El médico virtuoso

Crédito de la imagen: Sergio Bordón

Hoy la medicina tiene a su alcance los mayores recursos diagnósticos y terapéuticos de toda su historia. Sin embargo, se percibe cierta insatisfacción social con su desempeño, el médico como profesional parece tener menos prestigio que en el pasado y buena parte de la población, más sana que nunca, siente su salud amenazada. Este fenómeno empezó a manifestarse en las últimas décadas del siglo pasado y sigue presentándose en la actualidad. Roy Porter, historiador inglés, lo señala así en su obra The Greatest Benefit for Humankind. A Medical History of Humanity (El más grande beneficio para el género humano. Una historia médica de la humanidad. W.W. Norton & Company, 1999):

 “Estos son tiempos extraños. Cuando gozamos de una vida saludable como nunca antes, nos sentimos muy ansiosos sobre nuestra salud… Predomina una sensación de que nuestro bienestar está bajo amenazas de todo tipo, desde el aire que respiramos hasta los alimentos que comemos”.

Otro inglés, el médico y escritor James Le Fanu, desarrolla un poco más la idea y propone lo que llama la paradoja cuádruple, que describe en The rise and fall of modern medicine (El ascenso y la caída de la medicina moderna. Basic Books, 2012):

  1. Los médicos desilusionados: se observa un porcentaje creciente de jóvenes médicos que se lamenta de la profesión que ha elegido.
  2. Los sanos preocupados: cada vez es mayor el número de personas sanas preocupadas por su salud. Todo ello alentado por la misma medicina que fomenta la idea de amenazas ocultas.
  3. La popularidad al alza de la medicina alternativa: las personas con problemas de salud acuden más a las terapias no convencionales que a los médicos de atención primaria.
  4. El aumento desbordante de los costos de la atención médica: cuanto más puede hacer la medicina, su costo es mayor, en especial para las personas de la tercera edad, el grupo que requiere más atención médica.

 

Todos los factores que influyen en la situación pasada y presente de la medicina confluyen en el punto hasta ahora irreductible e insustituible de la relación paciente-médico, que de una manera tan sintética como acertada definió el doctor Ignacio Chávez Sánchez, fundador del Instituto Nacional de Cardiología: “La relación paciente-médico es el encuentro de una confianza frente a una conciencia”. Ya en esa frase podemos identificar el lugar destacado que ocupa la conciencia del médico, es decir, la profunda comprensión de su delicada responsabilidad, que implica poner en juego las dos facetas de un desempeño profesional óptimo: el saber técnico-científico y el saber ético o moral.

En la mayor parte de las escuelas de medicina lo que se enseña son principalmente los aspectos técnicos y científicos del vasto conocimiento médico actual. Salvo algunas excepciones, existe poca preocupación por transmitir los aspectos éticos de la profesión. Lo anterior da como resultado una formación médica desequilibrada que pudiera ser una de las causas de la insatisfacción que la sociedad llama “la deshumanización de la medicina”.

En el mejor de los casos, si el estudiante y futuro médico se da cuenta de ese desequilibrio, intentará subsanarlo por iniciativa propia. Pero la mayoría corre el riesgo de no advertir esa carencia formativa y se relacionará con sus futuros pacientes empleando únicamente su erudición científica y su destreza técnica, lo que perpetuará el desequilibrio mencionado.

Parece oportuno citar aquí una expresión artística de la satisfacción de un paciente que superó su enfermedad gracias a los conocimientos y la dedicación de su médico. Se trata del lienzo Goya a su médico Arrieta (*), pintado en 1820, que pertenece desde 1952 al Institute of Arts de Minneapolis (Estados Unidos):

En 1819, Goya sufrió una enfermedad grave (tal vez tifus o fiebre tifoidea, no se sabe) de la que se restableció gracias a lo cuidados de su médico Eugenio García Arrieta, al que vemos sosteniendo a un Goya desvaneciente para acercarle un bebedizo. En la parte inferior del cuadro el pintor escribió lo siguiente: “Goya agradecido, á su amigo Arrieta: por el acierto y esmero (las negritas son mías) con q.e le salvó la vida en su aguda y- / peligrosa enfermedad, padecida á fines del año 1819, a los setenta y tres años de su edad. Lo pintó en 1820”. Goya supo reconocer en su médico el acierto (conocimiento profesional) y el esmero (actitud ética).

Desde la publicación de Principles of Biomedical Ethics (Principios de ética biomédica) en 1979 y sus siete ediciones posteriores, los principios enunciados por sus autores, Tom L. Beauchamp y James F. Childress, se han convertido en la referencia obligada con la que médicos y especialistas en ética tratan de resolver los dilemas que surgen durante la relación asistencial entre pacientes y médicos. Los principios son los siguientes:

  • Procurar beneficios para la salud de las personas
  • No ocasionar daños o perjuicios innecesarios al enfermo.
  • Respetar la autonomía de las personas enfermas hasta donde sea posible en cada caso concreto.
  • Actuar con la máxima justicia o equidad.

