…no existe un deber constitucional de imponer o tutelar la vida a toda costa y en contra de la voluntad del titular del derecho a la vida.
—Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia (España, 2021)

El Código Penal español establece que “incurrirá en responsabilidad penal quien causare o cooperare activamente a la muerte de otra persona”. Durante cuatro décadas, y cada vez con mayor intensidad, resonó en España la demanda por el derecho a la eutanasia (del griego eu, buena y thanatos, muerte: buena muerte); esto es, a que un paciente afectado por una enfermedad grave e incurable, causante de sufrimiento intenso e imposible de mitigar por otros medios, recibiera ayuda médica para morir.

Motivada inicialmente por el manifiesto en favor de la eutanasia de un grupo de médicos franceses reunidos en Niza en 1984, ese mismo año se creó en España la asociación Derecho a Morir Dignamente para “que puedas decidir tu final en libertad y no tengas que recurrir al exilio o a la clandestinidad”. La academia promovió la reflexión sobre la eutanasia con base en argumentos de la bioética laica; María Casado publicó en 1994 Eutanasia, Aspectos éticos y jurídicos. En los medios electrónicos se debatió el derecho a la buena muerte. Los Comités de Bioética analizaron diversas posturas. El tema estaba sobre la mesa.

Ilustración: Alberto Caudillo
Ilustración: Alberto Caudillo

Al visibilizar la problemática de los pacientes que demandaban ayuda médica para morir, el caso de Ramón Sampedro sensibilizó a la sociedad española. Afectado por tetraplejia desde los 25 años debido a un accidente, Sampedro fue el primer español en solicitar pública y reiteradamente su derecho a la eutanasia; al negársele, urdió y grabó su suicidio con ayuda de varias personas a fin de que a ninguna se culpara de prestar ayuda necesaria al suicidio. Su caso se conoció mundialmente en 2004, cuando el film biográfico Mar Adentro recibió el Oscar a la mejor película extranjera.

El de Sampedro y otros nombres, rostros, peticiones, suicidios, mantuvieron presente la exigencia en favor de la despenalización de la ayuda médica para morir.

Al Parlamento se presentaron durante esos años veinticinco iniciativas de ley para despenalizar la eutanasia, sin que se les diera trámite o lograran los votos suficientes para ser aprobadas. En tanto, las encuestas registraban un aumento creciente en favor de la legalización de la eutanasia: de 79 % en 2009, a 89 % en 2019.

El suicidio de María José Carrasco en 2019, auxiliada por su marido Ángel, sacudió de nueva cuenta a la sociedad. La esclerosis múltiple le había causado deterioro gravísimo, pero la ayuda médica para morir le fue negada. La pareja acordó que Ángel acercara la sustancia que María José ingirió para provocar su muerte, que grabara los hechos, que se autoinculpara. Ángel fue acusado de cooperación al suicidio, y exculpado cuando fue aprobada la ley que regula la eutanasia.

El 24 de marzo de 2021, en medio de una gran expectativa, el Parlamento aprobó por mayoría la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, que entraría en vigor tres meses después.

Sirva este recuento —de ninguna manera exhaustivo— para ilustrar el camino largo y arduo que recorrió la sociedad española hasta lograr que pacientes con daño grave en su salud no fueran obligados a vivir contra su voluntad. La conjunción de esfuerzos de médicos, pacientes, familiares, organizaciones de la sociedad, académicos, medios de comunicación y legisladores dio paso a la legalización de la eutanasia.

El reconocimiento de la autonomía moral del paciente hasta el final de la vida es el principio bioético y jurídico fundamental en que se sustenta la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia. En los casos en que el paciente no se encuentra en condiciones de expresar verbalmente sus instrucciones, la Ley admite lo dispuesto en el Documento de Voluntad Anticipada, debidamente legalizado. Al modificar el artículo 143 incisos 4 y 5 del Código Penal, la Ley otorga seguridad jurídica al médico y al personal sanitario que brinda la ayuda para morir. Reconoce asimismo el derecho individual del médico a la objeción de conciencia. Al quedar incorporada a la cartera común de servicios del Sistema Nacional de Salud, el financiamiento público de la eutanasia garantiza el acceso en condiciones de igualdad a la prestación de la ayuda médica para morir todo aquel paciente que cumpla con los requisitos que la Ley establece.

Con Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia y Nueva Zelanda, España es hoy uno más de los países en los que el derecho a una buena muerte es legal.

 

Mina Piekarewicz
Máster en Bioética y Derecho por la Universidad de Barcelona y miembro del Colegio de Bioética

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Publicado en: Inicio y fin de la vida

4 comentarios en “La buena muerte

  1. Espléndido recuento del largo y sinuoso camino que, en España, ha debido recorrer un derecho fundamental de todo ciudadano/a. Todas las personas merecemos vivir y morir dignamente. Gracias por el artículo.

  2. Excelente recuento de la experiencia en una sociedad que podríamos ver de alguna forma parecida a la nuestra. En México, provocar la muerte a petición de un paciente que ya no desea continuar el camino (o proveer los medios para hacerlo -suicidio asistido), está prohibido en la Ley General de Salud (art. 166 bis 21) y tipificado como ‘homicidio por piedad’.
    Hace algunos años se establecieron varias acciones que definen los fines de las profesiones dedicadas a la atención de la salud (Hastings Center Report, 1996); estos fines se deben ver bajo una perspectiva evolutiva y en tensión creativa con las transformaciones culturales y tecnológicas de la sociedad. Los fines de la medicina se agrupan en cuatro rubros: 1) las actividades preventivas y de preservación de la salud, 2) la curación de enfermedades y lesiones, 3) el alivio del dolor y el sufrimiento y, 4) el propiciar una muerte en paz. Me parece que en muchas formas estamos soslayando este último. ¿Será hora de darle vuelta a la rosca evolutiva?

  3. Gracias por la reflexión, querida Mina. Es un tema que merece ser analizado igualmente en México y otras sociedades para enriquecer la «calidad de la vida y de la muerte». Nuestro «Paso al Mictlán». Notas como ésta tuya permiten reconocernos en medio de la Ciudad Planeta en la que nos movemos. Abrazos mty

  4. Laura, Patricio, Miguel, bienvenidas sus aportaciones.
    Coincido en que es obligada la reflexión sobre el hecho de que en un número cada vez mayor de países se reconoce a la eutanasia como un derecho del paciente al final de la vida – justamente cuando es más vulnerable, cuando el deterioro de su salud es grave e irreversible, causante de sufrimiento físico y emocional intenso e imposible de mitigar en condiciones que el paciente considere aceptables. Los requisitos para solicitar la ayuda médica para morir son rigurosos; los procedimientos para que el médico y el sistema de salud atiendan la solicitud también lo son.
    ¿Será posible que en un futuro no lejano contemos con una ley reguladora de la eutanasia que establezca –como lo hace la española– que «no existe un deber constitucional de imponer o tutelar la vida a toda costa y en contra de la voluntad del titular del derecho a la vida»? Dijo el poeta: se hace camino al andar…

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