Como se verá enseguida, esta entrada de Bioética cotidiana se la dedicamos a su creador, incansable promotor y curador Arnoldo Samuel Kraus Weisman, mejor conocido como Arnoldo Kraus, cuyo segundo apellido, “hombre sabio”, resume su trayectoria vital.
Los actuales integrantes de la Mesa Directiva del Colegio de Bioética, A.C., en representación de todos sus miembros, queremos destacar en este texto la admiración y el cariño que sentimos por Arnoldo. Hemos pensado en exponer por separado lo que cada uno piensa y siente por él, aunque todos los textos tienen como hilo conductor el agradecimiento que le profesamos. Sentimiento que se extiende también a esta revista que desde hace 100 semanas nos ha brindado una hospitalidad cálida y generosa.

La casa de la bioética
Patricia Grether González
La bioética es un asunto de todos y su casa, nuestra casa, está cimentada en principios tales como: dignidad, autonomía, justicia, libertad, integridad. Ahí, hay espacio para la reflexión y deliberación necesarias sobre conflictos respecto a la supervivencia en el planeta, la vida social y familiar, y aterriza en el día a día de lo personal.
Esta entrada número 100 la dedica El Colegio de Bioética, A.C. a nuestro querido Arnoldo Kraus, quien al fundar y promover Bioética cotidiana ha abierto un nuevo espacio en la casa de la bioética para, como el propio Kraus señala, “fomentar y salvaguardar los principios básicos que hacen del ser humano un ser humano y de la Tierra no sólo una casa, sino una obligación futura”.
Arnoldo Kraus, pensador y filósofo mexicano, judío laico, médico, profesor y escritor, inquisitivo y propositivo, ha incursionado en muy diversos temas. Como médico ha privilegiado la relación médico paciente, ha contribuido de manera importante en los debates sobre el principio de la vida y sobre la muerte, el morir y el acompañar a morir, Arnoldo nos comenta: “Dignificando tu muerte, dignificas tu vida y dejas un mensaje amoroso a los que se quedan”.
Sus escritos muestran una cercanía con su pasado, su origen como descendiente de migrantes le lleva a entender la migración no sólo como un fenómeno social y económico, sino también como un asunto profundamente ético y humano. Además, respecto a la injusticia social, señala que “la bioética debe encontrar los caminos adecuados para mejorar las condiciones de vida de los pobres y de los muy pobres”.
Por otro lado, el judaísmo, constante en sus escritos, se ve reflejado en expresiones como ésta “Interrogar a la realidad debe ser un ejercicio sin fin. Lo inverso también sucede: la realidad pregunta” (La vida, un repaso. Ediciones Cal y Arena, 2023). Arnoldo pregunta, analiza, emite opiniones críticas sobre los acontecimientos actuales.
En su magnífica obra Bioética. Manifiesto por la tierra (Debate, 2022), Arnoldo Kraus menciona lo siguiente: “A los dueños de la tierra les importa su hoy: acumular votos e incrementar el poder es su meta. Desdeñan y menosprecian nuestro mañana, el de la sociedad y el de nuestro planeta”. Concluye: “Pensar en la bioética laica como una filosofía universal encaminada a proteger a la Tierra y a la humanidad de la avaricia de quienes mal usan el poder es necesario. La bioética es la filosofía de este siglo”.
Arnoldo Kraus Weisman, referente en el debate y la reflexión bioética, creador de este espacio de Bioética cotidiana, GRACIAS.
Arnoldo Kraus, el humanista
Pauline Capdevielle
Para evitar cualquier malentendido, quiero empezar aclarando que el humanismo al que aludo en este texto no es este concepto tergiversado, recuperado por proyectos políticos en búsqueda de legitimidad. Refiero, más bien, a la tradición humanista más pulcra, que recorre la historia del pensamiento filosófico occidental desde la Antigüedad hasta nuestros días, y que confía en la capacidad de los seres humanos de encontrar su dignidad y humanidad para transformar el mundo, individual y colectivamente. Pienso en una tradición que pone al humano en el centro de su reflexión, y que defiende la idea radical de que cada vida vale, y vale lo mismo. Tengo en mente un pensamiento caracterizado por su interés en la literatura, la historia, la retórica y la antropología, en definitiva, en todas las disciplinas que exploran las experiencias, valores y vicisitudes del humano, buscando respuestas acerca de su lugar y función en el mundo y en el curso de la historia. Una reflexión que valora la historicidad, la experiencia y la creatividad, más que una fe ciega en los métodos rígidos que nos alejan de la comprensión de lo contingente y nos impone categorías inamovibles (Velasco, 2009).