En los últimos años ha renacido la preocupación por enriquecer esta ética de los principios

con el análisis de las virtudes deseables en los profesionales de la salud, particularmente los médicos. Uno de los que ha tratado el tema es el médico catalán Miquel Vilardell i Tarrés, quien en su obra Confesiones de un médico (Plataforma Editorial, 2016) describe las características que distinguen a un buen médico de un médico bueno. Respecto al buen médico, señala que siente pasión por lo que hace, es decir, que tiene vocación, y que tiene los conocimientos y los actualiza. Sin embargo, el médico bueno reúne una serie de características que podríamos llamar virtudes, entre las que destacan la dedicación, el esfuerzo, la paciencia, la perseverancia, la prudencia, la humildad y el compañerismo. Este último ya lo tenía por indispensable el egregio médico de origen canadiense William Osler (1849-1919), quien afirmaba que si el médico no tenía un roce constante con sus colegas y participaba en las sociedades médicas, con los años acababa desarrollando un egoísmo de la peor especie.

Una de las contribuciones más importantes a la ética de las virtudes en medicina es la realizada por dos estadounidenses, el doctor Edmund D. Pellegrino y el filósofo David C. Thomasma, autores de Las virtudes en la práctica médica (Editorial Universidad Francisco de Vitoria, 2019), libro publicado originalmente en inglés en 1993. En el prólogo de la edición en español, escrito por el doctor Manuel de Santiago, podemos leer lo siguiente: “El verdadero cambio está en las personas. Es lo esencial. La virtud y las virtudes de los profesionales sanitarios son exigencia inevitable para una sanidad de excelencia”.

Para Pellegrino y Thomasma, “contemplar la relación entre los aspectos técnicos y morales de las decisiones médicas, y disponerlos en el orden de preferencia adecuado, es una obligación moral ineludible y una prueba del verdadero médico”.

Ambos autores consideran que la situación actual de la medicina es muy delicada:

 “La profesión médica está aquejada hoy por una mentalidad de asedio. Sus miembros actúan como los ocupantes de una ciudadela a punto de caer en manos de las fuerzas hostiles. Igual que los ocupantes de una ciudad sitiada, están divididos, desanimados y tentados a desertar. Lo peor es que los médicos están convencidos de que las fuentes tradicionales de credibilidad de la profesión, sus compromisos morales, no tienen valor de supervivencia en el clima competitivo actual. Sólo un tonto, dirían muchos, confiaría en el armamento moral frente al ambiente poco escrupuloso de hoy en día”.

Y se preguntan: “¿Deben los profesionales de la salud adaptarse al ethos del mercado, del negocio, y subordinar la beneficencia y la carga de desviaciones que conlleva?”.

Pellegrino y Thomasma proponen que “para recomponer el dilema central de la ética profesional, se ha de recurrir a la idea de profesión como comunidad moral, que usará su poder moral para oponerse a las fuerzas que erosionan la integridad profesional”.

Para entender mejor la propuesta moral de Pellegrino y Thomasma hay que tomar en cuenta que para ambos estudiosos el objetivo más importante de la relación paciente-médico es lo que denominan sanación, concepto que va más allá de lo que habitualmente entendemos por curación:

Sanación se usa aquí en su sentido más amplio, pues, incluso cuando no es posible curar o contener la enfermedad, la sanación puede acontecer si se ayuda al paciente a sobrellevar su enfermedad, se le cuida como un miembro regular de la comunidad humana y se le ayuda a enfrentar la muerte y a morir cuando esta es inevitable”.

Y agregan:

“Si se quieren alcanzar estos fines de la medicina, se requiere de ciertos rasgos de carácter del médico, como la compasión, la fidelidad a la confianza, la honestidad, la humildad intelectual, la benevolencia y el coraje o fortaleza. Estas son, por utilizar el término de Aristóteles, las excelencias o virtudes que permiten al médico hacer bien el trabajo de la medicina… La medicina, o más apropiadamente, la sanación, es una empresa práctica que requiere de la fusión de la competencia técnica y el juicio moral”.

Para servir al paciente de la manera más completa, el médico necesita combinar armoniosa y equilibradamente las virtudes intelectuales (sabiduría teórica, comprensión y sabiduría práctica) con las virtudes morales (generosidad, justicia, fortaleza, templanza, integridad, desprendimiento, etc.). Según Pellegrino y Thomasma, la clave para lograrlo la tiene el ejercicio de la prudencia, a la que consideran la virtud indispensable de la medicina, cuyo producto final es el buen juicio clínico. En sus palabras, “la frónesis (prudencia) dota a su poseedor de la capacidad deliberativa de razonar adecuadamente, con respecto a los medios que han de ser utilizados, para alcanzar el bien de la actividad en la que estamos comprometidos”.

