Bioética y trasplantes: principios y disyuntivas

El trasplante de órganos es uno de los actos más grandes de bondad que pueden existir entre los seres humanos, así como una poderosa acción terapéutica que contribuye a prolongar y mejorar la calidad de vida de muchas personas en el mundo. Sin embargo, existen numerosas preocupaciones y dilemas en torno a la obtención de órganos, de donantes vivos, de cadáveres, de animales, o incluso creados en laboratorio, que vale la pena analizar desde una perspectiva bioética.

Una de las principales preocupaciones en este tema es el tráfico de órganos. Según la Organización Mundial de la Salud, el 10 % de los trasplantes en el mundo son ilegales. A nivel internacional este ilícito está contemplado en el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas y en la Declaración de Estambul, que enfatiza que el legado de los trasplantes debe ser una celebración del obsequio de la salud de una persona a otra y no las víctimas empobrecidas del tráfico de órganos y el turismo de trasplante. En México, el artículo 327 de la Ley General de Salud señala que “está prohibido el comercio de órganos, tejidos y células”. Sin embargo, sabemos que la extracción y venta ilegal de órganos es una realidad latente, especialmente en las regiones en donde hay mayores índices de pobreza y corrupción.

Respecto de lo anterior, parece necesario diferenciar distintas conductas que encuadran en la definición genérica de tráfico de órganos. Por un lado, el robo de órganos es una conducta ilegal e indefendible desde el punto de vista legal y ético. La venta de órganos propios, por otro lado, aparece como un tema abierto al debate, como un riesgo calculado que están dispuestas a correr algunas personas. Sin embargo, la enorme desigualdad económica entre individuos y países constriñe la voluntad de los menos favorecidos, inclinando la balanza hacia la imposibilidad ética de este supuesto.

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Ilustración: Pablo García

La realidad es que la demanda es mucho mayor que la oferta de órganos, lo que deja a miles de personas en lista de espera. Tan sólo en México existen más de 20 000 personas que esperan un órgano, de las cuales aproximadamente 16 500 requieren un riñón. Ante ello, es necesaria la distribución equitativa de los recursos y oportunidades. Los centros públicos de salud que realizan el mayor número de trasplantes a nivel nacional son el Centro Médico 20 de noviembre del ISSSTE y el Centro Médico Nacional de Occidente del IMSS, por lo que fortalcer las capacidades técnicas y materiales de las áreas encargadas en estas instituciones es fundamental.

Como base de análisis, puede observarse el aspecto ético de los trasplantes de órganos a partir de los siguientes principios de la bioética.

Autonomía: los pacientes que necesitan un trasplante de órganos deben tener la capacidad de tomar decisiones informadas sobre su tratamiento y participación en el proceso de trasplante. Al mismo tiempo, el donador debe actuar sin ningún tipo de coerción o incentivo perverso.

Beneficencia: los profesionales de la salud y los equipos de trasplante deben actuar en el mejor interés de los pacientes receptores y donadores. Revisar la idoneidad del órgano donado para asegurar que el trasplante sea beneficioso y dotar de los conocimientos necesarios a los pacientes para su adecuado cuidado.

No maleficencia: debemos minimizar los riesgos y complicaciones asociados con el procedimiento para todos los implicados.

Justicia: la asignación debe realizarse de manera imparcial, sin discriminación, y siguiendo criterios justos, como la gravedad de la enfermedad, el tiempo en la lista de espera y la compatibilidad, para garantizar que se asignen de manera equitativa.

Los avances médicos, científicos y tecnológicos, si bien otorgan nuevas posibilidades de tratamiento, crean a su vez nuevos cuestionamientos desde el punto de vista ético. Por ejemplo, el uso de órganos animales y aquellos producidos en laboratorio por biología sintética y 3D, deben seguir el principio de equidad y justicia distributiva.

También es importante no permitir que procedan propuestas utilitaristas e inhumanas. Por ejemplo, el candidato a la presidencia en Argentina, Javier Milei, propuso hace algunos meses que la venta de órganos se rija por el libre mercado. Asimismo, a inicios de 2023, en Massachussets, un par de legisladores demócratas propusieron las personas privadas de la libertad ofertaran sus órganos a cambio de reducción de penas. La mercantilización de todo —incluida la posible venta de órganos—, como epítome del capitalismo, no es ética per se, pues está invariablemente ligada a los sistemas de dominación y opresión.

Hace falta fortalecer la cultura de la donación y mejorar los sistemas para reducir la brecha entre la oferta y la demanda de órganos. Pero, sobre todo, la mayor prioridad es promover la prevención para evitar padecimientos que, cuando se desarrollan, dañan diferentes órganos llevando a que la última alternativa sea un trasplante.

 

Eunice Rendón
Doctora en políticas públicas por el Instituto de Estudios Políticos de París. Experta en migración y seguridad, coordinadora de la organización Agenda Migrante y miembro del Colegio de Bioética A. C.