Sin lugar a duda, esta sensibilidad humanista recorre toda la obra de nuestro querido amigo Kraus. Un humanismo decididamente laico, pero no por ello aislado de la riqueza filosófica de las mejores tradiciones religiosas, ni mucho menos anticlerical. Es una apuesta en la capacidad de los seres humanos de encontrar sus propios cimientos éticos y morales, sin imposiciones dogmáticas ni trascendentales. Este compromiso laico se ha expresado, por ejemplo, en sus importantes contribuciones sobre la eutanasia, como elección que debe ser posible en un Estado secular que valora el pluralismo y la autonomía de los seres humanos para tomar decisiones, a partir de una postura ética de empatía y compasión hacia el sufrimiento. Su humanismo es científico también, comprometido con el método científico y la observación empírica, pero siempre al servicio del mejoramiento de la condición humana, con un énfasis particular en los más vulnerables. Así, para Arnoldo, la medicina no se agota en sus aspectos técnicos, sino que se entiende y se practica desde el diálogo y el acompañamiento del paciente en el marco de una constante y exigente reflexión ética en torno a las posibilidades y límites de la ciencia.
Como médico, Kraus ausculta, diagnostica, alivia y cuando es posible, cura los cuerpos humanos. Pero es también un filosófo y un profesor que piensa el cuerpo social, es decir, nuestro complejo sistema político, social, económico y cultural. Lo examina y lo cuestiona, identificando síntomas y examinando datos, buscando, mediante sus reflexiones siempre valientes y comprometidas, alertar sobre las múltiples enfermedades que padecen nuestras sociedades contemporáneas. Su defensa de lo humano por encima de los intereses económicos, la exigencia impostergable de justicia social, la responsabilidad ética hacia el medioambiente o la defensa de los derechos humanos —en particular, los de las mujeres y otros colectivos vulnerabilizados— son algunos de sus incansables luchas que nos hacen recordar que, sin lugar a dudas, la bioética es un humanismo. Por todo eso y más, gracias, querido amigo.
El Corazón de Kraus
Bernardo García Camino
Arnoldo Kraus amablemente nos propuso a sus compañeros del Colegio de Bioética, A.C. escribir en este blog para nexos. Con esta participación cumplimos 100 entradas. Como Mesa Directiva del Colegio de Bioética, A.C. queremos agradecer, en nombre de todos los que lo integramos, a nexos por permitirnos colaborar, a nuestro querido Arnoldo en su labor de coordinar esta gran iniciativa y a todos aquellos que acuden semanalmente a leernos.
La bioética es un diálogo interdisciplinario entre ciencia y ética, que trata de solucionar problemas, el cual debe trascender de lo teórico a la aplicación práctica, a la realidad de nuestra vida cotidiana. Tal vez muchos no nos percatemos de la relevancia de la ética, que como dijo Adela Cortina “es como el oxígeno, solo te acuerdas de ella cuando falta”.
Y en un momento muy especial, este centenario del blog se lo queremos dedicar a Arnoldo Kraus, el médico, el escritor, la persona, que en él es amigo, curioso, incansable, amable y cariñoso.
Kraus se apasiona con la bioética, al proponer esta participación, los integrantes del Colegio de Bioética, A.C. de inmediato comprendimos la necesidad de la divulgación, coloquial no sólo científica, y nos abocamos a hablar de los impactos en la vida cotidiana; Arnoldo nunca deja pasar una semana sin tener lista la colaboración de alguno; permanentemente nos retroalimenta de los comentarios internos de nexos respecto al blog, su crecimiento en lectores y su evolución, motivándonos a continuar.
