El dolor por el plagio y la justicia

Como un ejercicio de analogía, me gustaría traer a colación que cuando en 1946 un grupo de médicos alemanes fueron procesados en los Tribunales de Núremberg por los crímenes cometidos en los campos de concentración, su defensa se vio incapaz de negar los hechos ante la contundencia de las pruebas; la defensa buscó argumentar la inexistencia de normas específicas que prohibieran la conducta y sostuvo que “otros hacían lo mismo”.

La acusación les recordó que, más allá de las normas jurídicas, existe un deber moral que como humanos y estudiantes de medicina aprendieron en sus facultades; con ello, no podían argüir inocencia alguna en su conducta: sabían y tenían muy claro que lo que hacían no era correcto.

Podríamos partir de una visión más general, pero, en lo específico, cualquier estudiante de Derecho sabe distinguir lo debido y lo indebido. Así, el Derecho, como constructo normativo, se ocupa de las conductas que son repelidas socialmente por su daño potencial.

En todas las escuelas y facultades de Derecho se explica que cada norma cuenta con un principio axiológico que motiva tal precepto. Esto es, cada dispositivo legal tiene un por qué, todos cuentan con razones para existir consideradas por la sociedad; una de las labores atribuidas a la Suprema Corte de Justicia de la Nación es interpretar las normas y una de las formas de hacerlo es, precisamente, reconocer la intención que justifica la redacción legislativa.

Vivimos en un México señalado como un lugar corrupto, o referido como de corrupción estructural, que ocupa el lugar 134 de 140 en el índice del World Justice Project; a ello, debemos agregar la impunidad, entendida como cualquier conducta que indebidamente se realiza y no se recibe sanción. La corrupción y la impunidad son el lastre que coloca a la justicia en la desconfianza diaria y el temor que percibimos día a día los mexicanos.

El plagio es indudablemente una forma de corrupción en la ciencia o en la academia, cada día se develan más casos en México. A pesar de que los cálculos nos señalan que son muchos, sólo se ha dado atención mediática a algunos casos en los que hay personajes públicos involucrados.

Ilustración: Jaque Jours
Ilustración: Jaque Jours

El plagio es un problema de falta de integridad en el que concurren dos conductas: es un robo de ideas o de textos y es un engaño al pretender presentar como propio algo que es ajeno. Robo y engaño, al sumarse, privan de toda oportunidad de manifestarse inocente al ser sorprendido.

Carecemos, a pesar de existir en otros países, de agencias gubernamentales relacionadas con la integridad científica. El Conacyt como dependencia pública encargada de la ciencia y la tecnología, señala sanciones para los integrantes de sus sistemas, pero es omisa en definir o regular conductas indebidas en el país, e incluso, en el caso del fiscal Gertz, pretendió justificar el plagio en la ausencia de interés jurídico de los denunciantes y la muerte de los autores originales.

Cuando el plagio se reportó, en noviembre del año pasado en El Colegio de México, sólo sirvió para advertir a su comunidad la disparidad de sanciones: cuando se descubre a un académico sólo se corrige la edición del libro; si se trata de un alumno, se le expulsa.

Los estudios que reportan altos porcentajes de plagio en las universidades en el país son coincidentes con el grado de corrupción y de impunidad que mencioné previamente.

Un problema común cuando se estudia al plagio es la ausencia de uniformidad desde la definición misma, la cual puede cambiar; por ejemplo, en distintos ordenamientos legales el Código Penal Federal lo concibe como robo total de un texto, cambiando el autor, mientras que las leyes relacionadas a la propiedad intelectual protegen incluso las ideas cuando se puede prestar a confusión. También se cuestiona al plagio por la cantidad. ¿Cuánto es plagio? Poquito plagio o mucho es una conducta indebida.

En el caso más reciente, es fehaciente la existencia de una conspiración de personas para cometer un plagio, por ello, aunque lo intenten, no hay forma de argüir inocencia. Resulta imposible desvincular conductas entre el asesor y los tesistas que presentan el mismo trabajo, con independencia del orden en que lo presentaron.

Ahí, una de las líneas de defensa, es que un alumno tomó referencias del trabajo de otro; sin embargo, el asesor que lo permitió debió decir, al publicar el primero, que su trabajo no era inédito y por lo tanto debería cambiarlo. Que existan seis tesis iguales lo hace irrisorio.

Debemos tener claridad en que no es lo mismo lo ético que lo legal, tienen muchas diferencias ampliamente estudiadas y difundidas. La ausencia de pautas legales que regulen una conducta no causan que desaparezca la falta y la ausencia de integridad ética al cometerlo. Con mayor rigidez debemos juzgar a aquella persona que para su cargo se pide honorabilidad y pretenda escudarse en el derecho.

Hay un agravante cuando se descubre que quien ocupa el cargo de ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación cometió plagio. Uno de los requisitos para su nombramiento es una honorabilidad preceptuada en la Constitución. No es una condición meramente subjetiva cuando en la fracción IV del artículo 95 señala que hay delitos que lastiman seriamente la buena fama en el concepto público y no los limita a los que enlista y deja abierto a cualquiera que lo haga como impedimento para ser nombrado.

Para mayor inri, el Código de Ética del Poder Judicial Federal señala:

Si bien la ética se traduce en un comportamiento humano que se caracteriza en ser unilateral, inherente a la conciencia del sujeto y sólo imperativo para él, resulta vital para la sana convivencia dentro de una colectividad, y particularmente importante en la función judicial por la trascendencia social que adquiere, pues en este quehacer debe imperar en el juzgador un sentido ético que equilibre el poder que el Estado deposita en su persona, para que al conocer de los procedimientos emita sus resoluciones conforme a la técnica jurídica y los principios éticos, procurando ser justo desde el Derecho.

Al describir la cultura latinoamericana de incumplimiento de reglas, Mauricio García Villegas señala que mientras no se incremente la legitimidad política seguirá habiendo “rebeldes” que consideren que están por encima de cualquier autoridad y de cualquier norma, y que mientras no se castigue, los “vivos” seguirán creyendo que violentar el orden social les genera ventaja sobre los demás.

Para la Unesco, en su reporte de la ciencia, la ausencia de corrupción en las universidades resulta esencial en la formación de profesionales cualificados.

El plagio se combate a través de educar en todos los niveles acerca de cómo no cometerlo; también, vigilando y señalando las faltas cometidas. Dejando en las fuentes, pero señalando, como retractado, aquella publicación que no respete la autoría ajena.

Una de las consecuencias del juicio a los médicos en Núremberg fue la creación de la Asociación Médica Mundial, que actualizó el juramento hipocrático y expidió las pautas para la investigación con seres humanos. Ojalá los escándalos que suceden en México relacionados con el plagio sirvan de parteaguas en la forma de educar y de divulgar la ciencia en nuestro país.

Tengo claro que, legalmente, mientras no se revoque su título, éste es válido. También que mientras no se le remueva legalmente, estará en su cargo. Pero sobre todo lo anterior, tengo claro que su presencia en la Corte empaña cualquier esfuerzo a la búsqueda de la justicia en el país.

 

Bernardo García Camino
Doctor en Derecho y miembro del Colegio de Bioética A. C.

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Publicado en: Justicia social