La cultura bioética en la sociedad contemporánea

Ilustración: Estelí Meza

Pese a que el concepto de cultura es un término muy utilizado en el lenguaje cotidiano y en la interacción de los grupos sociales, destaca su visión reduccionista como parte de un sistema genérico casi siempre de carácter patrimonial e histórico, que limita la intervención de otros subsistemas que también  aportan  y forman parte de su rol de identidad sociocultural.

Los diccionarios la proponen como el conjunto de modos de vida, costumbres, conocimientos y grado de desarrollo de una sociedad (Real Academia de la Lengua). Otros la describen como las creencias valores y comportamientos que se gestan en grupo (Institutos Nacionales de Salud). Sin embargo, todas las definiciones comparten elementos claves para describir una cultura, y es que representen los rasgos distintivos de una agrupación social a través de una serie de elementos materiales e inmateriales que configuran  su identidad y le confieren un valor patrimonial.

En un sentido más amplio, se han contemplado una serie de indicadores socioculturales, expresiones creativas y perfiles de conducta, que  son considerados como elementales para tipificarlo como un patrimonio sociocultural de acuerdo con la UNESCO.

En  un escenario de crecimiento y desarrollo tecnológico promovido bajo las inercias de las sociedades de consumo y escalada competitiva, hemos tenido que afrontar los costos relacionados con el impacto ambiental, las brechas sociales y las conductas depredadoras de la sociedad. Por este motivo se han generado consecuencias en el equilibrio social que comprometen la convivencia civilizada ante una crisis de valores comportamentales.

El discernimiento sobre estos valores y códigos del “deber ser” se han tratado por  diversas corrientes del pensamiento  formal  y de preceptos ideológicos que definen, por su propia naturaleza, una tendencia que puede generar sesgos interpretativos.   Es esta la razón por la que estos vacíos conceptuales han dado cabida a la cultura ética en general y la bioética, con la intención de vincularla con todas las formas de vida sin una tendencia afiliativa, ideológica, o de culto.

Ésta procura establecer los enlaces entre la cultura general y aquellos valores que nos identifican y que consideramos validados y aceptables en un contexto sociocultural particular. Esta conformación epistemológica fundamenta los vínculos fundacionales e indisolubles  de sus orígen es con la moral, que representa estos valores, y  que se expresan a través de la ética, que analiza y reflexiona sobre la aplicación y validez de estos principios en un grupo social determinado y bajo circunstancias específicas.

Immanuel Kant  describió a la ética como la ley interna y las sociedades científicas  la señalan como el sentido común de lo correcto. El hecho es que la percepción de  la bioética y su agenda de discernimiento temático plantean una serie de retos derivados de la interacción social  no sólo entre los  individuos sino con todos los ecosistemas, de tal forma que han marcado un punto de vanguardia y compromiso entre las ciencias de la vida, para  vincularse con la diversidad biológica, cultural y  el medio ambiente; todo ello con la finalidad de generar espacios y horizontes más responsables entre ciencia y desarrollo tecnológico, con el entorno sustentable  y el humanismo en la sociedad.

Estos conceptos se integran a la visión actual de la ecología social que presenta rutas convergentes e itinerantes que dejan al margen la visión antropocéntrica y geocéntrica clásica, y proponen ejes interdisciplinarios para un futuro sustentable. Estas premisas fueron señaladas en sus orígenes por el profesor Fritz Jahr y, después, por Van Rensselaer Potter.

Para algunos pensadores evolucionistas, la ética y, a su vez, la bioética surgen como un instrumento inventado por la misma sociedad para construir espacios de gestión civilizada y de convivencia pacífica entre el individuo y la tribu. Más allá de códigos regulatorios de orden civil, penal o de creencias o ideologías particulares, la bioética aspira también a la gestión respetuosa entre los individuos y la naturaleza que nos rodea sin principios coercitivos, de forma cuasi natural desde el fuero interno a partir de  una sólida convicción para ejercer  y transmitir esa cultura de la vida.

Los productos de este proceso reflexivo son los que nos han permitido retomar de forma razonable la congruencia entre el desarrollo científico y la integridad en esta ruta de interacción con los contextos humanos y ambientales desde la perspectiva  de la empatía, la identidad social e intercultural en el marco de una sola salud y desde el ejercicio del pensamiento crítico y reflexivo.

Aún prevalece el reto de que la cultura bioética logre mayores alcances más allá de su narrativa de buena voluntad, de su  postulación  firme en la defensa y  respeto a los derechos fundamentales,  y de la emisión de  recomendaciones  para dirimir  sobre dilemas y conflictos éticos en la comunidad. Su compromiso y aspiración  pragmática en el presente y el futuro es que la bioética conforme una impronta que forme parte de la cultura general como un subsistema, y se integre a la vida cotidiana de la sociedad como parte de sus procesos sistemáticos y de sus valores identitarios a partir de la educación y el desarrollo códigos deontológicos de convivencia social.

La coherencia de estos preceptos pueden hacer prevalecer la postura futura de una bioética universal representada en todas las culturas por la ética elemental o de los “mínimos” al procurar el bien, la equidad, la inclusión social, la justicia, la no maleficencia y el respeto a la autonomía. Es decir, la bioética requiere de integrarse a los procesos reflexivos y analíticos del individuo y de la sociedad para constituirse como parte de  una ruta “normal” que a la par de las consideraciones técnicas y disciplinares, sea tomada en cuenta para la toma de decisiones y la  ponderación de las políticas públicas.

La bioética, desde su origen, guarda una estrecha relación con el hábitat y discierne sobre los valores y conductas vinculadas con las ciencias de la vida en la era del antropoceno, procurando acciones congruentes entre las decisiones de la ciencia y la técnica con los derechos.

De manera adicional a sus recursos epistémicos y sus fundamentos, la bioética analiza desde una metodología dialógica y desde la autocrítica como ejercicio de tolerancia, todos aquellos potenciales conflictos y dilemas éticos con la finalidad de anticiparse y proponer rutas resolutivas respetuosas del derecho natural y acordes con el derecho positivo. No obstante, no siempre la certeza ética concuerda con los códigos jurídicos, lo que supone la búsqueda de equilibrios dando prelación a los derechos fundamentales, de los individuos y de grupos en condición de vulnerabilidad.

Si bien su metodología se sustenta en los consensos derivados de métodos deliberativos específicos, su deber es permanecer alerta a su compromiso con la verdad y la certidumbre moral, sin incurrir la justificación de una narrativa falsa o disfrazada de verdad, que haya sido validada por las matemáticas del mayoriteo.

Su objetivo más próximo en su desarrollo y evolución es lograr procesos vinculatorios con la toma de decisiones de una sociedad, pero sobre todo con la posibilidad respaldar el ejercicio de la  autonomía de los seres humanos en un escenario de libertad, para que podamos desarrollarnos en armonía respetuosa con todas las formas de vida, como una sociedad educada, reflexiva y crítica. Esto no se circunscribe a una corriente bioética, a una moda o tendencia conductual o filosófica, sino que nos compromete a que en el presente y el futuro la bioética ejerza un liderazgo proactivo y forme parte del patrimonio cultural de la sociedad.

Mientras tanto podemos apelar, desde la inspiración creativa, a que la bioética promueva tal como lo dijera Joan Manuel Serrat “que los músicos sigan tocando sus instrumentos y los poetas de no dejen de alzar la voz”.

Rodrigo Ramos-Zúñiga

Neurocirujano, profesor investigador en Ciencias de la Salud. Universidad de Guadalajara. Miembro del Colegio de Bioética A.C.

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Publicado en: Justicia social

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