Hablar de Kraus y de su obra escrita es imposible en la extensión que este espacio permite, Ángeles Mastretta lo resume magistralmente al comentar uno de sus libros:
Siempre es un regocijo leer a Arnoldo Kraus. Su extraordinario corazón y su prosa a la vez elocuente y sencilla nos enseñan a buscar en el mundo la ética de lo impredecible. Encontré (en este libro) la nitidez de una memoria llena de fascinación por los demás apareciendo como milagros de su vida. Anda por él un tesoro de hallazgos. Es un lujo acompañar su mundo. Alegra, emociona y otra vez nos reta con su valor y su inteligencia.
Arnoldo nunca escatima su cercanía y mucho menos su sapiencia, es generoso, ilustra, ha demostrado que su familia, sus amigos, su ciudad, su país, su mundo, lo necesitamos.
Mi biblioteca ‘Krausiana’
Luis Muñoz Fernández
Conocí a Arnoldo Kraus hace más o menos 35 años, cuando yo era médico residente en el entonces Instituto Nacional de la Nutrición Salvador Zubirán y él era médico adscrito del Departamento de Reumatología e Inmunología. En aquellos días usaba una barba tupida que a mí me hacía pensar en alguno de los profetas del Antiguo Testamento o en Juan el Bautista.
Como este, Arnoldo es “la voz que clama en el desierto” pero, a diferencia del primo del Nazareno, el desierto cuyas arenas barre Arnoldo con el vendaval de sus palabras es el de quienes parapetados tras el poder, se empecinan sin descanso en perjudicar al género humano.
Arnoldo es, ante todo, un médico dedicado con devoción a sus enfermos, a los que enseña y de los que aprende. Su pasión didáctica y terapéutica se extiende a la humanidad toda, por eso hace suyas aquellas palabras de Epicuro: “Vano es el conocimiento que no sirve para aliviar un dolor humano”. Su actitud ante el paciente es, por encima de todo, la de un médico que escucha.
Y él sabe que el dolor más profundo e inevitable, que se acompaña siempre del temor a lo desconocido, es el de la muerte. A ese tema ha dedicado muchos pensamientos sedimentados en los capítulos de algunos de sus libros: Una receta para no morir. Cartas a un joven médico (Alfaguara, 2005), Morir antes de morir. El tiempo Alzheimer (Universidad del Claustro de Sor Juana/Taurus, 2007), Cuando la muerte se aproxima (Alamadía, 2011), Decir adiós, decirse adiós (Mondadori, 2013), Recordar a los difuntos (Conaculta/Sexto Piso, 2015), Dolor de uno, dolor de todos (Debate, 2015), Quizás en otro lugar (Sexto Piso, 2016), La morada infinita (Debate, 2019), Suicidio (como coordinador. Debate 2021) y Adiós, Glinka (Sexto Piso Niños, 2023).
“Filosofar es aprender a morir”, decía Montaigne. Arnoldo nos enseña que, cuando pensamos y hablamos de la muerte, nos estamos refiriendo a la vida. De ahí su reiterada invitación a hacerlo como personas y como sociedad. Nos dice que si pensamos y hablamos de la muerte viviremos con mayor plenitud. Esa invitación va dirigida con especial insistencia a los médicos, que parecen haber olvidado que entre sus deberes y en ciertos casos —Arnoldo antepone siempre tratar caso por caso, sin generalizar— se encuentra el de posibilitar una muerte en paz.
En mi biblioteca, los libros de Arnoldo, juntos en un anaquel ad hoc, están siempre a la vista, listos para ofrecer consejo. Son mi biblioteca ‘Krausiana’. Nunca olvido el que tiene una dedicatoria suya a lápiz —Arnoldo, como Thoreau, vive un romance initerrumpido con los lápices—, en uno de sus libros donde cita las palabras del poeta judío andalusí del siglo XI Shlomo Gabriol:
En la búsqueda del conocimiento,
El primer paso es el silencio,
El segundo escuchar,
El tercero recordar,
El cuatro practicar,
Y el quinto,
Enseñar a otros.
Me parece que esos versos tan antiguos son un presagio de la forma de ser de Arnoldo.
