienes están a favor de esta opción afirman que criopreservarlos o no transferirlos debe prohibirse, así como realizar diagnóstico genético preimplantacional, que sirve para identificar anormalidades en el embrión. Esto ha sido lo que buscaron hacer legisladores en Alemania en 1991 y en Italia en 2004 al pasar leyes de protección al embrión. Sin embargo, esto limita mucho las probabilidades de éxito de los procedimientos, así como las de que el bebé nazca sin problemas genéticos o congénitos. Por esta razón, las cortes de dichos países determinaron limitar este tipo de leyes.


7 comentarios en “Los “niños no nacidos”, la fertilización in vitro y la Corte de Alabama

  1. El diagnóstico genético prenatal es polémico porque de hecho permite la eugenesia. En países como China o India permite saber el sexo del bebé y, si es mujer, abortarla. En Reino Unido se usa para detectar embriones con síndrome de Down para abortarlos, por lo que este grupo poblacional está disminuyendo rápidamente en ese país. Básicamente les dicen «te apoyo en tus sufrimientos, pero ojalá nunca hubieras nacido».

    Aceptar que existe una «falacia naturalista» implica que los descubrimientos científicos no tienen consecuencias éticas o morales, si entendemos la ciencia como la búsqueda de las leyes de la naturaleza; sino que es un mero saber instrumental.

    La idea de derivar consecuencias éticas del estado «natural» de las cosas viene desde los griegos, quienes afirmaban que aceptar el orden de las cosas, evitar la hybris, lleva a una vida buena. Aristóteles desarrolló esta idea y cuestionó la esclavitud, pero seguía considerando a la mujer inferior al hombre por naturaleza. Existen algunas afirmaciones de que el retomar los escritos griegos originales al final de la edad media resultó en un peor ptrato a las mujeres.

    El cristianismo tomó la idea de ley natural, y al desarrollarla concluyó que la soberanía residía en el pueblo, que no se debe forzar a otros pueblos a convertirse ni quitarles sus posesiones y tierras; que existen límites incluso para la guerra, etc. Estas ideas fueron el antecedente de varias ideas de la ilustración.

    Me parece que hay una falacia en la manera en que se oponen los derechos de los no nacidos con los derechos de las mujeres, En primer lugar no están en el mismo plano, es como decir que una pelea a golpes entre un niño de cinco años y un hombre de 80 kilos es justa.

    No tenemos una teoría de la consciencia. No podemos afirmar ni negar que los embriones la tengan, ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia.

    Ahora, si la naturaleza no es fuente de ética, ¿qué si lo es? O quizá lo único que podemos hacer es postular principios y esperar que sean consistentes, como ocurre en matemáticas.

    Si usamos una ética sólo basada en el sufrimiento, podriamos justificar las corridas de toros si los drogamos para que no sientan dolor. O podríamos crear embriones con microcefalia para que al nacer sea una fuente de tejidos y órganos para usos médicos.

    1. Estimado Antonio, gracias por sus comentarios.

      Sin duda, el diagnóstico genético prenatal es polémico porque puede usarse para cuestiones como la selección del sexo, pero no por ello no debemos usarlo. En todo caso habría que buscar modos para que la gente no lo use para eso. El caso de gente con anomalías genéticas es complicado: no se le dice a la gente con alguna discapacidad que sería mejor que no hubiera nacido; lo que se busca no es erradicar a esas personas, se busca erradicar la anomalía antes de que nazcan, no a esas personas.

      Aceptar que existe una falacia naturalista no implica de ningún modo que los descubrimientos científicos no tengan consecuencias morales. Esos descubrimientos no forman parte del mundo natural, son resultado de nuestras acciones intencionales y tienen una dimensión cultural y moral, sus consecuencias también la tienen. La falacia naturalista en el caso que examino proviene de querer derivar el estatus moral del embrión de su mera pertenencia a una especie biológica, la especie Homo sapiens.

      Sobre la cuestión de que hay una falacia en oponer los derechos de los no nacidos con los de las mujeres, habría que decir que mientras que los derechos de las mujeres no están en discusión, los de los embriones son cuestionables. Muchos dirán que no son personas y que por lo tanto no tienen derechos sino hasta el momento en que puede haber una base para atribuirles la condición de persona. Pero incluso si aceptamos atribuirles derechos, habría que hacer un ejercicio de ponderación para ver qué derechos tienen más peso en distintos momentos del embarazo (por ejemplo, algunas cortes han establecido que tienen más peso los derechos de la mujer durante el primer trimestre y posteriormente los del feto).

