La institucionalidad de la bioética

Las preocupaciones en torno a la experimentación científica en seres humanos, los cambios en las relaciones médico-paciente y los avances tecnológicos vistos como posibles amenazas a los derechos humanos, se fueron acumulando a otras tantas para, finalmente, eclosionar en un cambio de percepción que dejó clara la urgencia de valorar el significado de esos hechos en la vida de los seres humanos. La bioética brindó las herramientas capaces de realizar esa valorización.

Ilustración: Ssergio Bordón

De una primera fase teórica, la bioética pasó a un segundo momento en el que se buscó establecer reglas y procedimientos para la toma de decisiones en problemas concretos. Son famosas las resoluciones de algunas comisiones, como la que presentó el Informe Belmont, pilar de los principios bioéticos. Más tarde, el objetivo se amplió en el afán de construir instituciones capaces de elaborar pautas a seguir en el actuar de personas, educándolas en la gestión correcta de los valores que las nuevas situaciones planteaban. En ese tenor, en 1983, Francia instauró el Comité Consultivo Nacional de Ética para las Ciencias de la Vida y la Salud.

Aquellos avances fueron observados por el inquieto Manuel Velazco Suárez, quien decidió iniciar en nuestro país un grupo de estudio de la bioética, mismo que en 1989 se convirtió en una comisión del Consejo de Salubridad General. Este órgano fue creciendo en importancia y cambiando suestatus jurídico hasta convertirse, por Decreto del 7 de septiembre de 2005 y comandada por Guillermo Soberón, en un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud.

En sus más de 32 años de existencia, la Conbioética ha trabajado para convertirse en una entidad moderna, dotada de una sólida infraestructura y cuyas atribuciones logran cambios reales en el amplio espectro de las políticas públicas relacionadas con la salud. Resulta oportuno resaltar algunas de sus contribuciones fundamentales, como el impulso para la creación de los Comités de Ética en Investigación y los Comités Hospitalarios de Bioética. También debe mencionarse su apoyo a la creación de las Comisiones Estatales de Bioética, capaces de recuperar las particularidades regionales y socioculturales de las distintas entidades federativas bajo un esquema de relación entre ellas y la Conbioética.

Por si fuera poco, la Comisión no ha descuidado las relaciones internacionales, y se ha empeñado en formar parte de grupos de trabajo y deliberación relacionados con la Bioética en todo el mundo. Estuvo presente en las reuniones de la Unesco para la redacción de la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos. Este importante documento establece las funciones que corresponde realizar a los Estados en materia de bioética, entre las que está adoptar las disposiciones, tanto de carácter legislativo como administrativo o de otra índole, para poner en práctica los principios enunciados en la propia Declaración (medidas que deben ser complementadas por otras tantas en el terreno de la educación, de la formación y de la información pública). Además, ha realizado varias consultas y gestiones para que nuestro país sea parte de la Convención sobre Derechos Humanos y Biomedicina del Consejo de Europa.

El actual comisionado nacional, Patricio Santillán-Doherty, ha hecho hincapié en la postura bioética que ha promovido la Comisión, esto es, una visión laica basada en el conocimiento científico y en el pensamiento filosófico. Es pretensión del organismo defender los derechos de cada ciudadano a desarrollar sus propias convicciones éticas y religiosas. Agregamos que una bioética basada en creencias religiosas será, tal vez, válida para quienes sigan las mismas creencias, pero no lo será para para quienes piensen de manera distinta. Cualquier bioética religiosa carecerá del sentido universal que debe guiarla.

Por tanto, las políticas públicas que determinen el quehacer de la Comisión deberán estar fundadas en evidencia científica bajo lineamientos bioéticos, sin descuidar los aspectos sociales y económicos. Éstas incluyen acciones para enfrentar preocupaciones actuales, algunas de aparición súbita, como las emergencias sanitarias; otras, que se gestan lentamente, como la atención a los adultos mayores.

Los retos a los que se enfrenta actualmente la Comisión son compartidos con el Sistema Nacional de Salud, como la modernización de la infraestructura hospitalaria y de atención a la salud, o el reforzamiento de la producción y distribución de medicamentos, (deficiencias que quedaron expuestas durante la pandemia).1

La Comisión Nacional de Bioética ha adquirido una posición fundamental como guía para las instituciones de salud y su personal en lo relacionado a los retos éticos que involucran la prestación de servicios médicos y la investigación en seres humanos. Por otra parte, ésta ha cumplido con creces en la atención a las indicaciones expresadas en la Declaración Universal de Bioética y Derechos Humanos. Su función dentro del sistema de salud es de vital importancia para el desarrollo de políticas públicas en este ámbito; sin un organismo autónomo que asuma los compromisos internacionales adquiridos por México en temas de bioética, nuestro país caería en una deshonrosa falta de cumplimiento.

 

Ingrid Brena
Integrante del Sistema Nacional de Investigadores y miembro del Colegio de Bioética


1 Patricio Santillán O’Doherty, “La bioética como luz de guía”, en Perspectivas Conbioética en su 30 aniversario, 2022, pp. 98-103

Escribe tu correo para recibir el boletín con nuestras publicaciones destacadas.


Publicado en: Justicia social