Querido Arnoldo: desde aquí te damos las gracias por tu inquebrantable amistad, por tus enseñanzas, por tus innumerables aportaciones a la bioética y por conducirnos en este proyecto que hoy cumple la entrega número cien: Bioética cotidiana, blog de nexos.
Patricia Grether González
Médico genetista. Es directora del laboratorio Genética Diagen S.C. y miembro del Colegio de Bioética A. C.
Pauline Capdevielle
Investigadora en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Miembro del SNI, nivel I, y del Colegio de Bioética A. C.
Bernardo García Camino
Doctor en Derecho, miembro del Colegio de Bioética A. C.
Luis Muñoz Fernández
Médico cirujano especialista en anatomía patológica. Miembro del Colegio de Bioética, A.C.
Conozco a Arnoldo Kraus desde hace 45 años en que coincidimos para hacer el examen de ingreso a los cursos de especialidad en ‘Nutrición’. Desde entonces reconozco su capacidad intelectual, su sensibilidad escribana y, sobretodo, su gran sentido humano. De él supe de la importancia del otro, en el sentido de Levinas; del ser humano que es la contraparte más importante del quehacer médico: el paciente.
Decenas de libros y miles de ensayos publicados cotidianamente en los diarios y revistas más importantes de nuestro país demuestran que no me equivoqué en estar cerca de él. De sus escritos he aprendido muchas cosas pero, sobretodo, la importancia de evitar la indiferencia ante el mal. Él dice que la bioética es la filosofía del siglo XXI y coincido totalmente; pero sobretodo es la lucha cotidiana en contra de la caída al abismo de la indiferencia ante el mal. Me recuerda mucho al Rabino Abraham Joshua Heschel, quien acompañó a Martin Luther King en sus marchas por los derechos civiles y escribió que “…la indiferencia ante el mal es más insidiosa que el mal en sí mismo; es más universal, más contagiosa, más peligrosa”. Arnoldo ha magnificado ese mensaje con creces; ¡gracias!
Ahora el blog Bioética Cotidiana, que Kraus creo en Nexos, llega a 100 contribuciones bajo su supervisión. Enhorabuena para este buen hombre. ¡Felicidades! En el escrito inicial del blog, Arnoldo establece cuatro puntos de la bioética actual que más nos vale re-leer (resumo): 1) es una ciencia viva imprescindible donde justicia, alteridad, tolerancia, dignidad, libertad y autonomía son pilares; 2) debe mitigar el deterioro de la Tierra; 3) hacer del humano y de la Tierra una obligación futura y, 4)mejorar las condiciones de los pobres y los muy pobres.
Retomo el comentario que hice entonces a esa primera contribución y que actualizo cien después. No deja uno de estremecerse ante la lectura de la lista de dilemas que expone Arnoldo. Sí, pueden llevar a un pesimismo; pero la bioética funciona como asidero que nos permite ser pesimistas activos: buscar la transformación cotidiana. La lista de Kraus resulta de acciones hechas por nosotros como especie y somos precisamente nosotros los responsables de cambiar las cosas. Solo de nuestra actividad vendrá el cambio aún y cuando sea paulatino; poco a poco. Como también decía Becket: falla, falla otra vez, falla mejor. Todos los días, cotidianamente, bioética cotidiana.
Excelente idea de la Mesa Directiva del Colegio de Bioética dedicar esta entrada del blog a su creador. Gracias a Nexos y a Arnoldo Kraus por este espacio de discusión. Discusión que debemos entablar.
Termino parafraseando a Heschel e interpretando a Kraus, “no todos tenemos la respuesta, pero todos tenemos la responsabilidad”.
Mi muy querido Patricio:
Se dice, «me conmovió hasta el tuétano». Eso me sucedió al leerte y eso vivo mientras releo tu cometario, y, perdón, nunca he sido salamero, tu escritura diáfana, tu sapiencia, y tu humildad apabullan. Estoy muy conmovido y agradecido.
Te hablo. Tu escrito merece muchos mezcales y no pocos abrazos.
Gracias es una palabra: Gracias, Patricio
Tu amigo,
Arnoldo