      No es correcto afirmar que no tenemos una teoría de la conciencia. De hecho, tenemos muchas teorías y sabemos lo suficiente como para poder decir que si existen las bases neurológicas necesarias, podemos hablar de conciencia. Quienes estudian el desarrollo neurológico del embrión han afirmado que podemos atribuir conciencia a partir de la semanas 23-27 del embarazo, en que se desarrolla la corteza cerebral, que es la base para la aparición de la conciencia. Es lo que afirmaba el neurocientífico mexicano Ricardo Tapia en estas páginas de Nexos: https://www.nexos.com.mx/?p=12542

      Pregunta usted: “si la naturaleza no es fuente de ética, ¿qué si lo es?” Los filósofos a lo largo de la historia han dado muchas respuestas a esa pregunta. Algunos piensan que la fuente de la ética está en la racionalidad, como Kant; otros piensan que es un contrato social (implícito o explícito); otros hablarán de propiedades intrínsecamente morales, como los realistas morales. Y algunos, claro, piensan que la naturaleza es la fuente de la normatividad moral, pero quienes piensan eso tendrán que dar alguna respuesta convincente a la cuestión de cómo derivar un “debe” de un “es”, o sea, de lo que algunos ponen en términos de la falacia naturalista.

      Espero haber respondido a sus comentarios.

      1. Gracias por responder.

        Cuando se desecha un embrión después de un análisis genético se está eliminando un individuo, no se está curando la enfermedad. Es como desechar un celular porque se rompió la pantalla en lugar de repararla. Aunque es un control de calidad que las clínicas de fecundación in vitro deben realizar para evitar demandas de padres enojados porque su hijo desarrolló una enfermedad genética.

        Debo aclarar que los abortos de embriones femeninos en India y China se deben a cuestiones culturales y son combatidos por los gobiernos de dichos países. No es una costumbre generalizada pero si lo bastante extendida para cambiar las proporciones naturales de hombres y mujeres. En este caso el embrión no tiene nada malo en sí (al menos desde nuestro punto de vista occidental) sino que es la sociedad en la que nacería la que crea un ambiente hóstil a su existencia. ¿Deberíamos entonces abortar esos embriones para que no sufran, o debemos cambiar las sociedades? ¿Hay que eliminar los embriones que puedan desarrollar invalidez y olvidarnos de las rampas, o debemos crear sociedades donde puedan vivir y desarrollarse? ¿ Qué pasaría si un test pudiese determinar la orientación sexual del embrión y los padres comenzaran a decidir si quieren que su hijo sea hétero, gay,lesbiana. bi etc?

        Los descubrimientos científicos si forman parte del mundo natural. Tenemos varias explicaciones para la gravedad pero aunque no las tuviéramos, las manzanas seguirían cayendo de los árboles. Otra cosa en cómo se organizan los científicos y qué consideran áreas de investigación interesantes; en los últimos cincuenta años se ha dedicado más recursos a desarrollar anticonceptivos que ha tratar los dolores menstruales ¿acaso los dolores menstruales son menos reales sólo por que no se les presta atención?

        Supongamos que tiene razón y no puede deducirse un «debes» de un «es». Entonces, aunque las mujeres sean la mitad de la población, de ahí no se sigue que haya una obligación moral de que sean la mitad de la fuerza de trabajo o de los empresarios o de los políticos. Los padres no deberían tener ninguna obligación sobre el bienestar de sus hijos biológicos. Ni siquiera el hecho de tener conciencia implica que se deban reconocer derechos.

        Asumiendo que los embriones tienen derechos, es una falacia plantear la relación con los derechos de las mujeres como si fueran un juego de suma cero, donde lo que gana uno lo pierde el otro, como si fueran enemigos en una lucha por imponer sus intereses. Ahora bien, aunque no se les reconozcan derechos, ¿significa eso que se puede hacer lo que se quiera con los embriones?

