Las extremidades de la anciana pendían del techo, sólo su tronco se asentaba en la cama, mientras la cabeza colgaba hacia atrás, como si estuviera muerta. Pero estaba muerta: los sofisticados aparatos a su alrededor se encargaban de mantenerla “viva”, si a eso se le puede llamar vida. Yo había acudido a ver a mi propia madre, que recién había ingresado a terapia intensiva. Me dio terror pensar que mi madre o yo misma, pudiéramos terminar ahí, y así. Pero mamá estaba bien y contenta, como siempre. Al salir, volví a ver a la anciana inmóvil. Las enfermeras entraban y salían para limpiarla como quien limpia un objeto inerte. Una punzada de dolor me hizo apartar la vista y recordar aquel escrito sobre la eutanasia que aseguraba que entre el 80 y el 90% de los españoles morirían en terapia intensiva. Me pregunté cuál será el porcentaje para nuestro país: ¿moriría mi madre en terapia intensiva?
Antes de conceptualizar en torno a la historia que acabo de narrar, debo decir que estoy orgullosa de vivir este momento en mi país: la 4T cambió el sistema sin usar una sola bala. Pero eso no me hace acrítica: la 4T tiene una asignatura pendiente con la sociedad: somos muchos los que hemos acudido a las Cámaras de Diputados y Senadores para pedir que se legisle la eutanasia, para explicar su necesidad a través de cursos, conferencias y demás. De modo que expondré cuáles son las razones de esa cuenta pendiente, con la esperanza de ser escuchada.

Los aparatos y sustancias farmacológicas para mantener en condiciones deplorables a un paciente, van in crescendo. Con todo, existen quienes, debido a sus creencias religiosas, encuentran dignidad en el dolor y por ello consideran que merece ser vivido, es más: mientras más dolor y más sufrimiento, mejor, pues mayor será su compensación en la vida después de la muerte. Esas personas están en absoluta libertad de morir con todo el dolor que consideren necesario. Pero también existimos otras personas que pensamos diferente y cada vez somos más. Somos quienes no encontramos nada digno en morir en medio del dolor, mientras nuestros seres amados sufren por nuestra situación. Somos quienes, ante la perspectiva de una prolongada agonía, deseamos optar por la eutanasia. Esas personas también deberíamos contar con la absoluta libertad de morir sin dolor y sin sufrimiento de más para nuestros seres queridos.
También son cada vez más los países que han creado un marco legal que permita el ejercicio de la eutanasia de manera libre y opcional. La eutanasia se define como “el acto médico, llevado a cabo a petición expresa del paciente desahuciado que ha elegido no vivir una agonía prolongada en medio de dolor o sufrimiento”. Es verdad que esta definición deja fuera a aquellas personas que no pueden ya expresar su voluntad; para eso se ha creado la voluntad anticipada. Pero el problema que vivimos en nuestro país es que, aunque dejemos escrito en nuestra voluntad anticipada que, ante una prolongada agonía deseamos que se nos aplique la eutanasia, no se nos puede aplicar, porque la eutanasia no está legislada en México: está simplemente prohibida.
¿Por qué existe esta prohibición? Podríamos pensar que se debe a un alto costo económico, pero no: no existe un costo elevado para la aplicación de la eutanasia; de hecho es más costoso mantener pacientes de manera artificial. Podríamos entonces pensar que se debe a que no habría personal que la aplicara, pero tampoco es así: son muchos los médicos y enfermeras que estarían dispuestos a hacerlo y que lo hacen, arriesgando con ello su carrera.
La eutanasia está prohibida en México básicamente por la influencia de creencias religiosas: porque algunos creen que existe un ser superior que les debe, en su momento, quitar la vida. Estas personas tienen todo el derecho de seguir sus creencias: ¡lo que es absurdo es que tengamos que seguirlas todas y todos, cuando vivimos en un Estado laico!
México es, en teoría, un Estado laico. Solemos estar orgullosas de Juárez, de la Reforma, del laicismo de nuestro país, pero es fácil sentirse orgullosa de algo y no actuar en consecuencia. ¿Qué valor puede tener ese orgullo cuando a la hora de legislar permitimos a la religión tomar el mando? Las creencias personales están bien para la vida personal: pero no podemos imponer creencias personales al resto de la comunidad: es una aberración, una blasfemia al laicismo.
La eutanasia es un reclamo legítimo y es la cuenta pendiente que el Estado laico tiene para con la ciudadanía.
Aquel día en terapia intensiva mi madre tuvo un derrame cerebral masivo. Entramos a verla y, por supuesto, pedimos que la desconectaran. La respuesta fue muy sencilla: una vez conectada, no la podemos desconectar: también eso está prohibido. Pedimos que la llevaran al cuarto para estar con ella. La respuesta fue igualmente, muy sencilla: una paciente conectada no puede ir a su cuarto. Esto es: una paciente conectada está condenada a morir lentamente en terapia intensiva. Afortunadamente no fue el caso de mi madre: le dije a los médicos que yo misma la desconectaría. “Ella no va a tener una agonía prolongada y para ello yo estoy dispuesta a ir a la cárcel, pero sobre su conciencia pesará mi vida en prisión”. Al poco rato nos llamaron para decirnos que estaba por morir; que no estaba sufriendo y que, aunque no podían desconectarla, le retirarían las tres sustancias farmacológicas que obligaban a su cuerpo a continuar viviendo. No era exactamente lo que queríamos, pero algo se logró: Mamá se fue en paz rodeada por sus hijos. De salida volví a ver a la anciana que no tuvo la misma suerte que mi madre y continuaba colgada con la cabeza hacia atrás: no sé cuánto tiempo más vivió así. ¿Vivió así? No. No sé cuánto tiempo más murió así. La agonía de esa mujer fue prolongada de manera absurda: no tuvo la misma suerte que tuvo mi madre.
