Bioética y migración

La bioética encuentra su origen en la reflexión acerca de los valores humanos frente a algunos de los dilemas planteados por la investigación y la intervención sobre la vida, la salud y la supervivencia humana, especialmente sobre disyuntivas en la clínica y sobre el grado de autonomía de los pacientes. Sin embargo, el contexto de desigualdad, particularmente arraigado en la realidad latinoamericana, ha propiciado que el análisis bioético trascienda del enfoque individual anglosajón hacia una perspectiva comunitaria. Así, podemos distinguir a la bioética de situaciones emergentes, que se preocupa de las repercusiones del desarrollo científico y biotecnológico acelerado, de la bioética de las situaciones persistentes, como la marginación social, la pobreza, la discriminación y demás condiciones que tienen raíces estructurales.

Ilustración: Víctor Solís
Ilustración: Víctor Solís

Esta concepción de la bioética se centra en la naturaleza del hombre como ser social y se preocupa por el valor intrínseco de la vida en todas sus dimensiones, enfatizando la importancia de reelaborar un concepto de ética orientada a la búsqueda del bien común y la justicia social, necesaria en la manera de abordar el fenómeno migratorio.

Históricamente, la población migrante ha sido víctima de la violencia, el racismo, la xenofobia y la discriminación. Sin embargo, nos encontramos hoy frente a una crisis del Estado de derecho: tanto de los derechos humanos en los estados expulsores como en los de tránsito y acogida, que otorgan a las personas en movilidad un trato diferenciado e inferior al del resto de la población.

En las últimas décadas ha habido un deterioro progresivo en las condiciones de protección para los migrantes. Los Estados del norte global han optado por la securitización y militarización de sus fronteras ante el discurso que coloca a los migrantes como un peligro para la seguridad y bienestar de las poblaciones locales. Dicho enfoque influye negativamente en la percepción social de los migrantes e incide en las políticas públicas de los Estados, repercutiendo negativamente en los niveles de protección y el goce de los derechos humanos de los migrantes.

La narrativa que sostiene que existe una crisis migratoria parte de una construcción discursiva que resulta nociva. Ha llegado incluso a hablarse de una “invasión migrante” o una “amenaza migrante”, lo que promueve el miedo en la población y contribuye a un discurso de odio que fomenta el racismo y la xenofobia.

A pesar del desarrollo progresivo de los derechos humanos, en la práctica los Estados han implementado medidas regresivas en materia migratoria, como la externalización de las fronteras para los procesos migratorios, la reducción en las tasas de otorgamiento del refugio y el asilo, la legitimación de las detenciones migratorias y la suspensión de derechos con excusa de la emergencia sanitaria, como ocurrió con las políticas de Permanece en México, el Título 42 y las deportaciones expeditas implementadas por Estados Unidos con el apoyo de nuestro país. Asimismo, el estándar diferenciado de protección a migrantes de distintas nacionalidades pone en entredicho el carácter meramente humanitario de la protección.

La paradoja de la movilidad humana es que, en un mundo cada vez más globalizado, quienes se encuentran en un contexto de mayor vulnerabilidad y necesidad de abandonar su país de origen enfrentan mayores obstáculos para hacerlo, mientras que quienes gozan de una mejor situación y privilegios lo hacen fácilmente. Es urgente, por tanto, abordar el fenómeno migratorio desde un enfoque bioético, con justicia y equidad.

Debemos visibilizar la realidad de más de 300 millones de personas que radican en un lugar distinto al que nacieron, los aportes y los beneficios culturales, sociales y económicos que dejan tanto en los países de origen como en los de destino, al tiempo de promover la voluntad política, la colaboración multisector, la sensibilidad humana y el compromiso internacional para cambiar el enfoque de securitización que ha caracterizado el tema migratorio, a uno colaborativo de gestión migratoria, inteligente, productiva y humana.

 

Eunice Rendón
Doctora en políticas públicas por el Instituto de Estudios Políticos de París. Experta en migración y seguridad, coordinadora de la organización Agenda Migrante y miembro del Colegio de Bioética A. C.

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Publicado en: Justicia social