        No hay teoría de la conciencia, existen hipótesis pero ninguna ha resultado satisfactoria. Se tiene la suposición de que la corteza cerebral está correlacionada con la conciencia, pero no se han hallado nexos causales. Por otro lado, los zoólogos han hallado animales que consideran conscientes pero que no tienen corteza cerebral. Además, se ha encontrado que un quinto de los pacientes que están en coma reaccionan a estímulos externos aunque su corteza cerebral no muestre actividad. Por otro lado, se ha comprobado que los fetos de 12 semanas pueden sentir dolor.

        El imperativo categórico de Kant indica qué características deben tener los principios éticos, pero no dicen cuáles deberían ser estos, La racionalidad es un hecho, algo que es, pero no significa automáticamente ser poseedor de derechos, como puede inferirse del diálogo platónico donde Sócrates demuestra que un esclavo sin educación puede entender la geometría, pero sin cuestionar su misma condición de esclavo. Por otro lado, por miles de años los únicos seres de los que estábamos seguros que son racionales son los mismo humanos, los homo sapiens, y la única manera en que surgen nuevos miembros de la especie es por medios biológicos, de ahí que se infiera que los derechos se transmiten biológicamente. Actualmente las computadoras ya son capaces de un alto grado de racionalidad, pero no les reconocemos derechos.

        Si los derechos son fruto de un contrato social, son contingentes y pueden aumentarse o eliminarse según vaya cambiando la sociedad. Si la sociedad tiene concepciones y presupuestos comunes, los cambios pueden ser racionales. Si no hay acuerdos, los derechos se convierten en la imposición de los intereses particulares de unos grupos sobre otros, dependiendo de los equilibrios de poderes.

        1. Me gustaría agregar que podemos aplicar los tópicos de la discusión al tema ecológico. Si del «ser» no se deriva un «debes», implica que no hay un valor intrínseco en cuidar los ecosistemas y, por tanto, podemos alterarlos (con alguna que otra extinción de por medio) siempre y cuando no excedamos ciertos límites., o perdamos recursos valiosos (para nosotros) como plantas medicinales.

          1. Estimado Antonio: gracias por sus comentarios. Primero, es cuestionable que el embrión sea un individuo, si por “individuo” queremos decir “persona”. En el diagnóstico preimplantacional estamos hablando de blastocistos o de embriones a los que difícilmente podemos referirnos con el término “persona”. Cuando se criopreservan o se desechan embriones en esta etapa no estamos congelando o desechando personas.

            Concuerdo con sus comentarios acerca de la selección de embriones según el sexo. Lo que hay que hacer es cambiar las actitudes sexistas de las sociedades en las que esto ocurre.

            Sobre si los descubrimientos científicos forman o no parte del mundo natural… La ciencia descubre fenómenos que ocurren en el mundo natural, como el fenómeno de la gravedad. Pero la ciencia y sus descubrimientos forman parte del mundo cultural o social (claro que en un sentido amplio también forman parte del mundo natural, pero no viene a cuento ahondar en eso aquí). Los fenómenos naturales no dependen de nuestra teoría para su existencia (aunque hay un debate interesante en filosofía de la ciencia acerca de la realidad de ciertas entidades teóricas que postulamos para explicar el mundo natural, pero de nuevo dejemos eso de lado).

            La cuestión de si se puede derivar un “debe” de un “es” es ampliamente debatida en filosofía, pero hay cierto acuerdo acerca de que algo sea de determinada manera no podemos derivar que deba ser de esa manera. En sentido estricto, del hecho de que las mujeres constituyan la mitad de la población no se sigue que deban constituir la mitad de la fuerza de trabajo. No ha sido así para buena parte de las sociedades a lo largo de la historia. Sin embargo, para nosotros es más o menos normal la afirmación dado que vivimos en sociedades que dan valor a la igualdad entre los sexos –pero la igualdad ha sido un valor moral más o menos reciente en la historia de la humanidad.

            No entiendo su comentario de que si los derechos del feto y los de la mujer entran en conflicto esto es un juego de suma cero y hay que verlos como enemigos. Los derechos de distintos individuos suelen entrar en conflicto y un modo de ver qué derecho prevalece es el de la ponderación, como el que usan las cortes.

