La importancia bioética de un simbolismo correcto de la medicina

Los signos son importantes. En medicina, constituyen la información inicial indispensable con la cual médicas y médicos iniciamos el acercamiento a una posible hipótesis sobre lo que sucede con algún paciente. Combinado con las manifestaciones subjetivas que nos platican los pacientes (síntomas), permiten al profesional médico realizar un ejercicio inicial de análisis para vislumbrar un posible diagnóstico; hacer una verdadera semiología de lo que tiene el paciente.

Si bien signo y símbolo se utilizan frecuentemente de manera intercambiable, tienen significado distinto. El signo es una pista visual, auditiva, palpatoria, percutiva o de algún otro orígen que es capaz de transmitir información o significado. Los signos casi siempre son directos y literales en su significado (p. ej.: el tinte amarillento de la ictericia, la deformidad de una fractura ósea). Los símbolos, en cambio, son representaciones visuales de una idea, concepto u objeto que, de una manera un tanto abstracta a veces, permiten la interpretación de aquello que se quiere simbolizar.

El acto médico es un hecho cultural que sin duda requiere del uso adecuado de la semiología (en tanto la necesidad de interpretar signos y síntomas de manera adecuada), y de la semiótica (en tanto la necesidad de interpretar signos y símbolos que permiten la comunicación del paciente con su médica/médico y viceversa).

Ilustración: Sergio Bordón
Ilustración: Sergio Bordón

Umberto Eco describe bien esta última necesidad en su libro Signo (1973) al narrar las peripecias del Sr. Sigma quien, durante un viaje en París, desarrolla signos claros de que algo no anda bien con su vientre y requiere identificarlo, darle nombre en su idioma, decodificar el entorno parisino en el que se encuentra (siendo él italiano), para llegar a un lugar con personal de salud que le entienda y empiece a interpretar lo que tiene para ayudarlo. Por un lado Sigma maneja signos y síntomas que lo tienen mal, pero del otro lado está el personal médico que también tiene sus propios signos y símbolos (lenguaje) que requieren interpretación para atender la emergencia.

Así, el proceso sígnico (Eco dixit), se vuelve un proceso de comunicación donde se conectan fuente, emisor, canal, mensaje y destinatario que utiliza al signo/símbolo para transmitir información que alguien conoce y que quiere que los demás también lo conozcan. Ambos, signos y símbolos, son usados en medicina para dar significado; la diferencia estriba, dicen, en que los primeros son más directos (en el paciente mismo; v.gr.: la ictericia o la deformidad del hueso roto) mientras que los segundos son indirectos al paciente y de uso más comunicacional.

Los símbolos juegan un papel crucial en biomedicina ya que transmiten información compleja de manera concisa y estandarizada. Pueden representar distintos elementos ya sea químicos, moléculas biológicas, estructuras anatómicas, procedimientos terapéuticos e incluso a la misma institución médica. El personaje de Eco, el Sr. Sigma, tiene un signo que le indica que algo no anda bien con su vientre por lo que busca un símbolo que represente la ayuda que requiere (¿una cruz roja sobre fondo blanco? ¿un letrero encendido con las letras “Rx”?). Muchos sabrán de la Cruz Roja en los países occidentales, pero en países del medio oriente puede que no diga nada; también algunos, pero no todos, sabrán que “Rx” significa prescripción y, por ende, una posible ayuda para el Sr. Sigma.

De esto deriva la importancia de entender conceptos como significado, significante y referente (que describe bien Eco en su libro).

Y, a todo esto, ¿cómo simbolizamos a la medicina? Según la genealogía griega, los que trabajamos en la medicina somos descendientes de Asclepio (Esculapio), hijo de Apolo y pupilo de Quirón, de quien aprendió las artes curativas.

En la antigüedad, los “asclepiades” fueron sus descendientes reales a quienes se transmitió el conocimiento médico que, por mucho tiempo, fue considerado secreto (tal vez porque no se sabía mucho sobre el funcionamiento del cuerpo humano y de la naturaleza). Asclepio y Epíone procrearon cinco hijas quienes se dedicaron a su mismo “arte”: Yaso (la curación), Higía (la salud), Panacea (la curación universal), Egle (el brillo sanador) y Aceso (la sanación). También procrearon varones, Macaón y Podalirio, avezados en las artes de curar heridas y quienes sirvieron con sus conocimientos en la Guerra de Troya.