Todo lo anterior tiene sentido si entendemos a la medicina como una profesión que en cada encuentro clínico refrenda la promesa original (professio) de poner por encima de todo el bien que el enfermo anhela. Una vía de realización plena para quien la ejerce. Una carrera que, incorporando los avances científicos, va mucho más allá de la técnica que repara un mecanismo averiado. Una disciplina cuyo objetivo final (telos) implica la exigencia simultánea de altos estándares éticos y científicos.

De ahí la famosa frase del doctor Pellegrino: “La medicina es la más humana de las artes, la más artística de las ciencias y la más científica de las humanidades”.

(*) Imagen obtenida el 8 de julio de 2025 de https://fundaciongoyaenaragon.es/obra/goya-a-su-medico-arrieta/200

Luis Muñoz Fernández

Médico cirujano especialista en anatomía patológica. Miembro del Colegio de Bioética A.C.

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Publicado en: Ética médica

12 comentarios en “El médico virtuoso

  1. Qué maravilloso escrito. Este es un tema que siempre me ha preocupado, pero la forma en que lo abordas me parece excepcional. Para mí este sería un ejemplo de lo que es un texto bético: arte, filosofía y ciencia, unidas para analizar un problema. Gracias por el texto, gracias por la bibliografía, y felicidades.

  2. Muchas gracias, Paulina. Como bien sabes, la bioética (y en este caso la ética médica que forma parte de ella), se nutre de fuentes científicas, artísticas y humanísticas. Estoy convencido de que necesitamos de esa combinación de saberes para enfrentar los desafíos contemporáneos.

  3. buenas tardes. es por demás una lectura filosófica extraordinaria de lo que, en la idealización de la medicina debería ser un médico. Pero la realidad, nos parezca o no no puede alcanzarse así, ya que lo correcto sería que todas las personas fuesen así, ya que el médico no puede controlar el entorno ni la respuesta de los pacientes que trata. Ojalá todas las escuelas de medicina realmente se preocupan por dar clases de ética, sentido común y profesionalismo.

    1. En efecto, Luis Felipe, tenemos que avanzar en mejorar los estándares éticos de TODOS los ciudadanos. Es utópico, pero debe caminarse en ese sentido. La única herramienta a largo plazo es la educación (familiar, oficial, etc.). Hoy, salvo excepciones, está en un nivel lamentable y creo que eso explica buena parte de nuestros problemas como sociedad.

  4. Luis, hemos leído Billy y yo este escrito, nos ha gustado mucho como plasmas una verdad tan importante. Muchas gracias. Ana y Billy Ramirez.

  5. lamentablemente la enseñanaza y el ejercicio de la medicina en países de tercer mundo como Mexico, ha de crecido en calidad respecto de la enseñanza de hace unos años, ya que la enseñanza de lo que debería ser esta noble profesión no existe la exigencia de las universidades hacia los alumnos(as) y salen alumnos al vapor, amen de que ya hay muchas universidades patito.

  6. Lamentablemente la enseñanaza y el ejercicio de la medicina en países de tercer mundo como Mexico, ha de crecido en calidad respecto de la enseñanza de hace unos años, ya que la enseñanza de lo que debería ser esta noble profesión no existe la exigencia de las universidades hacia los alumnos(as) y salen alumnos al vapor, amen de que ya hay muchas universidades patito.

  7. Qué texto más interesante. Soy médico en formación y en mi escuela los maestros son enfáticos en resaltar con suficiencia la relación médico paciente para una praxis exitosa, con mejores resultados tanto para el paciente como la experiencia del clínico. Es indudable que los aspectos morales así como los éticos deber regir está hermosa profesión milenaria que intenta poner al servicio de la humanidad lo mejor que ha creado su ingenio.

  8. buena tarde, hay dos cosas en éste país,no conozco mucho de otros paises y su ejercicio Médico, pero la exigencia cada vez mayor hacia el profesional de la salud en relación a la Normatividad Oficial,eleva costos (equipo,presentación,et.) y si se eleva la atención a un Hospital Privado se multiplica el costo,además de las exigencias normativas como tal,la conducta del solicitantes de los servicios medicos,relativo a que desea ser atendido,con Tecnologia y todas las Especialidades de las que haya tenido noción él paciente y su familia,luego entonces,que si se lleva ésto a u Hospital público,calculen los costos y calidad, e si se atiende en lo privado igual,,por lo tanto hace incomodo muchas veces para el usuario tener que desembolsar estos servicios privados ,y no acudir por comodidad a Servicio de Salud Publicos,no es muy complejo,pero si resulta dificil de aceptar de primera intención.

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