            Ahora, que no se les reconozcan derechos no implica que no tengan valor moral. Alguien podría afirmar que un feto no tiene derechos, y que no se le reconocerá la ley sino hasta el momento del nacimiento, pero que tiene valor o estatus moral. Esto es algo que la ley reconoce bajo la figura de bienes jurídicamente protegidos.

            Si hay o no teoría de la conciencia… depende de qué estemos entendiendo por “teoría”. Si por “teoría” queremos decir una descripción completamente verdadera de cómo es la conciencia, entonces no tenemos una teoría. Pero si queremos decir una descripción aproximada de la conciencia, que puede irse afinando según avancemos en el conocimiento de la mente, entonces hay varias teorías. No soy neurocientífico, pero sospecho que diversos neurocientíficos dirán que cambios neurales que regularmente se correlacionan con experiencias específicas apuntan a que estos cambios son suficientes para dar lugar a esas experiencias.

            Cuando, en mi respuesta anterior, mencioné a Kant, no era para afirmar que la racionalidad es la base para la atribución de derechos, sino simplemente para ejemplificar que hay quien ha afirmado que la fuente de la normatividad moral no es la naturaleza, sino otra cosa. Lo mismo con mi mención del contractualismo. Dejo de lado su discusión sobre racionalidad, contrato y derechos.

            Finalmente, sobre el valor intrínseco de la naturaleza, el problema no está tanto en la cuestión de la derivación de un “debe” de un “es”, sino más bien en que nuestras bases para la atribución de estatus moral suelen no alcanzar para explicarlo. Es el desafío que presentan las éticas biocéntricas o egocéntricas a la ética tradicional. Pero, en todo caso, el problema no es tanto el que señala.

            Espero haber respondido a sus comentarios y preguntas. Saludos

  2. Excelentes comentarios de Antonio. No estoy al nivel de la discusión pero aun así me gustaría enfatizar que de la misma manera en que aceptamos de la condición de seres humanos se deriva una serie de derecho al poseer una dignidad, y de la condición de mujer se deriva otra serie de derechos y así de manera secuencial o análoga, tenemos la obligación de admitir el origen de las condiciones se ser humano o de mujer: la naturaleza.
    La sociedad «descubre» en el código genético aquello que nos diferencia de otras especies o al hombre de la mujer, y ese descubrimiento se da en el campo de las ciencias, y de las ciencias fácticas, comprobables materialmente, no sólo a través de silogismos.
    Es verdad que varias religiones defienden posiciones semejantes, pero no hay una correlación. En cualquier caso las ciencias vinieron a comprobar en el siglo XX lo que algunas religiones intuitivamente ya defendían, pero con esto la ciencia se convirtió en la fuente y principal argumento de esta posición sociopolítica.
    Ahora, el silogismo también es claro, si de nuestra condición natural de seres humanos se sigue que seamos sujetos de derechos, los no nacidos también lo son, dejando de lado la fase de la vida en que se encuentran y que sería equiparable a otras fases: niñez, adolescencia, juventud, senectud, etc. No reconocer esto es un acto ilógico, y el objetivo es defender los derechos de cada ser humano en tanto no se contrapongan a los de otros seres humanos

    1. Estimado Héctor: gracias por sus comentarios. La idea de que tenemos derechos por naturaleza (o iusnaturalismo) es antigua, pero es muy cuestionada por lo menos desde el siglo XIX –y tengo la impresión de que muchos, si no es que la mayoría, de los filósofos del derecho hoy en día no son partidarios del iusnaturalismo. Quienes lo cuestionan dirán que no hay derechos en la naturaleza, que los derechos son construcciones sociales que se reconocen dependiendo de la justificación moral que haya detrás para reconocerlos, o algo por el estilo.

      Ahora, sobre si el código genético es suficiente como para reconocer derechos, hay razones para rechazarlo. ¿Por qué poseer un código genético confiere valor moral? Finalmente se trata de algo completamente fáctico, algo que además compartimos con todo el mundo natural, que también tiene un código genético. ¿Por qué ese mero hecho biológico, a diferencia de tantos otros, tiene valor moral? Dirá “¡pero es el código genético de nuestra especie!” Pero entonces tendrá que citar otra característica de nuestra especie (conciencia, autoconciencia, racionalidad, lenguaje o lo que sea), que nos hace especiales, no el código genético. Esta no es una base suficiente para conferir valor moral.

Comentarios cerrados