Esculapio usaba un bastón (báculo) como apoyo y como arma. Con ello mató a una serpiente que, dice el mito, fue revivida por otra con unas hierbas que le trajo en su boca. Esculapio utilizó esas hierbas para curar a Glauco y por esta razón se le representa con un báculo rodeado por una serpiente. El báculo rodeado por una serpiente es el símbolo, desde Esculapio, que representa a la medicina en occidente; y es el que los modernos asclepios debemos mantener.

Sin embargo no es infrecuente encontrar una confusión que parece inapropiada en el menor de los casos. El Caduceo, un bastón con alas y dos serpientes que le rodean, “es el símbolo de Hermes, dios olímpico mensajero, de las fronteras y los viajeros, del ingenio y el comercio en general, de los ladrones y mentirosos y el que guía las almas en el inframundo. Es el símbolo actual del comercio” (wiki dixit).

Al parecer algún editor del siglo XVI usó dicho símbolo para adornar los libros que imprimía, incluyendo La preservación de la buena salud, de Plutarco, hecho por el cual se le relacionó con la medicina. Tal vez por esto, en el siglo XIX, el Ejército americano lo adoptó como símbolo en su escudo y, de manera derivada, llegando a usarse hasta la actualidad por algunas sociedades e instituciones médicas, de forma equivocada, pensamos muchos.

Las dos representaciones tienen una semiótica totalmente diferente y sin embargo se ha generado una confusión histórica. Confusión que no debe continuar siendo permitida a menos que uno quiera identificar a la medicina con el comercio y la guía hacia el Hades. Creo que no, pero a veces no estoy muy seguro. En una encuesta hecha en la India, poco más de la mitad identificaron correctamente el símbolo “Rx” y abajo del 40 % el escudo de la Cruz Roja pero más del 90 % de los respondientes escogieron el caduceo como símbolo de la medicina. ¿Sesgo cultural después de doscientos años de colonización? ¿Estarán enojados con Esculapio? ¿Están haciendo algo que yo desconozca?

En la actualidad los profesionales de la medicina recitan al graduarse la Declaración de Ginebra de la Asociación Médica Mundial (1948), y ya no el Juramento Hipocrático, en ninguna de las dos aparece algún precepto que hable sobre “vender mis servicios al mejor postor” o algo similar. Si bien el sistema de mercado aparece internacionalmente en el sector salud de varias sociedades, incluyendo la nuestra, en todas se reconoce como primordial que el gremio debe responder a sus deberes profesionales para cumplir los fines de la medicina teniendo el bienestar de sus pacientes como prioritario (sin que esto quiera decir que no ameriten retribución adecuada para llevar una vida digna y holgada con objeto de que su principal preocupación sean precisamente sus pacientes).

El dios médico cuya efigie renovada vigila nuestras acciones desde la sede de la Academia Nacional de Medicina de México sin duda es Esculapio. Es por esto que, como miembros de la familia de asclepíades, debemos soslayar el caduceo de Hermes como incompatible con nuestros propósitos y reconocer como símbolo indiscutible el bastón con una serpiente, el Báculo de Esculapio.

 

Patricio Santillan-Doherty
Médico. Cirujano de Tórax. Titular de la Comisión Nacional de Bioética y miembro del Colegio de Bioética.

Referencias

  1. Eco, U. Signo, Editorial Labor, Barcelona, 1988.
  2. Young P., y otros. “La Vara de Esculapio, Símbolo de la Medicina”, Revista Médica de Chile, 141, 2013, pp. 1197-1201.
  3. Calman K. “The Arrow or the Caduceus as the Symbol of the Doctor”, Lancet, 362 2003, pp. 84.
  4. Shetty, A.; Shetty, S., y D’Souza, O. “Medical Symbols in Practice: Myths vs Reality”, Journal of Clinical and Diagnostic Research, 8, 2014, pp. 12-14.
  5. García-Valdecasas, J. M., y Rodríguez de Romo, A. C. “El Patrimonio artístico de la Academia Nacional de Medicina de México: Dos Obras de Importancia”, Gaceta Médica de México, 150, 2014, pp. 478-82.

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Publicado en: Ética médica