¿Qué es lo que debemos hacer? Sócrates consideró que, de no estar de acuerdo con una ley, habría que luchar por cambiarla a través del diálogo: lo hemos hecho, pero no lo hemos logrado.
¿Hasta cuándo solamente los privilegiados vamos a tener acceso a la eutanasia?
Paulina Rivero Weber
Profesora titular de la Facultad de Filosofía y Letras en la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C.
Juan Pablo II ya habló de la eutanasia pasiav, es decir del derecho de los pacientes a rechazar tratamientos que no curan sino sólo prolongan la agonía, teniendo acceso sólo a tratamiento paliativos para controlar el dolor.
Debe legislarse muy bien la eutanasia para evitar que sirva para encubrir asesinatos.
También debe evitarse que los pacientes recurran a la eutanasia por presiones de familiares y «amigos», que le hagan la vida imposible.
También debe evitarse que se aplique a personas jóvenes que sólo sufren de depresión clínica.
En efecto, sale más barato la eutanasia que el tratamiento médico, Por eso las compañias de seguros presionan a los pacientes a recurrir a la eutanasia, o sólo les aprueban la eutanasia y no otros tratamientos que pudieran salvarles la vida.
Gracias por su comentario. Me parece difícil pensar que en México Se pueda presionar al paciente para optar por la eutanasia, cuando está prohibida. Los pocos médicos que ayudan de hecho se arriesgan a hacerlo. Creo que lo que hace falta es un buen marco legal para que ésta pueda ser aplicada a petición del paciente.
No se puede combatir el sufrimiento eliminando al que sufre, o podríamos terminar igual que la Alemania de 1933.
Antonio: la Alemania nazi prendía acabar con todos los que no tuviesen atributos arios: judíos, homosexuales, gitanos, Testigos de Jehová, personas con malformaciones, orejones y un largo etcétera. La eutaanasia busca humanizar la muerte, esa es su meta.
Saludos,
Arnoldo Kraus
Me parece muy importante no confundir la eutanasia con la exterminación y el racismo propio de la Alemania de 1933. Como lo ha indicado el doctor Arnoldo Kraus, se trata de dos cuestiones que de ninguna manera debemos relacionar, porque serían motivo de mucha confusión.
Hoy definimos la eutanasia como el acto médico, llevado a cabo a petición expresa del paciente, que ya no quiere vivir una agonía prolongada. Insisto: a petición expresa del paciente, que pide ayuda para morir.
El poder judicial está en caos en estos momentos, No creo que puedan omar decisiones adecuadas.
La mala praxis médica se da a pesar de las leyes. Se sigue aplicando la esterilización forzada a mujeres indígenas y a las mujeres en labor de parto se les aplica la cesárea por ser más fácil para las instituciones medicas. ¿Cómo podemos estar seguros de que los geriátricos y las unidades oncológicas no se transformen en campos de exterminio?
Si ya de por sí, la población desconfía de los institutos de salud públicos porque ahí el porcentaje de muertes es mayor que en los hospitales privados. La pandemia empeoró las cosas, pues no se daba información a la población sobre el estado de sus familiares, y los llevaban con gripa en la mañana para que se lo entregaran cremados en la tarde.
Antonio, gracias por su comentario. Es importante destacar que lo que sucedió en Alemania no tiene nada que ver con lo que es la eutanasia. La eutanasia, insisto, es el acto médico, llevado a cabo a petición expresa de un paciente que ya no desea sufrir una agonía prolongada.
Leí su propuesta y me pareció muy honesta y sobre todo compasiva. Trabajo desde hace 35 años en la unidad de medicina paliativa en un hospital público y en la parte privada. Desde entonces, nos han pedido que practiquemos la eutanasia. Nos las piden abogados, diputados, locutores, pero no los pacientes, más bien los familiares. Sería deseable antes, fortalecer la atención paliativa a través de una red nacional de cuidados paliativos en primero, segundo y tercer nivel. La eutanasia no es barata. Y solo 18 Máximo 20 estados cuentan con voluntad anticipada, diferente y en otros casos con costo, cuando debería ser gratuita. La eutanasia no es un acto médico. Orgullosamente vote por la 4T en mi estado. Sin un presupuesto para la atención paliativa y el alivio del dolor asignado a esta materia en nuestro país, no pienso que seamos más avanzados legalizando la eutanasia. Posterior a la pandemia, se cerraron más de 120 espacios para la atención paliativa. No hay plazas de Paliativistas en el país. Hay una sola universidad que cuenta con cédula de formación oficial y los más de 100 egresados no tienen una plaza en los hospitales porque tampoco aparece en el
Organigrama. Los opioides como fármaco esencial de la OMS, tampoco está disponible en los hospitales de zonas urbanas y no existe desde hace más de 10 años en la rurales. En Mexico se muere mal, según estudios sobre indice de calidad de muerte realizado a más de 100 países, nuestro país semeja en términos de atención, recursos, disponibilidad de opioides, políticas públicas, empoderamiento de la sociedad, entre otros , como se muere en Uganda. La asignatura pendiente de la 4 T en materia de eutanasia, es que escuche a los médicos Paliativistas y esencialmente a la sociedad. Tampoco existe para nuestra desortuna una ley sobre HOSPICE, lugares para poder ser atendidos hasta la muerte con y por personal sensible y capacitado. Cuidar y cuidar hasta el final, es mejor y con el apoyo de ustedes sería lo mejor para que los niños prematuros, demenciados, los enfermos renales avanzados, los cardiológicos sin posibilidad de transplante, los ancianos con demencia sean atendidos cuidados no aniquilados. Ojalá nos escuchen. Yo le apostaría por desarrollar mejor, ciudades compasivas.